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Piratería en Canarias: la larga vuelta a casa

Cientos de canarios fueron abducidos a lo largo de la historia de las Islas, mucho antes de que los relatos de avistamientos de ovnis pusieran de moda los secuestros alienígenas. A los canarios, se los llevaron capturados piratas y gentes de fortuna que desembarcaban en las islas buscando riquezas. De la mayoría de estos isleños azotados por la piratería en Canarias, nunca se volvió a saber nada. Unos pocos, muy pocos, tuvieron la suerte de regresar por sus propios medios después de mil vicisitudes. Para ellos, fue una larga vuelta a casa.

Un aspecto curioso y poco conocido del pasado histórico de Canarias es la serie de vicisitudes que conocieron en sus propias carnes los isleños que se vieron involucrados en las guerras, refriegas y actos piráticos de su tiempo.

Campesinos, artesanos o pescadores que, sin tener parte, sufrieron violencia, la soledad, el abandono y hasta la pérdida de sus raíces por motivos ajenos a su voluntad y a su mundo, tras ser apresados por piratas o enemigos en las innumerables guerras que asolaron España siglos atrás. La piratería en Canarias afectó terriblemente al comercio en las Islas Canarias durante los siglos XVI y XVII.

Se sabe, por ejemplo, que, a principios del siglo XVII, había en el norte de África medio centenar de canarios capturados de los que apenas se sabía algo. En ocasiones, las pocas referencias que daban de ellos provenían de quienes volvían por su cuenta y por sus propios medios del cautiverio.

La pregunta que podemos hacernos es cuál fue la suerte de esta gente inocente. La historia no se ha ocupado de narrar sus peripecias personales en un mundo muy diferente al nuestro en el que las culturas permanecían herméticas e incomunicadas unas con otras como mundos separados. En las que los medios de transporte no eran otros que los que proporcionaban la fuerza de los animales, la del viento para los barcos, y la propia, el esfuerzo para caminar.

Se sabe de las peripecias de Cervantes y de otros que fueron rescatados de las cárceles de Argel por órdenes religiosas dedicadas a esa causa. Pero nada se sabe, por ejemplo, del puñado de grancanarios apresados por Pieter Van Der Does en el verano de 1599 cuando atacó Las Palmas de Gran Canaria con una gran flota holandesa.

O lo que pasó con lanzaroteños, palmeros y tantos otros isleños que fueron capturados por los piratas en su misma tierra, en unos casos para tener información -por la fuerza- de los estados de las islas, de las fuerzas y de los medios disponibles para las defensas, de los caminos utilizables, de los lugares donde tomar provisiones o agua o de la localización de propiedades, de personas distinguidas y de riquezas transportables a los barcos como botín.

Puedes leer una entrada anterior sobre piratería en Canarias y sobre una ruta de los castillos de Lanzarote que te ayudará a saber más del tema.

Y para redondear el tema, para disfrutar precisamente de una estancia para recordar siempre en la isla de Lanzarote, aquí tienes una selección de alojamientos en la isla de Lanzarote. Clica en el enlace anterior y verás.

Sir Francis Drake, pirata inglés para los canarios.

Sir Francis Drake, pirata inglés para los canarios.

Cinco hombres moros

La historia de cada caso no debió ser muy diferente de la que pudo contar un grupo de ‘cinco hombres moros’, según se califica en la crónica que cuenta su relato. Esa historia habla de cinco hombres que llegaron a la costa de Lanzarote en marzo de 1610. Venían de Agadir, en Marruecos, y los había dejado en la costa del Rubicón un barco británico.

El grupo había pactado con el capitán inglés que le pagarían muy bien si les retornaba a tierras cristianas. El grupo lo formaban cuatro portugueses y un morisco español, cuyas edades oscilaban entre los 32 años ¡y los 80 años!

Tres de ellos habían sido capturados en la Batalla de Alcazarquivir (agosto de 1578) nada menos que tres décadas atrás. Pero su aventura no terminó después del desembarco en Lanzarote y con un regreso a sus hogares, porque aún debieron demostrar que seguían siendo cristianos.

Para saber que habían renegado de la fe de Mahoma, que se vieron obligados a profesar para poder sobrevivir, el Tribunal de la Inquisición hizo presentarse a algunos testigos, cinco en total, que vivían en Fuerteventura y Lanzarote en esos momentos y que habían permanecido cautivos en Berbería, en algunos casos por espacio de 23 años.

Su historia es una de tantas vividas en una tierra de frontera como lo era Canarias en aquellos tiempos. Para aquel grupo, todo acabó bien. La suya fue, sin embargo, una larga vuelta a casa.

Cautivos en Berbería.

Cautivos en Berbería.

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