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Guía del Monumento Natural de Arinaga: el erial de Sventenius

Eric Sventenius, botánico y primer director del Jardín Canario Viera y Clavijo, recorrió en la década de 1950 los Llanos de Arinaga atraído por la riqueza botánica de la zona, caracterizada por comunidades vegetales propias de litorales costeros arenosos, poco abundantes en Gran Canaria. En sus escritos, Sventenius dejó constancia del peligro que ofrecían las extracciones de áridos y calizas. Hoy, el lugar es espacio natural protegido como Monumento Natural de Arinaga y el rico muestrario de plantas de suelos costeros que tanto valoró el botánico resiste en su biotopo. El Monumento Natural de Arinaga es el erial de Sventenius.

El recorrido a pie propuesto por el Monumento Natural de Arinaga arranca del comienzo del camino asfaltado que conduce al faro, al noreste de la Playa de Arinaga. La llanura que surge delante, y que en parte se va a recorrer, forma el extremo norte de los llamados Llanos de Arinaga. La planicie está dominada por la Montaña de Arinaga, un cono volcánico, cuya boca se abre hacia el noroeste bajo una cima que se eleva hasta los 199 metros de altura. El de Arinaga es el edificio más alto de la fachada este de Gran Canaria. A pesar de la altura del volcán y de la extensión del territorio ocupado por sus lavas, el paisaje nunca fue el mismo.

Hace cuatro millones de años, la plataforma terrestre sobre la que se levanta el volcán no existía. La Isla hacia costa en el sureste en la Montaña de Agüimes, dos kilómetros tierra adentro, aproximadamente en lo que hoy es el tramo de carretera Carrizal – Vecindario. . Era una suave pendiente formada por sedimentos que habían sido arrastrados por el drenaje de los barrancos, en una etapa de inactividad volcánica que siguió a un periodo de erupciones denominado Ciclo Eruptivo Roque Nublo.

Panorámica de la Montaña de Arinaga.

Panorámica de la Montaña de Arinaga.

Reanudada nuevamente la actividad volcánica en el Plioceno inferior (2,8 millones de años), la isla amplió sucesivamente su perímetro gracias a las coladas basálticas que ganaron la costa. En la zona de Arinaga, varios centros de emisión de lavas contribuyeron a formar la base sobre la que se asienta toda la llanura. Sin embargo, la planicie también fue recubierta por los sedimentos de nuevos aluviones cuaternarios provenientes de los barrancos que desaguan en el sureste y como consecuencia del transporte eólico de materiales, que con el tiempo dieron lugar a la cimentación y a la formación de los arenales y el caliche. Una superficie caliza que se corresponde con un periodo de mayor humedad coincidente con una glaciación que afectó a la Tierra.

Y fue en este manto sedimentario que se estaba formando donde se abrió probablemente en el Pleistoceno inferior el volcán de la Montaña de Arinaga, al que acompañaron en la zona otros conos menores aún localizables (Montaña de Don Francisco, al sureste; Montaña del Diablo y Montaña Cercada, ambas al norte). Pero la erosión y la sedimentación aún no han terminado, es un proceso inconcluso que se ha visto distorsionado por los acarreos de tierras que acompañaron a la agricultura radicada en los Llanos y las extracciones de áridos y el aprovechamiento de la piedra caliza en los caleros.

Primera parada

La primera parada del itinerario es el horno de cal (1) (*) que se sitúa en el lado izquierdo de la carretera, a unos 200 metros del punto de partida. Se trata de una construcción de mampostería, cuyo hogar ha sido cerrado y convertido en almacén. No muy lejos se encuentra la cal impura que se reunía en montones cuando se limpiaba el horno. El camino continúa por la carretera asfaltada junto a una amplia comunidad de matorrales costeros (2), que son particularmente interesantes en el llano que se abre también a la izquierda del camino. Estos terrenos abandonados estuvieron dedicados al cultivo de tomates, como prueban las acequias que aún perduran.

Los resaltes del terreno, que se corresponden con los bordes de los surcos de las tierras cultivadas, están ocupados por matomoros, mientras que en los puntos más bajos y protegidos abundan los salados (de flores amarillas) y especialmente las aulagas. Sobre toda esta superficie se sitúa un tapiz de barrilla o cosco y otras plantas suculentas, cuyos tallos llegan a desviarse por efecto del fuerte viento dominante, especialmente intenso en los meses de verano.

Pero el viento ha dejado sus marcas en otros puntos del entorno. Desde la misma carretera se puede comprobar uno de sus efectos en la diferente consistencia de los materiales arrojados sobre las faldas sur y este de la Montaña de Arinaga. Durante la erupción, los materiales más pesados cayeron sobre la vertiente sur del cono, formando las rugosidades que se pueden ver sobre su superficie. Los más ligeros se esparcieron por toda la zona, como prueba la lengua de lava de la punta del Faro (6), aunque la mayor parte quedaron ocultos bajo la espesa capa de sedimentos aluviales posteriores. Hoy su estratificación sólo es visible en la cantera (3), a los pies del complejo de las baterías de la montaña (4), o en los frentes de las lavas en el borde del mar.

Cien metros por delante, en el camino (6), la vegetación del lado izquierdo de la carretera cambia sustancialmente al incrementarse la proporción de aulagas y salados. En esta zona y en las aledañas es frecuente escuchar el canto de los bisbitas camineros o de las terreras y observar la presencia de otras aves vinculadas al hombre, como es el caso de las abubillas y los vencejos, estos últimos en otoño.

Vista de Arinaga desde la Montaña de Arinaga.

Vista de Arinaga desde la Montaña de Arinaga.

Llegados al cruce con la pista que llega hasta la Playa del Cabrón, la carretera y el itinerario se desvían con dirección al Faro de Arinaga. El viejo faro de cuarto orden de Arinaga (1892) fue diseñado para unir de forma continua las dos torres de señales luminosas grancanarias (La Isleta y Maspalomas). Todas ubicadas en la costa este de la Isla, una de las derrotas habituales de los barcos de vela camino de América.

Prueba de este tráfico es la abundancia de naves hundidas bajo estos acantilados, entre ellas una carabela española. El edificio del faro, de planta rectangular, que albergaba a un solo farero, se alza sobre una base de mayores proporciones, que acoge un depósito de agua. Su torre de 4,85 metros de altura se empotrada sobre el lado del mar, pero no llegó a albergar ninguna luz hasta 1897, cubriendo con sus destellos una distancia de más de 20 kilómetros (12 millas marinas). El faro moderno (1984) conserva la cúpula de la vieja torre. Bajo el edificio, frente a la costa, se sitúa el Roque de Arinaga, un fragmento desgajado de la colada que ganó el mar desde el cono volcánico.

Paraje natural

De vuelta al cruce con la Playa del Cabrón, el itinerario continúa por la pista de tierra. En los 600 metros siguientes el camino discurrirá por la zona protegida del paraje natural. Después del cruce, el primer barranquillo que cae sobre la carretera (7) merece un desvío, ya que recoge en su cauce una muestra de uno de los efectos erosivos más determinantes en los terrenos sedimentarios, los que produce la acción de las escorrentías de agua. Esta acción de arrastre de materiales es fácilmente reconocible en todo el trazado y explica, aunque en menor escala, parte del proceso de formación sedimentario de los Llanos de Arinaga.

En el fondo de este mismo barranquillo, coexisten varias comunidades de salados y matas pardas (de flores amarillas en forma de gancho), sobre la que se ordenan aulagas, uvillas (de hojas carnosas y amarillas), que seguirán repartiéndose el espacio, en mayor o menor proporción, a lo largo de todo el recorrido en unión de chaparros y giraldos de costa (de hojas amarillas y ganchudas), entre otras. Entre estos arbustos se puede encontrar una variedad de lagarto (gallotia atlantica) exclusiva de zonas costeras como esta y algunos insectos que se caracterizan por su capacidad para retener el agua, como ciertos coleópteros tenebriónidos (escarabajos negros).

