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Espionaje en Canarias: el Káiser pone los ojos en las Islas

Durante los primeros años del siglo XX, Canarias fue el campo de batalla de una guerra sorda, la de los servicios secretos alemanes para desbancar la influencia británica en el Archipiélago. Decenas de turistas, botánicos, biólogos, geólogos y proyectos científicos germanos, que tomaron como base las Islas Canarias entre 1880 y 1918, escondían en realidad algunos de los planes más elaborados del Reich para hacerse con el control de las rutas marítimas con sus colonias africanas. Además de las del Atlántico norte, cuando el dominio continental en Europa estaba en juego y la Primera Guerra Mundial se adivinaba en el horizonte. Esta es la historia el espionaje en Canarias en versión alemana.

El Ministerios de Asuntos Exteriores español guarda en sus archivos del Palacio de Santa Cruz de Madrid un conjunto de documentos que, bajo el epígrafe de ‘Alemania’, agrupa, junto a otros testimonios, parte de la correspondencia oficial mantenida entre el embajador entre el embajador en Berlín y el almirante Polo Bernabé y sus ministros entre 1912 y 1914. Esa documentación, tal voluminosa como reiterativa, muestra la preocupación del representante español sobre el súbito interés que mostraban por las Islas comerciantes, entidades privadas, universidades e investigadores alemanes.

Tropas indígenas alemanas en Camerún

Tropas indígenas en el África Occidental Alemana (Camerún)

Tal despliegue de interés tenía una razón de ser, Alemania había llegado tarde al reparto colonial. A finales del siglo XIX, apenas si había podido hacerse con algunos enclave en la costa africana (África del Sudoeste, África Oriental, Camerún y Togo). Por otra parte, territorios dudosamente rentables, o por lo menos para los parámetros de las colonias vecinas francesas y británicas. Alemania carecía en ultramar de estaciones de carboneo para sus buques, no disponía de una red de comunicaciones con sus nuevas colonias fiable y propia y, por si fuera poco, la penetración comercial en África era para entonces muy limitada. Todo ésto ocurría cuando el fantasma de una guerra en Europa hacía necesario asegurar suministros a la metrópoli y mantener apostaderos africanos ante una eventual guerra marítima para un país como Alemania cuyo acceso a mar abierto tenía todas las posibilidades de caer fuera de su control a las primeras de cambio.

Las Islas Canarias, territorio insular de un país débil como España, que recientemente había perdido sus colonias lejanas de ultramar, bien situadas geográficamente en la ruta de los territorios africanos alemanes, y donde todavía era posible la penetración comercial en rivalidad con Gran Bretaña, era el lugar ideal para los propósitos alemanes.

En este sentido, en 1909, el ministro de Estado español, Allendesalazar, comunica al Gobierno, en un informe de carácter reservado, también su preocupación por “la expansión alemana en Canarias”, en sus palabras. La inquietud del ministro era motivada por el enlace un año antes del cable telegráfico entre la ciudad de Emden (Hannover) y Tenerife. El proyecto era la primera parte de un plan para mantener comunicación continua entre Duala (Camerún) y el continente europeo. Una segunda etapa preveía conectar un ramal del cable con la costa brasileña. Sin embargo, la verdadera razón que movía los esfuerzos alemanes se encontraba en conseguir de las autoridades españolas un permiso para utilizar la estación telegráfica de Santa Cruz de Tenerife. Con ello, se quería prescindir de los sistemas telegráficos de las naciones de la Entente. El cable, al menos, tuvo una utilidad inmediata, fue usado posteriormente para trazar los límites fronterizos del Camerún y los vecinos de Nigeria y Gabón.

Investigaciones científicas

Sin embargo, más que los proyectos de enlaces de comunicaciones, el interés científico de las lslas Canarias es el conjunto de actuaciones que generan más controversias y airadas protestas entre los diplomáticos, políticos y ministros españoles de la época, bien por su número o por su palpable connotación militar. Es el caso del permiso cursado por el profesor y meteorólogo Hugo Hergesell de Estrasburgo para crear en las Cañadas del Teide un observatorio con medios y personal exclusivamente germanos.

