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Guía de los molinos de viento de La Palma: gofio a toda vela

Los molinos de viento de la isla de La Palma son parte de la identidad de su campo. Auténticos iconos de madera que aún dejan ver sus perfiles en pueblos y pagos por toda la isla, pero también son testimonios de duros trabajos en tiempos de supervivencia. Esta es la guía de los molinos de viento de La Palma, que giraban al viento en un tiempo en el que el gofio iba a toda vela.

Las características del entorno insular han condicionado históricamente la vida de las gentes de las Islas Canarias, y, por extensión, el desarrollo económico y social del Archipiélago. Sin embargo, es en el campo donde las limitaciones han sido más evidentes. El campesino canario aprovechó bosques y canalizó el agua en muchas ocasiones hasta los límites, como sacó rendimiento del aire, al viento como molinos con los que triturar el grano.

A veces, las soluciones técnicas empleadas para acabar con las restricciones del medio no sólo eran eficaces, sino originales. Este es el caso de los molinos de viento de la isla de La Palma, únicos en Canarias por sus aspas, primero de lona y luego de madera. Durante mucho tiempo, estos ingenios molieron, literalmente, a toda vela.

Los primeros molinos de viento palmeros ya existían, al menos, a finales del siglo XVIII. Una carta militar de Santa Cruz de La Palma fechada en 1780 ya dibuja ocho molinos de viento no lejos de la ciudad, en las laderas situadas tras la capital, fuera de las murallas. Hoy sólo restan en pie menos de una quincena de aquellos ingenios -que llegaron a ser muy populares en la isla de La Palma.

Algunos, muy ocasionalmente, muelen grano -como el de Santo Domingo en Garafía– pero un buen número apenas conserva la casa, cuando no simplemente la torre sin los largueros completos de las aspas.

La solución adoptada para los molinos palmeros es una concepción exclusiva de la isla. Su estructura, totalmente de madera, no acababa en las aspas o la torre, porque hasta los engranajes, las tuercas y los tornillos eran del mismo material. Las aspas de lona, que no eran más que velas cortadas, incluso del tamaño de las latinas, pervivieron hasta finales del siglo XIX, cuando fueron sustituidas por aspas pequeñas de madera.

Las lonas triangulares eran unidas por las puntas en los extremos del aspa, si había poco viento, o a lo largo de los largueros, si era fuerte y constante, hasta formar un gran circulo de tela. Cuando se adoptaron las palas de madera, el sistema para aprovechar la intensidad del aire apenas cambió. Las aspas se colocaban en los extremos o en todo el larguero según las necesidades, llegando incluso a quitarlas si el tiempo lo aconsejaba.

La sustitución de las velas se debió en gran medida a las continuas roturas y desgarros de las telas y porque, a la larga, significaba un sobrecoste, ya que era preciso contratar pescadores para la labor del remendado. El molino de viento palmero, a diferencia del de Fuerteventura o Tenerife, de cuatro aspas o de otros de más brazos, que estuvieron desperdigados por las Islas Canarias, siempre tuvo más de ocho aspas, frecuentemente 12, aunque tampoco faltaron los que llevaron 16.

De 12 aspas es el que aparece en una de las primeras fotos tomadas en la isla de La Palma en 1866. La instantánea fue recogida por el propietario del primer taller fotográfico establecido en Santa Cruz un año antes.

Molino de viento de Llano Negro, en el municipio de Garafía.

Molino de viento de Llano Negro, en Garafía.

Detalles originales

Además de la originalidad de la estructura y de la concepción, los molinos de viento incluían algunos mecanismos y detalles tan curiosos como prácticos. A diferencia de los otros modelos, el molino de viento palmero, mucho más pesado, no tenía asociada una veleta al eje de rotación de las aspas que lo orientara automáticamente.

En él, un eje de la veleta bajaba hasta el salón del molino indicando al molinero, en grados, el curso del aire. Ello evitaba que el operario tuviera que salir fuera para comprobar el aire cada vez que la rotación de la piedra de moler perdía velocidad. El camio de orientación se hacía también desde la casa del molino.

La tolva, la caja que contenía el grano, solía tener un cristal graduado para que el operario controlara su caída. Una caída cuyo movimiento era imprimido por el mismo árbol que rotaba por efecto del giro de las aspas.

Uno de los principales problemas de los molinos era el ocasionado, no sin cierta paradoja, por el viento. No el viento constante y suave, sino el racheado e intenso que sopla en La Palma en determinadas épocas del año. La corriente del aire no sólo podía destruir los largueros de las aspas, sino afectar al conjunto de los engranajes del cubo del molino.

Más si cabe cuando toda la estructura era de madera de pino. Por ello, era frecuente que se practicara una oquedad en uno de los muros de las casas para alojar una litera. En ellas, solía descansar a ratos el operario que no perdía de vista ni la maquinaria y su velocidad, ni la orientación del aire.