Unos 75 metros más adelante (8) surge otro punto que merece una parada. Se trata de las arenas del barranquillo que continúa debajo de la pista. En sus arenas se alinean varios depósitos que contienen caracoles fósiles -frecuentes de todas formas en todo el paraje- del género hemicycla, del que se conocen en Canarias al menos 28 especies fosilizadas. Estas acumulaciones de moluscos terrestres ponen de manifiesto la procedencia no marina de estos animales.

Unos cien metros por delante se observa (9), también bajo la pista de tierra, una de las lenguas de lava cuyo contorno no ha sido cubierto totalmente por las arenas. En el barranquillo inmediatamente anterior el arrastre del agua ha lavado la superficie y descubierto no sólo parte de la colada, sino el caliche que se situaba bajo ella. En la franja de costa cercana se levanta un horno de cal (10), cuya boca se abre hacia el sureste a resguardo del viento y el peligro de que el fuego se apagara.

Roque de Arinaga.

Roque de Arinaga.

El Albergue

El gran edificio circular de la Residencia Escolar de Agüimes que se levanta a la derecha en el límite costero norte del paraje es el que construyó en su día la Sección Femenina, pero que hoy sirve en Agüimes para acomodar a distintos colectivos escolares y culturales que acuden al municipio. La trasera del edificio reúne un buen número de las especies vegetales que definen la zona. Frente al Albergue, un corte del terreno (11) permite comprobar las distintas capas superpuestas de sedimentos.

La siguiente parada es el agrupamiento de casas de la Playa del Cabrón, donde el camino sigue el perímetro de la línea de costa. El topónimo toma su denominación del apellido de uno de los capitanes de la conquista que en el siglo XV llegó a esta costa y fue rechazado en el interior de la Isla por los canarios. La geografía oficial ha confundido la palabra Cabrón con Carbón, cambiando totalmente el significado. En la playa se sitúa uno de los dos hornos de cal más grandes que se construyeron en los caleros de Arinaga (12).

El conjunto, cuya estructura era sostenida por gruesas vigas de hierro, contaba con una vivienda aledaña que servia de almacén. El camino hasta la Punta de la Sal presenta claramente los niveles del caliche erosionados en la franja del mar (13 y 14), por la acción marina, pero también probablemente por la extracción intensiva de los caleros. Como una película, cada nivel de los estratos muestra todos los procesos de cementación, algunos probablemente corresponden a los momentos de la erupción de la Montaña de Arinaga, porque están integrados por bandas de cúmulos de bombas volcánicas y escorias de menor tamaño.

En estas bajas son frecuentes algunas aves costeras; no nidificantes y en emigración, como los archibebes o los zarapitos, además de varias especies de gaviotas que se alimentan en la zona del puerto de Arinaga.

Casi en la Punta de la Sal, existe otro horno de cal (15), que comparte el espacio vecino de la pequeña península con numerosos amontonamientos de cal impura (16), similares a los que se reparten en todo el paraje. Al noroeste del horno, quedan los restos de unas salinas (17), cuyas paredes fueron construidas con piedras volcánicas del lugar. El último tramo del sendero conduce pendiente arriba hasta unos campos de cultivo también abandonados, donde concluye la ruta.

Antes de subir el repecho se pueden ver, a la derecha del camino, los tres últimos hornos de cal (18), abiertos sobre la misma masa de caliche y mucho más toscos que el resto. El lomo que corona el repecho permite observar al sur la boca del cono volcánico (19) y la acción de las extracciones de áridos, pero también otros dos conos contemporáneos de la Montaña de Arinaga; al norte, los de la Montaña del Diablo y la Montaña Cercada, junto a la Playa de las Cruces, a 1.500 metros de la desembocadura del Barranco de Guayadeque, que sirve de límite con el municipio de Ingenio.

Antiguos hornos de cal de Arinaga

Antiguos hornos de cal de Arinaga.

Cal viva

Los hornos de cal, como los que se levantan en Arinaga, funcionaron regularmente en Gran Canaria hasta bien entrada la década de 1950. En general, se levantaban sobre los mismos depósitos de caliza de naturaleza sedimentaria que ocupan la costa este de la Isla, desde Jinámar al Castillo del Romeral y que aprovechaban intensivamente.

