Anuncios
No te lo puedes perder

Guía de la Caldera de Pino Santo y Hoya Bravo: los maares de la Vega

Sobre el Barranco de Los Alonso, un drago canario desafía al tiempo y a la gravedad. El drago de Hoya Bravo es un icono de la naturaleza de la isla. Sin embargo, el paisaje que lo rodea es tan sorprendente como el mismo drago sobre el precipicio. Sólo hay que conocer las claves que hicieron brotar las dos calderas que lo construyeron. Esta es su génesis, su historia geológica, una guía de la Caldera de Pinos Santo y Hoya Bravo. Para descubrirlas en su medio natural. Son los maares de la Vega.

Hace 2,8 millones de años, o tal vez 3 millones de años, comenzaba en lo que hoy es la isla de Gran Canaria un periodo periodo de actividad volcánica que los geólogos han prolongado en el tiempo hasta aproximadamente los 300.000 años, y que han convenido en denominar como ciclo Post-Roque Nublo (parte de las etapas pliocena y holocena del Cuaternario canario).

Los volcanes que aparecieron durante estos largos 2,5 millones de años se abrieron sobre una extensión de materiales de procesos eruptivos anteriores y, con frecuencia, sobre una capa de depósitos sedimentarios previos. Estos sedimentos se acumularon sobre el terreno durante un ‘parón volcánico’ experimentado a lo largo del millón de años anterior al inicio del ciclo Post-Roque Nublo. Las del ciclo Post-Roque Nublo son las manifestaciones volcánicas más extensas de todo el casquete central de la Isla y, en consecuencia, las más visibles hoy a simple vista.

Se trata de decenas de volcanes del tipo estromboliano que, entre explosiones, lanzaron material de proyección aérea, gases y lavas en lenguas que corrieron pendiente abajo. Aunque en términos geológicos los 2,5 millones de años de la etapa Post-Roque Nublo se consideran un periodo de tiempo relativamente corto, los fenómenos eruptivos fueron tan diferentes unos de otros, que los geólogos se han visto en la obligación de distribuirlos en tres etapas: los ciclos Post-Roque Nublo inferior, medio y superior. La datación de estos volcanes y el reconocimiento de los materiales asociados a ellos se han realizado siguiendo métodos indirectos.

Esto es, atendiendo, por ejemplo, a las características estructurales, a las alteraciones en la correlación de los estratos sucesivos (discordancias) o al más elemental grado de desmantelación o destrucción natural de los perfiles.

Los volcanes más espectaculares de esta edad son, por la frescura de sus formas, los más recientes, los del periodo Post-Roque Nublo superior. Ninguno supera los 700.000 años y las localizaciones son relativamente abundantes. Por ejemplo, en el área triangular que hoy definen las poblaciones de Teror, Vega de San Mateo y Santa Brígida se pueden ver sobre el terreno algunos de los cráteres más destacados de este último periodo de actividad Post-Roque Nublo del centro de Gran Canaria. Media docena de edificios volcánicos que, a pesar del alto grado de antropización, se encuentran aceptablemente conservados.

Algunos tan bien como la Montaña Cabreja (1.017 m.), base del mirador homónimo, en San Mateo, o como la Hoya de Pantaleón (790 m.), situada 3.500 metros al sur del casco de Teror, y al este del barrio de Arbejales.

Maares

Sin embargo, las formas volcánicas más sorprendentes de este triángulo volcánico son dos cráteres que se abrieron por la misma época, pero en circunstancias un tanto especiales. Se trata de la Caldera de Pino Santo y la Hoya Bravo. Ambas formaron amplios cráteres durante la erupción, en los que, sin duda, penetró gran cantidad de agua.

El contacto súbito del magma, con los gases a presión, las coladas y el agua dio como consecuencia erupciones volcánicas muy singulares, cuyos desarrollos y’resultados han quedado impresos en múltiples detalles en el entorno. Rasgos, que hoy se pueden observar. El tipo de erupción del que el agua subterránea o en superficie forma parte activa es denominado en lenguaje geológico como maar, voz germana, que procede del nombre de tres superficies de idéntico origen situadas en los Montes Eifel, en Alemania.

Un maar se define como una corta extensión de agua, casi circular, emplazada en un pequeño cráter de explosión, que ha dado origen a una depresión rodeada por fragmentos de la roca preexistente. Esta roca es consecuencia de una extrusión ígnea. En lenguaje coloquial, procedente de un volcán.

Drago de Pino Santo, en el Barranco de los Alonso.

Drago de Pino Santo.

