Anuncios
No te lo puedes perder

¿Qué pensarías si te dijera que Tenerife da vueltas más allá de Marte?

Un buen número de localidades canarias tiene poblaciones homónimas repartidas por los cinco continentes. Muchas coincidencias son fruto de la casualidad, el origen de otras denominaciones hay que buscarlo en las referencias toponímicas de la colonización española, sobre todo en América y en Filipinas; pero un buen puñado de ellas tiene una palpable relación con el Archipiélago.

Localidades fundadas por los emigrantes canarios que durante siglos se establecieron al sur del Río Grande y que no quisieron olvidar sus orígenes. Sin embargo, por muy lejos que llegaran los emigrantes canarios, ninguno de los topónimos isleños ha llegado tan lejos como el de Tenerife que marca una cadena montañosa de la Luna, pero también a un tosco asteroide situado más allá del planeta Marte, a la friolera distancia de 700 millones de kilómetros de la isla canaria.

Desembarco de las primeras familias canarias en Montevideo

Desembarco de las primeras familias canarias en Montevideo

Prácticamente, no hay ninguna isla de Canarias que no tenga su capital o algún recóndito villorrio marcado en el mapa más lejos de lo que se puede ver y en los cinco continentes. Los nombres actuales de las poblaciones canarias, como su misma urbanización moderna, tienen su origen en una etapa posterior a la conquista de las Islas.

En muchas ocasiones, se decidió adoptar el topónimo guanche original, éso sí, después de haberlo hecho preceder por el del santo al que se advocaba el lugar, como es el caso de Santiago de los Caballeros de Gáldar. Con ello, se introducía a las nuevas tierras dentro de la cosmogonía cristiana, Una especie de santificación para los sitios, una recuperación para la fe de los espacios físicos. La conversión de sus habitantes fue siempre paralela.

En otros casos, ciertamente la mayoría, las denominaciones guanches de los lugares se ignoraron o se olvidaron. Cuando no, resultaban carentes de significado para los conquistadores o los nuevos colonos. Las más de las veces eran hasta impronunciables. El origen no latino de estos términos toponímicos y una nula equivalencia gramatical los hacía extraños al oído. Donde no se aplicó como sonaban (por ejemplo, Agüimes o La Orotava), se le dababa a los lugares nombres totalmente diferentes.

Siguiendo este hilo nominativo, muchos capitanes de la conquista también se apuntaron a poner el nombre de sus localidades de procedencia en homenaje a su ‘estirpe’. Un último capítulo de topónimos nació del reparto de tierras, de las datas. Las montañas, dehesas y barrancos pasaron a denominarse de acuerdo con el nombre de su primer propietario, como es el caso del Valle de los Nueve, en Telde, Gran Canaria, cuyas tierras fueron repartidas entre nueve capitanes que participaron en la conquista de la isla.

En América

Este esquema de creación de topónimos, el mismo que se siguió en la Reconquista cristiana, como tantos otros ejemplos de la cultura española, no varió en América. Sólo que, entre los miles y miles de nombres que se utilizaron para designar las nuevas tierras, algunos fueron puestos por los canarios que marcharon al Nuevo Mundo para encontrar un futuro mejor, sobre todo, entre los siglos XVII y XVIII, época en la que se institucionalizó la afluencia canaria en América.

José Francisco de Arce y Rojas

José Francisco de Arce y Rojas

Así surgieron villas con nombres con origen inequívocamente canario, como Nuestra Señora de la Gran Canaria, en el Virreinato del Perú o la de la Candelaria, en las zonas altas de Paraguay. Candelaria fue capital de las misiones jesuíticas, fue fundada por el canario José Francisco de Arce y Rojas, en territorio de los indios del Alto Chaco, hoy Chiquitos, Paraguay. La misión, como cuenta su historia, tuvo que enfrentarse a la beligerancia de sus originarios pobladores.

Sin embargo, a pesar de que algunos pueblos tienen claro este origen, otros acabaron con sus canarismos difuminados en el curso del tiempo. No hay que olvidar que tras la independencia de las colonias americanas, muchas ciudades cambiaron sus nombres por otros que rendían culto a los nuevos y primeros héroes de la patria.

Otras, sencillamente, se despoblaron cuando las condiciones que las hicieron nacer desaparecieron. No obstante, un exiguo número de esas villas, unidas por una común tradición cristiana, conservan el nombre homónimo de muchas otras que se reparten por todo el Archpiélago canario. Tradiciones que se avivaron con unas intenciones a medio camino entre el mesianismo cultural y el apostolado salvador.

Santacruces

El nombre de Santa Cruz, como lleva los de Tenerife o La Palma, es muy común en América, tanto como los sanmateos, santaúrsulas o santabrígidas. Las adscripciones de las fundaciones a un determinado santo a veces eran caprichosas; como el nombre de Santa Lucía que dieron los emigrantes canarios a un río de Uruguay por haber llegado a aquella costa el día de la santa. Otras veces, la devoción surgía tras una crisis, como las fundaciones de San Roque y los males de pestilencia. De este modo, entre todos estos topónimos, difícilmente se puede averiguar si existe un verdadero pasado fundador canario.

Iglesia de San Carlos de Tenerife

Iglesia de San Carlos de Tenerife

Mayor problema supone, si cabe, rastrear la relación de otras poblaciones y sus homónimas americanas cuando su origen al parecer se refiere a accidentes del terreno o a características del entorno de la población. Así, existen no menos de veinte restingas -que no son más que bajíos de mar- en toda América, 85 buenavistas, todo junto, 48 sólo en Méjico y quince poblaciones en las que la denominación de la población aparece separada. Incluso hay un Buenavista en la isla de Cebú, en Filipinas.

La lista se hace todavía más extensa con el nombre de Las Palmas, del que existen cuatro ciudades americanas, tres ríos en Costa Rica, una sierra en Uruguay, otra en la misma Costa Rica, un cayo en Cuba, una cañada en el Salvador, un cayo en Cuba y un riachuelo en Chile y otro igualmente en Uruguay.

Lo mismo ocurre con La Laguna, por San Cristóbal de La Laguna, en Tenerife, que podría hermanarse con una ciudad en El Salvador, en el Departamento de Chalatenango; o el Vallehermoso gomero, que podría hacerlo con un distrito en Negros Oriental en Filipinas. O la isla de Lobos, en la costa uruguaya del Plata, famosa como la canaria por sus extintos lobos marinos. Una realidad que salta en la letra pequeña de los mapas, los municipios canarios podrían hermanarse sin ningún problema con centenares de homónimos americanos, desde Río Grande a la Patagonia.

Las marcas de la emigración

Pero de entre todo este conjunto de nombres y registros confusos, casi sin origen, repetidos hasta la saciedad, se distingue una veintena de genuina ascendencia canaria. Uno de los primeros fue el que dio Cristóbal Colón a un cabo de la actual República Dominicana. El Almirante llamó a un promontorio como Cabo Hierro, tal vez porque el recordara a la isla canaria o porque se le hubieran acabado los nombres de santos, de reyes o se le hubiera agotado la lista de los más pomposos. La isla de El Hierro fue la última tierra desde la que Colón calculó la distancia recorrida a América en su primer viaje.

Sea como sea, en ese punto de la costa, los nombres con aroma isleño se repiten cuando se pronuncian pueblos y ciudades cercanas, como la de Santiago de los Caballeros, como en la Gáldar grancanaria, otro Valverde, Vega Alta, San Carlos de Tenerife o el Santiago de las Vegas, fundado mucho tiempo después por 81 familias emigrantes, 70 de ellas canarias. Sin embargo, la mayor parte de esos topónimos acabó borrado del mapa después de la independencia en 1898 y tras la revolución castrista.

Cuando en el siglo XVIII se institucionalizó la emigración canaria tras establecerse cupos de familias que podían pasar a América, como se decía en aquella época. Sobre el papel, se permitió emigrar a cinco familias de cinco personas cada una por cada cien toneladas exportadas a América en el mismo flete.

Muchos canarios acabaron en Santo Domingo siguiendo la misma suerte que otros que habían fundado dos siglos antes Buenos Aires. Camino idéntico de los cien isleños que crearon Montevideo o los que lo hicieron en San Antonio de Tejas, en lo que hoy es Estados Unidos, o los que acompañaron al Padre Anchieta hasta Sao Paulo. Por todo ello, no resulta extraño que en Uruguay a los campesinos se les llame ‘canarios’.

La Gomera Guatemala

La Gomera de Guatemala

Más lejos, en otros puntos de la geografía americana, se pueden encontrar topónimos como el de La Gomera de Guatemala, cuyos primeros vecinos llegaron desde la isla canaria. Su fundador, Antonio Peraza Ayala, cuatro conde de La Gomera, que fue también el primer gobernador de Guatemala entre 1611 y 1627. El nombre de Gomera no hay que confundirlo con otros, como un Gomero, río de Chile, derivado de goma, el chicle americano, escrito de la misma forma, pero sin relación alguna.