En Gran Canaria, existieron activos caleros desde los primeros años del siglo XVI, cuya cal era utilizada para el blanqueo del azúcar producido en los ingenios, la potabilización del agua, para el albeo de las viviendas, pero, sobre todo, para confeccionar una argamasa que era empleada como cemento en las edificaciones.

Generalmente los mismos hornos, como algunos de los que aún existen en Arinaga, se construían con bloques de caliza, adoptando una forma cilíndrica o de cono truncado que aumentaba su capacidad gracias al apilamiento de los trozos de caliza. En la parte baja de los hornos de cal se solía construir una bóveda con los trozos más grandes de piedra caliza. Esta bóveda servía de hogar, sosteniendo los pedazos restantes, que llenaban el horno hasta arriba.

Con el uso y el calor continuado, las paredes se vitrificaban aumentando sus propiedades refractarias. En el hogar formado por la bóveda se ponía la leña -o carbón, en los hornos más antiguos- en cantidad suficiente. A continuación se le prendía luego, calentándose el horno hasta que toda la caliza se hubiera transformado en cal viva.

El último paso era dejar enfriar la cal antes de sacarla. Los trabajadores de los caleros realizaban un trabajo muy demandado, por lo que solían construir sus viviendas en la vecindad de los hornos. En otros casos, las labores en los caleros eran compatibles con el trabajo en el campo.

(*) Los números de una y dos cifras entre paréntesis se refieren a la ubicación sobre el mapa adjunto de los lugares comentados en el texto.

Mapa del Monumento Natural de Arinaga

Guía práctica

Descripción general

El Monumento Natural de Arinaga, ubicado en el término municipal de Agüimes, ocupa una superficie de 0,79 kilómetros cuadrados, que incluyen el cono cuaternario de la Montaña de Arinaga y una franja de costa situada en su vertiente sureste, por la que fluyeron las lavas hasta el mar. El frente marítimo del paraje tiene una longitud de tan sólo 800 metros. El lugar fue declarado zona protegida en 1987.

Cómo ir

Al paraje se llega desde la capital de la Isla por la autopista del Sur, GC-1, (25 km.), gracias a un desvío señalado con dirección al Polígono de Arinaga. Desde la carretera general, por el Cruce de Arinaga. El paraje se encuentra a 1.200 metros al norte de la Playa de Arinaga, en la falda de la montaña homónima.

Ruta

El recorrido a pie por el sendero (3 km./1,30 horas, ida) parte del comienzo del camino al Faro de Arinaga en la urbanización y concluye sobre el lomo situado frente a la boca del volcán. dificultad: ninguna.

Qué ver también

  • Búnkers de la Montaña de Arinaga (4). En las faldas de la Montaña de Arinaga se construyó entre 1940 y 1941 una batería de artillería de costa y un complejo subterráneo que protegió al Aeródromo Militar de Gando de un posible desembarco aliado. Se conservan los emplazamientos, su medio kilómetro de túneles abiertos bajo la toba del volcán y otras instalaciones menores. El espacio es propiedad municipal.
  • Cima de la Montaña de Arinaga. Desde la base de la Montaña parte un camino que conduce a las instalaciones de uno de los aerofaros de Gando y a algunas antenas. La vista, desde los 199 metros de altura, permite observar la cubierta de sedimentos traídos a la costa por el intenso trabajo de drenaje de los barrancos, los efectos del volcanismo de la Montaña de Arinaga en el promontorio del faro, las especiales condiciones de algunas especies vegetales que crecen en la Montaña (líquenes al noreste y balos exclusivamente en la falda suroeste) o los otros pequeños conos que entraron en erupción con el de la Montaña de Arinaga.

Dónde alojarse en la zona de Arinaga

En este enlace puedes encontrar una selección de alojamientos en Agüimes.

Más información

  • BRAMWELL, David. ‘Flores silvestres de las Islas Canarias’. Editorial Rueda. Madrid, 1990.

Vista aérea del espacio del Monumento Natural de Arinaga.

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About Sergio Suárez Benítez (99 Articles)
Periodista, curioso empedernido, interesado con intereses que alimentan el espíritu y un enamorado de las Islas Canarias, mi hogar y el lugar de mis mejores sueños.
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