La Caldera de Pino Santo y la Hoya Bravo deben corresponder a un proceso eruptivo, al menos, próximo en el tiempo. Ambas se encuentran muy cercanas, a escasos 1.700 metros de distancia, y aparecen ordenadas sobre el terreno siguiendo una alineación noroeste-sureste, que tal vez se corresponda con una grieta de la corteza, un punto de debilidad estructural por el que el magma ganó la superficie y fue liberado.

La más occidental es la Caldera de Pino Santo. Se encuentra situada, en la cabecera del Barranco de las Morenas, a dos kilómetros al sureste del caso urbano de Teror y a unos 900 metros de altura sobre el nivel del mar. Tiene la forma corriente de las calderas, con un aspecto vagamente circular. Su eje mayor mide 500 metros de longitud y el menor unos 400. El fondo está situado a un nivel más bajo que el terreno circundante, esquema, por otra parte, común a los maares grancanarios.

Y es que, las violentas explosiones asociadas a las actividades freatomagmáticas (en las que interviene el agua subterránea) dan como resultado la perforación de los materiales en superficie, en este caso, los del ciclo Roque Nublo. La erosión posterior de las escorrentías embarrancadas desgastó o rompió las paredes de la caldera en algunos tramos hasta quedar abierta, como aparece hoy, hacia el este y sur. Sólo se han conservado los lados oeste y norte, donde se encuentran pendientes de veinte o veinticinco grados, que son más tendidas en los frentes externos de este anfiteatro natural.

Sin embargo, a la vista del paisaje resultante, el origen del maar de Pino Santo no puede explicarse únicamente mediante la interacción teórica y simplista de agua más roca fundida. Con los indicios que han quedado sobre el terreno, se puede deducir que la actividad volcánica en esta zona de Gran Canaria hace alrededor de medio millón de años fue acompañada por algunas fases claramente estrombolianas, tal y como se puede desprender de la existencia de lo que queda de un volcán situado sobre el oeste de la caldera. Un punto, que hoy es conocido como Pino Santo (949 m.).

Fue una alternancia en el protagonismo de la erupción, porque los materiales procedentes de la caldera y los del cono se van superponiendo en estratos en los terrenos de los alrededores. En resumidas cuentas, a la caldera le correspondieron las fases más violentas y explosivas que coincidieron con la irrupción en su cráter de un depósito de agua acumulada en la superficie o bajo ella; al volcán estromboliano, una lengua de lava y escorias; y a ambos, toda una panoplia de materiales de todos las dimensiones lanzados al aire, desde los de tamaño granular a auténticas bombas volcánicas de muchos kilos de peso.

El otro maar de la zona es el de Hoya Bravo. La hoya está situada al sureste de la Caldera de Pino Santo, en el Barranco de Alonso. Lo que hoy se puede ver en el lugar es un amplio ensanchamiento del cauce del barranco, que no es otra cosa que una depresión del terreno, consecuencia de la explosión, o explosiones, que tuvieron lugar en el cráter cuando sobre él se vació -como en Pino Santo- un depósito de agua.

Las diferencias de temperatura, entre otras razones, fueron suficientes para colapsar el cráter y dar como resultado la gran depresión circular de 650 metros de larga por 550 de ancha. Como en Pino Santo, también se ha constatado la existencia de un edificio cercano vinculado a la actividad volcánica. Sus rastros hay que busca¡los casi con lupa, pues de él, sólo restan en la ladera baja del sector sur depósitos de escorias gruesas y bombas bastante compactadas y oxidadas. El edificio estromboliano desapareció en la vega con la erosión.

Mapa de la Calderas de Hoya Bravo y de Pino Santo

Guía práctica

Cómo ir

A menos de un kilómetro del casco urbano de de Santa Brígida, en la carretera a la Vega de San Mateo, surge, por la derecha, una vía que conduce al barrio de Pino Santo. La Hoya Bravo se abre inmediatamente después de la agrupación de casas y de las curvas cerradas. Referencia: el conocido drago del Barranco de Los Alonso. Más adelante, se llega al barrio de Pino Santo. Al norte de las casas, está la Caldera. La ruta descrita se puede realizar en coche, los detalles sólo se aprecian libremente a pie.

Qué ver también

  • Hoya Bravo. La caldera se encuentra muy desmantelada en algunos puntos, pero hay lugares donde se pueden rastrear los materiales volcánicos estratificados del maar. Lugares: cualquiera de los cortes practicados junto a las curvas de la vía.

Dónde alojarse cerca de la Caldera de Pino Santo y Hoya Bravo

En la zona, es posible encontrar alojamientos en Santa Brígida. Especialmente recomendables son las casas rurales en la Vega de San Mateo.

Más información

  • (1990).’Teror’. Mapa geológico de España. Instituto Tecnológico Geominero de España. Madrid.

Vista aérea de la zona de la Caldera de Pino Santo y de Hoya Bravo.

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: