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Ermita de la Concepción de La Atalaya de Santa Brígida: el silencio de las cruces

Las tumbas del cólera de 1851 en Gran Canaria, ordenadas todavía cuidadosamente frente a la portada de la ermita de la Concepción, en la Atalaya de Santa Brígida, han permanecido ante el paso del tiempo como testimonio imperturbable de una época olvidada, caracterizada por las duras condiciones de vida, a la que no fueron ajenas ni la pobreza, ni el hambre, ni las epidemias. Pero el impacto visual de esas tumbas hace olvidar la función socializadora de la pequeña fundación privada, que, como única iglesia privada de la zona, contribuyó durante más de doscientos años al encuentro de los talayeros.

El primer documento que se conserva de la ermita de la Concepción de La Atalaya de Santa Brígida data de 1733. Es una solicitud para su erección firmada por su promotor Luis Fernández de Vega. El solicitante pedía al obispo autorización para levantar un pequeño templo en sus tierras y hacía relación de los objetos que aportaba a la fundación.

Otro documento de 1737 alude a la colocación de la campana (11) (*) y señala que el edificio está prácticamente construido -los muros y la estructura principal del artesonado- porque la decoración interior aún no se había completado. Probablemente ésta fue realizándose en un periodo dilatado de tiempo, faldón a faldón. Hay que tener en cuenta que la ermita sólo atendía los cultos dominicales, las obras no debieron interferir en el desarrollo de los actos litúrgicos.

Tumbas de niños de la ermita de La Concepción de la Atalaya de Santa Brígida

Enterramientos infantiles

La desamortización del siglo XIX eliminó la capellanía (situación de residencia del sacerdote), pero no el culto de sus dos copatrones. Así, la ermita de la Concepción de La Atalaya de Santa Brígida se convirtió en 1851 en un lugar de crecientes plegarias ante el avance del cólera morbo que dejó un saldo de 290 muertos en el municipio, un 10% de la población. Las siete lápidas que se sitúan ante la fachada principal de la ermita (10) corresponden a aquella época, son una buena prueba.

Pero la relación de la ermita con el vecindario fue también muy importante por otras razones. El pago rural de La Atalaya, que hasta finales de la década de 1950 no contó con otra iglesia, conservó cierta predilección por el culto a San Francisco de Paula, íntimamente relacionado con los ruegos de lluvia. Los exvotos de cera, la romería a la ermita y la procesión de la Virgen cierran el glosario de rasgos externos de una fundación con casi tres siglos de antigüedad.

Se desconoce el constructor o arquitecto de la ermita, aunque, como muchas otras edificaciones religiosas de pequeño tamaño, debió realizarse con el concurso de varios canteros, alarifes y carpinteros, cuyo trabajo artesanal y anónimo pasó inadvertido para cualquier documento escrito. Probablemente su fundador recibió asesoramiento de alguno de los arquitectos que trabajaron a lo largo del siglo XVIII en la Catedral de Santa Ana.

Construcción

La ermita de la Concepción de La Atalaya de Santa Brígida, llamada más apropiadamente como de La Concepción y San Francisco de Paula; es una construcción muy simple de planta cuadrangular que ocupa una superficie aproximada de 130 metros cuadrados. La ermita en sí tiene una forma casi cuadrada, con alrededor de nueve metros de ancha por otros tantos de largo. Sin embargo, es la sacristía (B), situada tras el presbiterio, o el equivalente a la capilla mayor (A), la que que acaba transformando el espacio de lados regulares en un habitáculo rectangular.

Trasera de la ermita de la Concepción de La Atalaya de Santa Brígida

Parte posterior de la ermita

Los muros de la ermita fueron realizados en cantería azul con sillares regulares en hiladas horizontales y unidos con argamasa. Los puntos de unión de los bloques de cantería (de 50X25 cms.) aparecen caleados, como ocurre con otros templos canarios, para aprovechar las propiedades desinfectantes de la cal y para prevenir de ciertas enfermedades infecciosas que fueron muy comunes en la comarca. De ahí, que siempre se hayan conservado los encalados de las paredes interiores, aunque por testimonios orales recogidos en la zona y por los propios inventarios de la ermita, se sabe que el templo cubrió parcialmente sus paredes con terciopelos rojos, al menos desde mediados del siglo XVIII. Estas colgaduras prestadas a la parroquia de Santa Brígida desaparecieron en el incendio de la iglesia que se produjo en 1896.

El piso de la ermita presenta también un embaldosado de cantería de tamaño regular de una vara de longitud (41 centímetros). Esta superficie sólo rompe su recorrido en el presbiterio que queda destacado al elevarse unos 20 centímetros a modo de escalón sobre el resto de la nave de la ermita.

