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La memoria canaria en el exilio

Perdidos entre los fondos manuscritos de archivos, museos y bibliotecas especializados públicos o privados de todo el mundo; muchos documentos relacionados con las Islas Canarias duermen un sueño olvidado en kilómetros de estanterías. Son miles de cartas personales, miles y miles de documentos oficiales, de descripciones geográficas y de costumbres antiguas de gran valor etnográfico y planos o mapas que ofrecen visiones poco conocidas del Archipiélago canario. Cada legajo, cada pergamino, cada folio es una página inédita de la historia cotidiana de los canarios de otro tiempo.

Los fondos documentales que hay en los archivos canarios son incompletos por su misma naturaleza. Durante la conquista castellana de las Islas Canarias, el Archipiélago estuvo sujeto a menudo a otras jurisdicciones cuyas sedes estaban radicadas fuera del las Islas. El carácter centralista de las distintas administraciones, que en ocasiones también trasladaron sus fondos al extinguirse sus mandatos, las pérdidas accidentales, los robos y hasta las ventas de los fondos, han convertido a muchas instituciones culturales fuera de las Islas en la memoria escrita de ciertos periodos de la historia de Canarias.

Plano de Santa Cruz de Tenerife de Torriani.

Plano de Santa Cruz de Tenerife de Torriani.

Si los archivos parroquiales, los de buena parte de las instituciones modernas y los fondos concejiles y municipales -con sus grandes épocas indocumentadas- permiten recrear con gran aproximación la vida y muchos de los episodios locales e insulares antiguos, ésta no es la norma general para numerosos acontecimientos regionales o de carácter internacional, las grandes lagunas de los archivos canarios.

Las vastas dimensiones del comercio con América sólo se puede conocer con los documentos del Archivo General de Indias de Sevilla, la trayectoria de muchos conquistadores y los fletes marítimos de la época sólo se pueden averiguar gracias a los documentos del Archivo de Protocolos de la capital hispalense. El destino final, por ejemplo, de muchos presos canarios de izquierda de la Guerra Civil se esconde en las estanterías del Archivo de Simancas, a más 2.000 kilómetros del Archipiélago canario.

Hasta la imagen que los europeos tenían de las Islas Canarias en la antigüedad únicamente se puede deducir a partir de los 75 mapas y portulanos que se guardan en vitrinas como las de la Biblioteca Nacional de París. Uno de los casos más elocuentes, el de los planos más antiguos de Teguise, en Lanzarote, Las Palmas de Gran Canaria, Garachico, en Tenerife, o Telde, en Gran Canaria realizados a finales del siglo XVI por el ingeniero cremonés Torriani. Ninguno está en las Islas, se encuentran clasificados entre los fondos de la Universidad de Coimbra, en Portugal. Parte de la documentación de la Real Audiencia de Canarias se halla depositada en el Archivo General de Indias, otra porción, en el Museo Británico.

En el Archivo Histórico Nacional de Madrid, hay numerosos documentos sobre fundaciones religiosas en Canarias y su evolución que completan los que existen en las Islas. De la provincia de Las Palmas, hay documentos únicos sobre una veintena de conventos e iglesias y conventos de poblaciones como Firgas, Gáldar, Agüimes, Betancuria o Las Palmas de Gran Canaria. Los pleitos elevados desde Canarias por disconformidades en las capellanías (destinos sacerdotales en iglesias) aparecen en los fondos privados del Palacio Arzobispal de Sevilla. Son 313 y explican, en muchos casos, las relaciones incompletas de los avatares de muchos templos canarios. Todo lo referente a la navegación marítima, protección militar y cartografía permanece bajo sus correspondientes epígrafes en el Museo Naval de Madrid y en el Archivo General Militar de Segovia.

Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos

La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, la mayor del mundo con siete millones de volúmenes, tiene archivada en su cartoteca una buena colección de mapas antiguos en detalle de las costas del sureste del país. Su autor fue el agrimensor palmero Vicente Sebastián Pintado (1774-1829), uno de los emigrados canarios establecidos en las colonias americanas a finales del siglo XVIII.

Mapa del distrito de Feliciana en Florida del agrimensor Vicente Sebastián Pintado

Mapa del distrito de Feliciana en Florida del agrimensor Vicente Sebastián Pintado.

Su legado, 62 mapas y planos y más de 1.500 documentos se incorporaron a la biblioteca en 1974. Unos papeles muy valiosos, que, reclamados por el Gobierno de los Estados Unidos, por ser la única fuente fiable para trazar los límites geográficos del sur del país. Todos esos legajos, y algunos más, repartidos por el país, son algunas de las piezas que faltan para completar el gran cuadro de la vida cotidiana y el legado de la colonización canaria al norte del Río Grande.