Hugo Hergesell

Hugo Hergesell

El proyecto del observatorio meteorológico y astronómico del Pico Teide surgió en 1906 a raíz de un congreso celebrado en Milán que había aconsejado pedir a España las autorizaciones para levantar un observatorio en Tenerife. El Gobierno español dio su negativa rotunda cuando en la visita protocolaria de una comisión aérea española a Berlín sus miembros tuvieron conocimiento de que en esos días iban a ser remitidos a Tenerife una veintena de globos militares de hidrógeno. Los despachos entre el embajador Bernabé y Madrid alrededor del tema de los globos se extendieron hasta 1914. Año en que la Universidad de Leipzig y el Instituto de Física de la Academia de Dresde continuaban contribuyendo económicamente en el proyecto.

Una misiva del ministro de la Gobernación, Sánchez Guerra, al ministro de Estado reafirma su convencimiento, y el del gobernador militar de Canarias, Emilio March y García Mesa, que los trabajos científicos no podían ser otra cosa que “manipulaciones de otra índole”. Visto el revuelo que formó el proyecto en las Cañadas del Teide, habría que mantener reservas sobre el verdadero motivo de viajeros ocasionales que pasaron por las Islas Canarias o los botánicos, volcanólogos, entomólogos y antropólogos germanos que visitaron Gran Canaria, Tenerife, La Palma, El Hierro, Fuerteventura y Lanzarote entre 1880 y 1914. A los que había que sumar la arribada de numerosos barcos-escuela de la marina alemana y las largas estancias de las unidades de su escuadra que, con reiteración solicitaba permiso de las autoridades españolas para realizar prácticas de tiro en las aguas del Archipiélago. En este contexto, la llegada a Tenerife de Egon Wende en 1914 habría que leerse de otra manera. Wende más tarde fundaría la Confitería y Café Taoro Casa Egon de La Orotava.

Casa Amarilla de Santa Cruz de Tenerife

Casa Amarilla de Santa Cruz de Tenerife

Mención aparte, hay que citar las continuos fondeos en los puertos de La Luz y de Santa Cruz de Tenerife del cañonero ‘Panther’, famoso por haber estado a punto de desencadenar un conflicto internacional en 1911 en aguas marroquíes, cuando pretendía ‘defender’ los intereses de los ciudadanos germanos en Agadir (Crisis del Panther). Para Francia, aquello no era mas que una provocación, para el diputado Nicolás Salmerón una evidencia de que los germanos querían hacerse con la costa de Mogador, como el mismo decía, “la llave de Canarias“. Entre todos los investigadores alemanes que se dejaron ver en aquellos días por las Islas, destaca el psicólogo alemán Wolfgang Khöler de la Academia Prusiana de Ciencias de Berlín que crea en las Islas  y entre 1913 y 1928, la Estación de Antropoides de Tenerife en la Casa Amarilla de Santa Cruz de Tenerife.

Igualmente sospechoso es el trabajo sobre el mismo tema del profesor Max Rothman dedicado al estudio de ‘los antropoides en Canarias‘. Algo ciertamente extraño, porque era público, aún para aquella época, que no habían sido descubiertos antropoides en las Islas Canarias. El proyecto de investigación de Rothman fue seguido por las autoridades con interés y dio lugar a más de un informe confidencial. En realidad, el estudio estaba más relacionado con un curioso personaje -el doctor alemán Pannewitz- que con los simios. Pannewitz, muy conocido entre la burguesía comercial tinerfeña, a su vez había movido todos los hilos necesarios para abrir “una gran estación sanitaria de observación y experimentación”: El Hotel Taoro. Un homenaje, se decía, a Humboldt.