También la espadaña (11), que corona el techo inclinado de la sacristía, fue realizada en cantería. En ella, destaca las volutas que rematan el arco de medio punto donde se alberga la campana. Como el techo de la sacristía, el terreno en el que se edificó el pequeño templo está dominado por una fuerte inclinación que, aunque permite el acceso por la puerta principal a ras de suelo, obligó a colocar una escalera (1,30 metros de altura) en el ángulo sudeste para acceder a la sacristía (13). Ésta se comunica con el presbiterio gracias a dos vanos abiertos a ambos lados del retablo con sus respectivas puertas claveteadas.

Cubierta

La cubierta de la ermita de la Concepción de La Atalaya de Santa Brígida, de pino canario, es a cuatro aguas y abarca a la iglesia en sí. La techumbre de la sacristía es sólo una prolongación inclinada de la anterior. El exterior del techo está confeccionado con tejas curvas, el interior es de madera. La cubierta de la sacristía está formada por un conjunto de vigas funcionales rematadas por piezas planas en lo alto, sin decoración alguna, muy diferentes de las que ocupan la nave de la iglesia.

Recuerdo de la epidemia de cólera morbo de Gran Canaria

Lápida en la fachada

Se trata éste de un fino artesonado mudéjar ochavado (de ocho lados), cuyas porciones están delimitadas por vigas decoradas (limas). Sólo el plano (triángulo) de la entrada es el único no decorado con motivos vegetales y formas ajedrezadas. Todos estos trabajos están realizados con la madera en su color natural, al modo andaluz, algo muy corriente en las Islas Canarias orientales, a diferencia de los que se confeccionaron en la provincia de Santa Cruz de Tenerife en la que abundó la novedad de pintar y adornar con motivos los fondos planos de los techos donde se apoyan las filas de las tejas.

Por otro lado, además del blanqueado de los muros, del trabajo de la espadaña o de los motivos de lacería del interior de la cubierta, no existe otro ornamento en el pequeño templo. En este sentido, se puede citar, si acaso, los aleros creados en el frontis por la superposición de las tejas, aunque aquí habría que hablar de una disposición ciertamente funcional. También habría que incluir dentro de este capítulo las molduras, las pilastras y las basas que enmarcan la fachada (1).

La ermita de la Concepción de La Atalaya de Santa Brígida es una construcción sólida de gruesos muros (medio metro de espesor), pero también muy cerrada y oscura, de hecho sólo tiene dos puntos de iluminación natural. Uno es un hueco sobre la pared de la sacristía y, el otro, en la nave, una oquedad en la pared sur (izquierda). A pesar de que la iglesia se ajusta a la tipología de los templos mudéjares de su tamaño que se construían en las Islas Canarias aún en el siglo XVIII; destacan algunos rasgos diferenciadores que pasan por ser singulares.

Así, llama la atención el plano, casi cuadrado de la construcción, muy diferente de los rectangulares que suelen dominar en las ermitas canarias. La sacristía, por ejemplo, con su tejado inclinado no se diferencia mucho del tipo de construcción rural con cobertizo anejo, por otro lado muy común en la provincia de Huelva.

También la ermita de la Concepción de La Atalaya de Santa Brígida se desmarca de todas las demás por la ausencia de encalado en los muros exteriores. La espadaña situada en la parte trasera del edificio y no junto a la portada es otro elemento singular, aunque en este caso la disposición parece obedecer a una cuestión más práctica que estética. Está en el lado más cercano al vecindario donde resultaría más fácil oír el tañido de las campanas.

Modestas propiedades

Al igual que la decoración interior, la ermita de la Concepción de La Atalaya de Santa Brígida no destaca por la riqueza de sus bienes muebles que se limitan a un único retablo, unas andas para la Virgen y contadas piezas de orfebrería. Unas propiedades que no pasan de ser modestas.

Espadaña de la ermita de la Concepción de La Atalaya de Santa Brígida

Espadaña

El retablo (C) está compuesto por dos piezas, la mesa de mármol, inventariada ya en 1766, y el conjunto que alberga las tres hornacinas de idéntico tamaño. Entre una pieza y otra, se construyó una base retranqueada para diferenciar las dos estructuras. Los vanos rectangulares están coronados por cinco cresterías, tres frontales y dos laterales que constituyen los únicos elementos de decoración.