Otra vida, la de la religión en Canarias, sólo se puede documentar en todos sus aspectos si se incluyen las intrigas palaciegas, las decisiones secretas y los intereses ocultos de las altas esferas que rodearon a la representación de la monarquía española en Roma. La Embajada española ante la Santa Sede, que data de la época de los Reyes Católicos (1484) guarda importantes manuscritos referentes a las Islas Canarias y, todo, a pesar del incendio que sufrió la legación en 1738.

En él, se perdieron los documentos de la sede obispal del Rubicón y los del traslado a la de Gran Canaria. Sin embargo, han sobrevivido doscientos de interés para las Islas, algunos tan curiosos como los despachos y la correspondencia secreta con las que los reyes pedían el parecer de los embajadores sobre los gustos del Papa a la hora de designar obispos, entre ellos, los de la Diócesis de Canarias.

La colección de documentos relativos al Archipiélago canario del Museo Británico de Londres es también especial por la calidad y variedad de sus fondos. Los legajos españoles fueron clasificados entre 1875 y 1893 por el historiador Pascual Gayangos, que incluyó, sin distinción alguna a los canarios. En los índices aparecen documentos relativos a las Islas comprendidos entre 1565 y 1718. Algunos se refieren a procesos de la Inquisición en la persona de extranjeros acusados de herejías y de otras irregularidades religiosas, reos que en su mayor parte eran de nacionalidad británica.

Sin embargo, lo que más llama la atención son ciertos documentos relativos a al Audiencia de Canarias, sobre todo entre 1565 y 1572. Éstos incluyen, desde cartas de información reservada de carácter diplomático, o la separación legal de Alonso Fernández de Lugo, hasta descripciones de temblores de tierra no documentados en Canarias, pasando por folios con firmas autógrafas auténticas de Felipe II. Posiblemente se trate de documentos adquiridos y seleccionados irregularmente en las Islas por y para algún comerciante británico que los llevó a su país y los depositó finalmente en el Museo Británico.

Portada de Le Canarien.

Portada de Le Canarien.

En cualquier caso, estos documentos no son los únicos. Se completan con otro medio centenar de folios y de papeles sueltos de carácter personal que pertenecieron al fabulista tinerfeño Tomás de Iriarte y su familia y que fueron comprados por el comerciante inglés Thomas Phillips en el primer tercio del siglo XIX. Así, por cuestiones de propiedad del legado, cualquier biografía seria del autor pasa por el estudio de los documentos del Museo Británico.

Por lo que se refiere a las estrategias de las grandes potencias, en el Archivo Nacional de Francia, en París, existen 3.000 folios que recogen los planes galos del siglo XVIII para influir en los intercambios comerciales en las Islas, en pie de igualdad con los británicos. Y, en la Biblioteca Británica, su equivalente, un buen número de legajos entre los 1.841 documentos antiguos que versan sobre España.

La sección de mapas del Museo Británico contiene más planos de Canarias y de las costas vecinas que los de las colecciones de otros similares de Estambul y de Estados Unidos, aunque no sean tan valiosos por su antigüedad, como los de Florencia, Munich o Roma. Entre los 31 planos británicos, destaca un mapa detallado de la Bahía del Confital en Gran Canaria (1848) y otro de la ciudad de Santa Cruz de La Palma, callejero incluido. Ambas reproducciones hablan por sí solas de los intereses comerciales de la colonia británica en las Islas y de sus inquietudes cartográficas.

Archivos notariales

En los archivos de protocolos de las ciudades más importantes de España, se pueden encontrar también referencias a las Islas. En los de Sevilla, por ejemplo, aparecen al menos medio centenar de nombres de conquistadores que, consignados en los legajos como artesanos modestos, al correr de los años, se convertirían en conocidos terratenientes. Familias y apellidos ilustres y topónimos aún vigentes separan aquellos documentos de la realidad actual.

Son quinientos grupos de papeles que van desde los años 1472 a 1582, de la época en la que Sevilla era la cabeza de la jurisdicción judicial de Canarias. Allí aparece reseñado el destino de los esclavos aborígenes canarios, las consecuencias de los repartimientos de tierras y la cantidad y calidad de los bienes del comercio con las Islas.

Sin embargo, la gran fuente de información para comprender el alcance de las relaciones comerciales y humanas del Archipiélago con América es otra vez el valioso Archivo General de Indias. Allí, en las 16 secciones en las que se subdividen sus fondos existen 83 legajos de documentos y miles de folios con información exclusiva de Canarias.

Los papeles de la Audiencia de Canarias que han sobrevivido y que no están en Londres se juntan con los fletes de carga para América, los pormenores de la mercancía humana de los esclavos y docenas de juicios por soborno, falsificación de firmas, estafas, en toda una colección de delitos. Real como la vida misma.