Para los molineros que trabajaban en los molinos de viento de La Palma, los días no eran ningún regalo. Había muchas horas de tedio. No se trabajaba cuando desaparecía el viento o había poco, ni cuando faltaba el grano, pero tampoco se podía se podía abandonar el molino o distraerse mucho tiempo de la aguja de orientación y del freno.

Apenas se podía entregar a otras actividades, como sus compañeros de los molinos de agua, que solían compatibilizar el trabajo de molienda con la agricultura en terrenos propios. Una historia curiosa puede ilustrar sobre las largas horas de desocupación de estos trabajadores. Domingo Castilla, operario del molino de La Loma de San Sebastián de La Gomera, ganó fama en la Villa a principios del siglo XX por su habilidad para a animales, sobre todo a ratones. Castilla los cogía del propio molino y gastaba sus horas tanto en adiestrar a los ratones como en cuidar su jardín.

Razones en el aire

La implantación y difusión de los molinos de viento en La Palma y, en general, en todo el Archipiélago canario, habría sido imposible sin la existencia de los vientos alisios. El origen de estas corrientes de aire constantes se encuentran en el anticiclón de las Azores, casi estático durante la mitad del año entre el norte de Canarias y el sur de las islas portuguesas. Canarias se encuentra así justo en el seno del alisio, recibiendo sus corrientes entre un 90% y un 95% de los días del verano y, por encima del 50% en el invierno.

Aun en otoño y primavera, se registran valores nada despreciables. Pero el alisio es todavía más constante. En La Palma, más de la mitad de las corrientes de aire se circunscriben a un sector concreto, el comprendido entre el nornoroeste y el este-noreste. Sin embargo, son habituales las ráfagas de viento que varían entre los 30 y los 60 kilómetros por hora. Todas estas circunstancias convierten a los molineros palmeros en auténticos meteorólogos, pasando el saber popular de sus observaciones.

Algunas tan concretas como que, a mitad de la mañana y de la tarde, los vientos se doblan en intensidad o que durante la época estival, las corrientes de aire son más constantes.

La saga de los Ortega

Prácticamente desde 1865 hasta la década de 1920, los molinos de viento de La Palma podían asociarse a un solo apellido, el de Ortega de Mazo. Durante todo ese tiempo, Isidoro Ortega y, posteriormente su hijo Pedro Ortega Yanes, construyeron una buena parte de los molinos de viento de la época. Más de una veintena.

Padre e hijo levantaron sus molinos, además de en La Palma. en El Hierro, La Gomera y Fuerteventura. En Tenerife, sólo se conserva, aunque reconvertida, la Molineta de La Estrella de Oro (anterior a 1910). Es el último de estos aparatos del conocido Llano de los Molinos de La Laguna. Otras molinetas de los Ortega, como los de Punta del Hidalgo, Tejina y La Cuesta (de velas), fueron derribadas hace décadas.

Pero la contribución de ambos no se refiere al número, sino a la capacidad de inventiva que fueron capaces de aplicar a su trabajo, sobre todo del padre. Una publicación de la Sociedad Económica de Amigos del País de Santa Cruz de La Palma (julio de 1868) habla de los aparatos que se montaban en esos años como ‘del sistema Ortega’, haciendo referencia a las innovaciones que introdujo el constructor.

Entre otras cosas se decía: “Molino harinero, Sistema Ortega. D. Isidoro Ortega, natural de Santa Cruz de La Palma, acaba de construir unos molinos harineros impulsados por el viento, que siendo invención del señor Ortega, llevan sobre los fabricados hasta ahora entre nosotros la ventaja de moler casi doble cantidad de grano con igual fuerza motriz o el mismo viento”.

Isidoro fue un autodidacta. Un un hombre cuyo conocimiento fue siempre intuitivo. Él mismo se procuró sus lecturas, una buena biblioteca de libros franceses de tecnología aplicada. El constructor, entre otras cosas. dotó a sus molinos de una curiosa campana de aviso que saltaba sobre la piedra de moler cuando se había terminado el grano de la tolva y, con él, se comenzaron a sustituir las velas

de lona por las aspas de madera. Curiosamente lo que fue su trabajo y su vida, el molino de viento, también fue su desgracia. Isidoro Ortega murió en marzo de 1913 en San Sebastián de La Gomera mientras instalaba la piedra del molino de La Lomada, como consecuencia de una herida en la pierna que gangrenó. Un molino que aún se conserva muy cerca del Parador de Turismo de La Gomera.