El papel blanco y rojo que decora el fondo de las hornacinas es más reciente y no corresponde al diseño original. El altar es de color madera y con los rebordes dorados. Sin embargo, éste no fue el tono original del conjunto. La pieza estuvo pintada de blanco y oro hasta mediados de la década de 1950, cuando se decidió despojarla de su pintura original. Esta coloración fue practicada sobre la superficie del retablo a finales del siglo XIX o principios del XX, sobre unos motivos vegetales originales, no muy diferentes de los que tiene hoy, por ejemplo, el altar mayor de la ermita de San Antonio de Telde, también de la misma época.

De esta manera, sólo los dorados de los rebordes pertenecen a la pintura primitiva. Junto al retablo mayor, las andas de la Virgen (12) formaron parte de las primeras dotaciones del templo, como el altar, inventariadas en 1766.

Sus cuatro columnas salomónicas pregonan su filiación barroca, casi tanto como el trabajo de ornamentación del dosel. El color de las andas es blanco y marrón. Antes, hacia 1968, estaban pintadas de marrón rojizo con una decoración vegetal que se enroscaba por las columnas, posiblemente vides, símbolo de la Eucaristía.

Otra de las piezas destacadas del recinto religioso es el púlpito (2). Se trata de un trabajo realizado en madera que está apoyado en la pared norte del edificio. Está formado por una tribuna hexagonal, una barandilla y una escalera de acceso. El conjunto se apoya en dos soportes de madera que están sujetos a la pared.

El púlpito, terminado en 1765, también conserva el color de la madera. La ausencia de alusiones a la coloración o repintado en los libros de registro de la ermita puede ser un indicio de que conserva su aspecto original.

Tres imágenes

La ermita de la Concepción de La Atalaya de Santa Brígida sólo guarda tres imágenes religiosas. La de la titular de la fundación, la Virgen de la Concepción (6) es policromada y de 87 centímetros de altura. Se trata de una pieza de procedencia andaluza, y, más concretamente, de perteneciente a la Escuela granadina del primer tercio del siglo XVIII. Esta adscripción es evidente por la disposición de cuerpo y manto en forma de huso. La luna de plata y la corona de bisutería son añadidos posteriores, por lo menos al inventario de 1766. En el centro del retablo, se sitúa un Crucificado, de idéntica altura que la talla de la Concepción. Tanto la cruz como la peana son de plata. La obra puede adscribirse a la Escuela Barroca Andaluza del primer tercio del siglo XVIII, atendiendo a algunas de sus características: la abundancia de sangre en el cuerpo, la forma del paño de pureza, abierto y agitado, sujeto con una cuerda que atenaza la cadera, el hecho de que el Cristo esté muerto, la existencia de tres clavos para sujetarlo o la forma de la corona de espinas, repujada también en plata.

A falta de cualquier incisión de punzón como marca de orfebre, la obra sigue siendo anónima. La existencia de la imagen ya está recogida en la petición de permiso que elevó el fundador de la ermita en 1733 para su construcción. En ella, Luis Fernández de Vega aparecía aportando la figura a la nueva edificación. En principio, podría parecer extraño que la patrona de la ermita no aparezca en la hornacina central del retablo. Sin embargo, ésto es así cuando la posición privilegiada está ocupada por un cristo. De todas formas, la colocación de la Virgen a la derecha del Cristo, se considera también un lugar preferente, como demuestra el anagrama de María que aparece en la parte superior de su vano.

La última de todas las tallas es la del copatrono de la ermita, San Francisco de Paula (7). Su imagen es diez centímetros más pequeña que las demás y entró a formar parte de los bienes de la ermita al mismo tiempo que el Crucificado. La figura que hoy se sitúa en uno de los extremos del retablo puede ser la original, pero su coloración parece más propia de los gustos desatados tras la aparición del maestro Luján Pérez (principios del siglo XIX). Si bien la figura puede no ser original, cabría la posibilidad de que el policromado dieciochesco desapareciera bajo varios repintes. A esa idea contribuye el hecho de que el santo no tiene pintado sobre el pecho uno de los atributos característicos de sus atributos, el ‘charitas’ (caridad) o su abreviatura ‘car’.

(*) Las letras mayúsculas entre paréntesis que aparecen en el texto se refieren a la localización en el plano adjunto de algunas dependencias y el retablo de la ermita. Los números de una y dos cifras, también entre paréntesis, hacen alusión a la ubicación de otras obras menores.

Ermita de la Concepción de La Atalaya de Santa Brígida

Dependencias y retablos. A. Presbiterio. B. Sacristía. C. Retablo de la Concepción. Tallas y otras obras menores. 1. Portada. 2. Púlpito. 3. Lámpara de plata. 4. Atril. 5. Crucificado. 6. Virgen de la Concepción. 7. San Francisco de Paula. 8. Aguamaniles. 9. Cómoda. 10. Lápidas mortuorias. 11. Espadaña y campana. 12. Andas de la Virgen. 13. Escalera.