Trabajo en la Estación de Antropoides de Tenerife

Estación de Antropoides de Tenerife

Sobre la propiedad del Hotel Taoro de La Orotava giró desde 1907 una fuerte polémica que sobrepasó los marcos de un simple litigio entre la empresa alemana que lo adquirió y la española que lo cedía. En la discusión intervinieron ministerios, ministros, embajadores y el omnipresente doctor Pannewitz. supuesto secretario de la Asociación Internacional contra la Tuberculosis. No era difícil leer entre líneas para caer en la cuenta de que el hotel podía llegar a convertirse en una excelente tapadera para la penetración alemana en Canarias. De ahí el interés de los Gobiernos de ambas naciones, las presiones y el tono de las discusiones.

En esos días, la ‘Panther’ hacia una oportuna visita a los puertos canarios. Pannewitz dejó finalmente Tenerife en 1916 con la guerra mundial comenzada y la neutralidad española asegurada. Otro establecimiento hotelero canario, el Hotel Santa Brígida en Gran Canaria, también provocó comentarios entre la población canaria desde que se anunció su construcción en 1895. Un empresario alemán – Alarich Delmar- había decidido levantar su establecimiento demasiado cerca de otro propiedad de un súbdito británico apellidado Quiney, propietario del primer hotel de Gran Canaria abierto fuera de la capital Las Palmas de Gran Canaria (1860). El Hotel Santa Brígida fue muy frecuentado por numerosos turistas alemanes y acogió a miembros de la familia real alemana, así como al rey Alfonso XIII en su visita a las Islas Canarias en 1906.

Estaciones de carboneo

El sistema empleado por los alemanes para la penetración comercial en las Islas a finales del siglo XIX fue muy similar al de los británicos. Súbditos que en 1914 tenían el control o habían promovido servicios, como el de exportación de tomates a su país, el transporte de correo interinsular, la red de aguas de abasto de Las Palmas de Gran Canaria y muchos de las actividades portuarias.

Las compañías alemanas se establecieron preferentemente en los principales puertos canarios para asegurar los suministros a los buques de bandera propia. A partir de ahí, nuevas concesiones abrieron más explotaciones y otras posibilidades de inversión. Así fue como llegó al Puerto de La Luz la compañía alemana Woerman en 1906, la misma firma que abrió factorías en Camerún en fecha tan temprana como 1868, aún antes de la Unificación alemana (1870). Edward Woermann se había adelantado en Las Palmas de Gran Canaria comprando almacenes al comerciante canario Miguel Curbelo, curiosamente accionista del Hotel Santa Catalina, de propiedad británica. Antes de 1914, la Woermann ya tenía depósitos, almacenes, una carbonera y un muelle.

Cañonera Panther

Cañonera Panther

Otro sistema efectivo para la penetración en las Islas Canarias corría a cargo de los consulados. Por ejemplo, Friedrich C. Beherens, director de Woermann era, al mismo tiempo, cónsul de Alemania en Las Palmas de Gran Canaria. Si embargo, Beherens permaneció poco tiempo en el cargo, murió repentinamente en plena Gran Guerra.

Durante los años de la Primera Guerra Mundial, fueron frecuentes, por razones obvias, los cambios de dirección de las legaciones consulares en Canarias afectaron a los isleños que llevaban años desempeñando esas funciones. Todos, en un momento dado, fueron sustituidos por naturales del país de origen. Entre otros, el austro-húngaro Mittistrans (1914), el francés Garez (1916) y el cónsul de Bélgica, y, por descontado, el alemán. Todos en Las Palmas de Gran Canaria. Aunque las concesiones al Gobierno alemán fueron un acicate para el español para contrarrestar el monopolio que habían alcanzado las compañías británicas en servicios públicos clave, siempre estuvieron bajo vigilancia.