Momias

Momia de Museo de Ciencias Naturales de Madrid.

Momia de Museo de Ciencias Naturales de Madrid.

Las piezas más representativas del pasado canario de algunos museos tal vez sean las momias guanches. Sacadas de las Islas en una época en la que los investigadores europeos pagaban bien todo el material que los isleños más humildes podían desenterrar por su cuenta; algunos museos se enorgullecen de exhibirlas en sus vitrinas.

Los restos habían salido de Tenerife a finales de 1771 y se habían depositado finalmente en el Trinity College de Cambridge. La momia permaneció mal catalogada durante años porque su importancia para los conservadores era relativa.

La momia fue una de tantas que había sido enviada por barco a la metrópoli. Pero hay más casos, el Museo de Ciencias Naturales de Madrid recibió en 1867 cuatro momias de La Orotava y, en agosto de 1886, el profesor Verneau remitió al Museo de Historia Natural madrileño 16 cajones con cráneos procedentes del Barranco de Guayadeque en Gran Canaria. Esa y otra documentación igual de sorprendente sobre el expolio arqueológico canario se conserva en el Museo Nacional de Etnología.

Los tiempos en los que los pescadores de Mogán en Gran Canaria costeaban la isla desde el sur hasta la capital con cuerpos momificados en los fondos de los barquillos para venderlos a los coleccionistas europeos que los pagaban bien ya han pasado. Sin embargo, las consecuencias son evidentes en los yacimientos saqueados.

Cañones y bustos de bronce

Los objetos canarios que conservan algunos museos españoles y otros europeos no se circunscriben exclusivamente a los testimonios escritos. Los bienes muebles forman también una parte importante de ellos. Sin duda, la menos conocida.

Cualquier catálogo o inventario mínimo que se realice sobre estas piezas es solamente una aproximación a un legado difícil de cuantificar que se reparte entre las propiedades privadas y públicas, en ocasiones, por obra de donaciones, ventas u obligaciones como demostró en su día el poco conocido interés de los descendientes venezolanos del doctor Mena para hacer retornar su legado a Fuerteventura.

David Bellamy

David Bellamy

Objetos difíciles de cuantificar como lo es averiguar la intención que movió al Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife en el siglo XIX a desprenderse de un espontón (una lanza similar a una pica) que perteneció al conquistador Alonso Fernández de Lugo. Esa pieza, así como dos cañones de bronce del siglo XVII de los castillos de la ciudad, utilizados para repeler el ataque del almirante Nelson en 1797 se exhiben hoy en una de las salas del Museo del Ejército en Toledo. Uno de ellos, el que hacía el tercero, volvió al Museo Militar de Canarias en 2005.

Otro objeto, una escala de las empleadas por los ingleses en aquella ocasión para subir a los muros de los fuertes canarios figura también entre los fondos del museo anteriores a 1854. La lista de piezas en exposición continúa incluso con obras de arte, como dos bustos del general cristino O’Donnell, procedentes también de la capital tinerfeña de donde era natural. Aún más, entre los 16.000 sellos de lacre del Archivo Histórico Nacional, hay algunas piezas canarias de valor.

Otros fondos museísticos no tienen más valor que su rareza. Así, resulta paradójico que, en algunos aspectos, las mejores colecciones botánicas de flora canaria herborizada o de murciélagos canarios se encuentre en Gran Bretaña. Un material que llegó desde Canarias a partir del siglo XVIII de la mano de especialistas, pero también de una tropa de aficionados a las ciencias naturales.

Su valor se ha ido incrementando con el tiempo desde el momento en el que algunas especies han desaparecido de las comarcas en donde fueron recolectadas. Fondos que no han perdido su valor.

A mediados de la década de 1980, un popular botánico anglosajón –David Bellamy– que dirigía una serie sobre flora de las islas atlánticas, descubrió una nueva subespecie en la Caldera de Tirajana, en el centro de la isla de Gran Canaria. Sólo tuvo que comparar las del herbario británico con una que encontró sobre el terreno mientras rodaba un episodio.

Pero hay más. En el siglo XIX, un botánico también británico se llevó de Gran Canaria algunos esquejes de una planta poco conocida en Europa, una variedad de la cineraria, extinguida en la isla en ese tiempo. La especie fue cultivada en jardines ingleses como planta ornamental donde había sido recriada mediante una selección genética. La planta que hoy se puede ver en el Jardín Botánico Viera y Clavijo de Tafira apenas recuerda a la vieja cineraria. Es otra.

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About Sergio Suárez Benítez (102 Articles)
Periodista, curioso empedernido, interesado con intereses que alimentan el espíritu y un enamorado de las Islas Canarias, mi hogar y el lugar de mis mejores sueños.
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