Guía práctica

Breve descripción general

La ermita de Nuestra Señora de la Concepción y San Francisco de Paula, construida en el primer tercio del siglo XVIII, presenta características propias de la arquitectura mudéjar, aunque con algunos rasgos muy singulares. La zona obtuvo la denominación geoturística (1977) y, posteriormente, el edificio fue declarado Monumento Histórico Artístico (1979). Del conjunto formado por la hacienda de la finca y la ermita sólo se conserva esta última. La casa fue destruida en un incendio a finales del siglo XIX. La ermita se encuentra en el término municipal grancanario de Santa Brígida.

Cómo ir

Desde Las Palmas de Gran Canaria, se puede llegar a La Atalaya de Santa Brígida, en principio, desde dos puntos. En Tafira Alta, es posible tomar un desvío que conduce a la Caldera de Bandama. Al llegar a las Casas de La Caldera, se sigue hasta el Campo de Golf de Bandama que se deja a la izquierda. 1.400 metros más adelante está la Iglesia de La Atalaya de Santa Brígida. Luego hay que tomar la vía ascendente. La ermita está situada en la parte más alta de la pendiente subida. En total, 15 kilómetros (ver mapa adjunto). También se puede llegar a la ermita desde el cruce de la Plaza de Doña Luisa-Monte Lentiscal, en la carretera Las Goteras-Telde (16 kilómetros), o desde la misma Telde por esa vía (11 kilómetros).

Qué ver también

– Mirador de las Tres Piedras (706 msn.). Sobre la ermita, hay un mirador que domina la vista sobre el casco urbano de la Villa de Santa Brígida, el curso medio-bajo del Barranco de Guiniguada, la capital de Gran Canaria y, sobre todo, La Cumbre con el Roque de Tenteniguada en primer término. En verano, las vistas son excelentes, en invierno y otoño, la bruma puede empañar la visión. Está a 250 metros por encima de la ermita.

– Objetos de culto. De entre los objetos propios de culto, la ermita cuenta con algunas ropas litúrgicas del siglo XVIII, un misal con tipografía plantiniana (1728), un atril de madera (4), un cáliz y una patena sobredorada

Centro Locero de La Atalaya. Un espacio que permite conocer la tradición cerámica en la zona desde tiempos aborígenes. Un lugar perfecto para comprar cerámica tradicional de Gran Canaria. En el Camino a La Picota. Debajo de la Iglesia de La Atalaya de Santa Brígida. Aparcamiento propio. 

Datos útiles

La ermita de la Concepción de La Atalaya de Santa Brígida es propiedad de la familia Quevedo Navarro. Tiene el perímetro vallado. No hay culto en ella durante todo el año, a excepción del día de la Inmaculada Concepción (8 de diciembre). Si se tiene interés en ver su interior, pregunta con antelación sobre la celebración de la misa ese día en la ermita en la parroquia de la Villa de Santa Brígida (telféfono +34 928 640 638) , o si acaso en la misma iglesia de La Atalaya.

Donde alojarse en la Villa de Santa Brígida

Una manera perfecta de disfrutar del patrimonio de Gran Canaria y todo lo que ofrece la zona es alojarse en el entorno, por ejemplo, en algunas de las casas rurales de la Villa de Santa Brígida. Clica en el enlace para ver las opciones.

Más información

– JIMÉNEZ MORENO, M: ‘Ermita bicentenaria, tumbas de víctimas de cólera y fabulosas perspectivas’. El Eco de Canarias. Las Palmas de Gran Canaria, 27 de febrero de 1975.

– SUÁREZ QUEVEDO, Diego: ‘Los enterramientos de la Atalaya, Santa Brígida’. Hoja del Lunes. Las Palmas de Gran Canaria, 23 de febrero de 1976.

– SUÁREZ QUEVEDO, Diego: ‘Ermita de Nuestra Señora de la Concepción y San Francisco de Paula. La Atalaya de Santa Brígida (Gran Canaria)’. Anuario de Estudios Atlánticos, nº 33. Las Palmas-Madrid, 1987

Localización de la ermita de la Concepción de La Atalaya de Santa Brígida.

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About Sergio Suárez Benítez (99 Articles)
Periodista, curioso empedernido, interesado con intereses que alimentan el espíritu y un enamorado de las Islas Canarias, mi hogar y el lugar de mis mejores sueños.
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