Una directriz cursada por el Ministerio de la Guerra español obligaba a todos los departamentos a informar sobre los proyectos germanos, en particular al de Obras Públicas. El debate sobre las concesiones en los puertos canarios no decayó nunca en las altas esferas de los poderes públicos. Es curioso que el público parecía estar de acuerdo en que las ocupaciones de los súbditos alemanes eran cuando menos sospechosas. Durante años corrieron rumores sobre las actividades de los ingenieros de la Casa Woermann en la capital grancanaria, algunos de ellos tan descabellados como irreales, pero al mismo tiempo tan generalizados que no resulta difícil darles algún crédito. No obstante, lo que si es cierto es que, a finales de 1915, otro alemán –Ferdinand Buschmann– era acusado de espionaje y fusilado en Gran Bretaña. Buschmann se había establecido como comerciante en la capital grancanaria, adónde había llegado alrededor de 1910. Curiosa coincidencia.

Buschmann

Ferdinand Buschmann

De la inquietud por el estado en que había caído el régimen de concesiones en los servicios públicos en las Islas, se hizo eco y de manera beligerante el diputado en las Cortes Españolas Luis Morote, que elevó varias quejas al entonces ministro de Estado García Prieto, en las que proponía cortar la política de concesiones. Sin embargo, sus palabras estaban mediatizadas por otro asunto, el Pleito Insular, que nada tenía que ver con las propiedades de los extranjeros.

De todas formas, para eludir las trabas a que en ocasiones se veían sometidas las inversiones extranjeras en las Islas Canarias, se empleó cada vez con más frecuencia la figura de un ‘hombre de paja‘, un isleño que representaba de manera legal a una firma extranjera, pero que, en la práctica, tenía una capacidad de maniobra nula al frente de la empresa que en teoría dirigía. Este sistema fue el origen de algunas pequeñas fortunas personales como también un modo de colaboración con los planes de inteligencia de algunas potencias europeas en conflicto.

Las redes de la trama oculta

Los servicios de inteligencia del II Reich se caracterizaron siempre por su eficacia, pero, sobre todo, por su tamaño. Mucho más durante el periodo 1914-1918, cuando las exigencias de la guerra obligaron a mantener e incrementar los servicios de información en el exterior. En realidad, los servicios secretos alemanes eran una superposición. sin delimitaciones claras, de varios organismos con competencias en materia de inteligencia. El Servicio 3-B del Alto Mando, el Servicio Naval de Información de la Kriegsmarine (Marina de Guerra) y la Nachrichten-Abteilung prusiana (Oficina de Información).

El Servicio 3-B del Alto Mando de las fuerzas armadas alemanas tenía su sede en Berlín, aunque durante la Primera Guerra Mundial se trasladó a Spa (Bélgica). Su organización interna no presentaba ninguna característica especial. Estaba basado en un clásico reparto de misiones por sectores geográficos y en una división del trabajo atendiendo a tareas específicas. Las funciones se caracterizaban por su rigidez y el funcionamiento se hacía complejo por la multiplicidad de organismos.

No obstante, su originalidad hay que encontrarla en los procedimientos ingeniados para mantener a los agentes encubiertos en el extranjero. Oficiales del Servicio de Información eran introducidos en las sociedades comerciales. Viajantes de comercio, con un estilo muy peculiar, visitaban fábricas y puertos, sacaban fotos, preguntaban y entablaban amistades. Su equipaje contenía planos e informes para ser utilizados por las secciones de 3-B. Oficiales superiores realizaban viajes turísticos donde más tarde deberían dirigir operaciones militares. No sin asombro, las poblaciones civiles de los territorios ocupados durante la Primera Guerra Mundial reconocerían caras familiares entre los altos mandos alemanes.

En 1914, había repartidos por todo el mundo centenares de despachos comerciales. En los que fueron desmantelados por los aliados, se descubrió invariablemente un acopio de información secreta. Otro organismo particular dirigido desde Berlín controlaba al personal de los hoteles de primera categoría. Tuvo ramificaciones en muchos países y llegó a tener 20.000 agentes, la mitad de ellos alemanes.

