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El mercado de la carne: yo te doy y tú me lo devuelves (en especie)

Comparto una serie de historias que me impresionaron cuando las leí en unas notas traspapeladas que tenía en archivos antiguos. No se me ocurre otra forma más apropiada para titular esta entrada que hacerlo con el título de ‘mercado de la carne‘. Léelo y ya me dices.

Una parte de la población guanche sometida a finales del siglo XV en Canarias acabó convirtiéndose en esclava para saldar las deudas contraídas por ciertos señores promotores de la misma conquista.

Alonso de Lugo, adelantado de las Islas, por ejemplo, pagó sus deudas a Enrique Guzmán, duque de Medina Sidonia; al mercader genovés Mateo Viña; al clérigo Angelate y a los comerciantes Guillermo de Blanco y Palomar, que le habían adelantado recursos, en especie con gente de la tierra.

Los pagos incluían por igual a animales de granja y a seres humanos sin importar su condición. Ésto es, si se habían rendido sin oponer resistencia o si el mismo Lugo les había prometido que no los sometería.

A Angelate y Blanco, les entregó como pago setenta esclavos y 1.500 cabezas de ganado; a Mateo Viña, 35 cautivos; y a Palomar ochenta.

Lugo pagó incluso con esclavos a quienes habían hecho de intermediarios en la operación como cierto hidalgo que concertó “la venida de gente del duque de Medina Sidonia”, como dice el texto original que da fe de la transacción.

La lista no es corta, pero llama la atención el dato de un mencey de Tenerife que se regala al rey Fernando de Aragón, que, éste, a su vez, entrega como premio al embajador de Venecia en la Corte. Según el erudito canario del siglo XVIII, Viera y Clavijo, este guanche regalado era el rey Bencomo.

Las transacciones no acabaron en las Islas, los esclavos nativos canarios fueron vendidos en territorio peninsular español sin que tuvieran la oportunidad de regresar a la tierra que los vio nacer.

Prueba de los pocos escrúpulos y de los bajos instintos que dominaban las acciones de rapacería de los capitanes de armas de la conquista de Canarias es un hecho revelador. El mismo Alonso de Lugo empeña a sus dos hijos -Pedro y Fernán- para que les diesen por ellos provisiones con las que concluir la conquista de Tenerife.

¿Qué te parece todo ésto?

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