Todos los molinos de viento de La Palma

De todos los molinos de viento que se levantaron en La Palma, hoy quedan en pie las viejas estructuras o los restos de docenas de ellos. Estas son algunas de sus características y su localización:

  • Breña Alta. A pocos metros de la salida del túnel que conduce a Santa Cruz de La Palma, se levanta una molineta de aspas de madera muy reconstruida. Hoy sólo sirve como decoración en el cruce.
  • Breña Baja. Uno en el viejo cuartel de infantería. Muy modificado. Fue trasladado de su emplazamiento original y reconstruido. Sus palas son de madera. Otro en Cuatro Caminos (a menos de 150 metros del cruce). Los soportes de las aspas han desaparecido, aunque la torre y el cubo presenta un buen estado.
  • Garafía. En el Llano Negro, se levanta un molino de viento con su casa bien conservada y sus largueros al completo. Existen dos más en Santo Domingo, uno en el camino de El Calvario, orientado al noreste, y otro en el casco, ambos en buen estado. El de Santo Domingo, inaugurado el 30 de noviembre de 1900, según reza en uno de sus muros, está en condiciones de moler. Este molino se encontraba con anterioridad por debajo del templo parroquial junto al barranco. Su propietario, Marcelino Pedrianes, lo compró en 1923. El otro, el del barranco de Buracas, apenas si quedan sus ruinas.
  • Mazo. Molino Pérez Guerra. Situado debajo de Tirimagada. Otro, El Molino, en el camino de Hoyo de Mazo es un centro artesano.
  • El Paso. Uno abandonado y deteriorado.
  • Puntagorda. Molino de Fagundo. Antes de llegar al casco, un cartel marca el desvío hasta la cuesta donde se encuentra ubicado. Sólo le falta un larguero. Todavía se aprecian los agujeros que fijaban las palas.
  • Puntallana. En Santa Lucia. Bajo una curva, en el kilómetro 10 de la carretera del norte. Sólo conserva dos largueros para las aspas y la torre de madera.
  • Tijarafe. Al contrario que los demás, este molino tenía el armazón de las aspas al descubierto.

Mapa de los molinos de viento de La Palma

Guía práctica

Cómo ir

Rutas de los molinos de viento de La Palma

Dos rutas permiten acercarse en coche y por carreteras generales a los molinos de viento de La Palma más interesantes:

  • Ruta 1. Santa Cruz de La PalmaPuntagorda. 81 kilómetros. Un trayecto que describe un gran arco por el norte de la isla de La Palma y que permite conocer, por orden, los molinos de viento palmeros de Santa Lucía (Puntallana), Llano Negro, de Santo Domingo y del Camino de El Calvario (Garafía) y el molino de Fagundo (Puntagorda).
  • Ruta 2. Santa Cruz de La PalmaTirimagada. 26 kilómetros. La carretera sigue hacia el sur en dirección a Mazo. Por el camino, se suceden la molineta de Breña Alta, los del Cuartel y Cuatro Caminos (Breña Baja) y los del Taller de Cerámica de Tirimagada.

Qué ver también en La Palma

  • Molinos de Bellido. En las afueras de Santa Cruz de La Palma, sobre una loma al final de la Avenida del Puente. Se trata de unos ingenios originariamente del siglo XVI, pero también posteriores en el tiempo. Aunque no fueron movidos por el viento, sino por el agua, tienen un gran interés etnográfico. Puedes ver el itinerario de la ruta de los Molinos de Bellido en este enlace.
  • Taller de Artesanía El Molino (Mazo). Un centro de artesanía en cerámica abierto en un molino de viento muy bien conservado. Cerámica de corte aborigen, además de traperas y trabajos de cestería. Por si vas a Mazo, no olvides su mercadillo local. En él, concurren productos de la tierra y excelentes muestras de artesanía. Sábados por la tarde y domingos por la mañana.

Dónde comer en La Palma

  • Santa Cruz de La Palma. El Faro. Avenida Marítima (comidas caseras).
  • Hoyo de Mazo. Bar Las Brisas. Sirve comidas y vino de Fuencaliente. El propietario es amigo de acompañar de sonadas parrandas en su establecimiento.
  • Garafía. La Taberna. Frente a la parroquia. Buena comida. Pide plato de carne del país y pregunta si hay lapas.

Dónde alojarse en la isla de La Palma

Para que puedas ver este patrimonio canario, los molinos de viento de La Palma, y para que descanses como te mereces, aquí te dejo una selección de alojamientos en La Palma, un listado de hoteles situados en primera línea de playa en La Palma.

Direcciones y teléfonos útiles

  • Talleres de reparación: Rodolfo. Cuesta de San José. Telf. 922 434 319. Breña Baja. En San Andrés y Sauces en la Carretera general, telf. 922 450 805.
  • Cruz Roja: Santa Cruz de La Palma. Telf. 922 420 600. Urgencias.

Más información sobre los molinos de viento de La Palma

  • ALEMÁN, Gilberto. (1989): ‘Molinos de gofio’. Cuadernos de etnografía, nº 1. Cabildo Insular de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife.
  • BETHENCOURT MORALES, Manuel, (1988): ‘Los molinos de viento en La Palma’. Aguayro nº 178. Las Palmas de Gran Canaria.
  • Aquí te dejamos información complementaria sobre la historia de los molinos de La Palma.

 

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