Hans von Wagenheim

Barón von Wagenheim

En Francia, 15.000 alemanes miembros de aquella organización estuvieron trabajando en hoteles de lujo o internacionales. Entre ellos, muchos espías y no precisamente los más insignificantes en el escalafón. En La Haya, por ejemplo, en el Hotel Des Indes, el portero era el barón Von Wagenheim, uno de los responsables del espionaje alemán en Holanda. Su supuesto hermano era el embajador de Alemania en Turquía.

En Alemania, pocos discutían la supremacía del 3-B salvo el Servicio Naval de Información. Ya fuera por tradición, o porque el servicio era obra suya, el káiser Guillermo II le había concedido total independencia y había dispuesto que se le concediera una buena parte de los fondos secretos del Reich. El Servicio Naval de Información dependía del Ministerio de Marina, fundamentalmente en los puertos marítimos extranjeros donde vigilaban los movimientos de las flotas mercantes y de guerra, pero también los progresos del armamento naval.

Unos informadores que quedaban bajo la autoridad de los agregados navales. Durante la Primera Guerra Mundial, la organización de la caza de buques mercantes por los submarinos obligó a mantener contactos más estrechos con el 3-B. No obstante, siempre hubo entre ambos organismos muchas diferencias y cierta hostilidad.

Finalmente, el Nachrichten-Abteilung fue el tradicional servicio de información de Prusia que no se extinguió tras la Unificación Alemana. Se hallaba bajo las órdenes directas del jefe del Alto Mando del Ejercito Alemán y se componía de tres secciones. Una de ellas, la tercera, englobaba a España y, por extensión, a Canarias. Su misión era informar al Alto Mando de la organización, del reclutamiento, del armamento y del equipo de los distintos ejércitos. Así como de la geografía militar de los distintos territorios, de las fortificaciones, de la eliminación de las que estaban obsoletas y del desarrollo de las vías de comunicación. Un entramado tan complicado como eficaz.

Barcos españoles hundidos en la Primera Guerra Mundial

Barcos mercantes españoles hundidos en la Primera Guerra Mundial en 1917

Cuando la inteligencia alemana intentó derrocar a Alfonso XIII

Los detalles de las actividades de los servicios secretos alemanes en territorio español durante la Primera Guerra Mundial sólo dejan lugar al asombro. Tanto apoyaron las sublevaciones de las comunidades rifeñas del Marruecos Español, como se entregaron al sabotaje sistemático de los intereses franceses en África. Las redes de espionaje germano, por otro lado, apoyaron a grupos revolucionarios como los que intentaban derrocar al rey Alfonso XIII. El motivo era su tendencia aliadófila, más inquietante si cabe, por la mediación del monarca en 1917 en la causa de la sucesión real al trono austriaco.

Otro aliciente era el control de los recursos minerales españoles. Berlín necesitaba el wolframio orensano y el cobre de Río Tinto, éste último en manos de una compañía británica. Para asegurarse su vigilancia o evitar que cayeran en manos francesas o británicas, el 3-B había colocado en cada puerto español una red de información.

Sistema que invariablemente provocaba hundimientos entre la marina mercante neutral que se hacía cargo de los transportes, caso de la española. Las aguas de Canarias estuvieron dentro de las rutas de patrulla de los submarinos alemanes durante la guerra y no faltaron los hundimientos cerca de las Islas. Por todo ello. Gobierno español amenazó incluso al alemán con entrar en el conflicto al lado de los aliados si no cesaban los ataques.

Espionaje alemán en Canarias durante la Primera Guerra Mundial

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About Sergio Suárez Benítez (102 Articles)
Periodista, curioso empedernido, interesado con intereses que alimentan el espíritu y un enamorado de las Islas Canarias, mi hogar y el lugar de mis mejores sueños.
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