No muy lejos de La Gomera guatemalteca, en Nicaragua, los isleños levantaron un Realejo, que ha sobrevivido, como la Villa de Candelaria en Puerto Rico. También existe una La Palma en el Departamento de Cundimarca, en Colombia, que fue fundada por Antonio Toledo en 1560 con la colaboración de un grupo de canarios en las tierras ganadas a los indios colima. Es curioso que esta población, trasladada tres años más tarde al lugar que ocupa hoy, esté rodeada de cerros. No cabe duda de que aquel paisaje perdido de la Cordillera Central colombiana debió recordar a sus habitantes el paisaje palmero que dejaron atrás.

Uno de los topónimos canarios en América más curiosos y el más fácil de relacionar con las Islas sea el de Canaria. Así, Canaria es una villa de algo más de 7.000 habitantes que fue fundada también por emigrantes isleños en el siglo XVII en la actual provincia de Víctor Fajardo, en el Departamento de Ayacucho, en Perú. Canarias es el nombre que recibe igualmente un río en la región del Segirpe, en Brasil.

Todavía existe un grupo de enclaves que conservan los nombres de entidades poblacionales de Canarias, que, si no es directa, cuando menos es curiosa. Hay, así, un Puerto del Rosario en Uruguay, un Teno en el Departamento de Curicó, en Chile, o un Los Quemados cerca del Cabo Hierro colombino en la República Dominicana, un Taco en Cuba; y moyas en Perú, Bolivia, Argentina y Chile, aunque en Bolivia sea el mismo nombre que recibe una planta común en la región. Todos estos lugares son candidatos en pie de igualdad para hermanar los dos lados del Atlántico.

En cualquier caso, visto ésto, es igualmente destacable que en Canarias siempre haya quien haya visto la isla de San Borondón, no haya ni un solo sitio en la costa atlántica americana con la misma denominación y haya que encontrar uno más remoto nada menos que en Ecuador, en el lado del Pacífico. Inagua, la grancanaria Inagua aparece también en el mapa americano dando nombre a dos islotes de las Bahamas cuando todo parece indicar que es un término guanche y quién sabe si sólo es una curiosa coincidencia y en realidad se trata de una herencia del habla de los indios taínos que habitaron esa zona antes de la llegada de los europeos.

Y es que sorprendentemente algunos de estos topónimos guanches surgen dando nombre a algunas aglomeraciones humanas, pero no sobre el mapa de América, sino al este de las Islas, en África. Así, podríamos encontrar una relación entre la ciudad argelina de Algüimar y la Güimar de Tenerife, o el Gara canario que marca el nombre de una isla de Túnez y un oasis libio del interior. Algo parecido sucede con Gando de Gran Canaria, idéntico al de la capital del antiguo estado africano de Hausa, ubicada en el desierto del Tibesti. Justo en el mismo lugar que un valle cuyo nombre es Tao, el mismo que recibe un pago de Lanzarote. Y así muchos más ejemplos.

Ejemplos topónimos canarios desperdigados por el mundo, aquí y allá y de más lejos y con una aparente impronta moderna. Busca si no el Pic a Tenerife, en el Gros Morne National Park de Terranova, en Canadá (imagen de cabecera de este artículo); el Cerro Tenerife, en la Patagonia chilena, el Barrio de Tenerife ¡en Australia! o el Mount Teneriffe en el Estado de Washington, en la costa oeste de Estados Unidos.

En busca del Eldorado perdido

Plano de Nueva Tenerife

Plano de Nueva Tenerife en el Magdalena colombiano

Ninguno de los primeros asentamientos en los que intervinieron los canarios tuvo tanta resonancia y al mismo tiempo tantos problemas como el de Tenerife, o, para ser más exactos, Nueva Tenerife. Como se llamó en un primer momento a la fundación. Esta población, asentada en 1536 por la expedición del capitán Francisco Henríquez junto al río Magdalena, en el territorio del Reino de Nueva Granada, en la actual Colombia; tenía como objeto servir de punto de apoyo para internarse en el país.

El fin último de aquella expedición no era otro que llegar a las fuentes de Eldorado, donde aquel puñado de aventureros suponía que encontrarían riquezas sin cuento. La costosa empresa había sido organizada unos años antes por Pedro Fernández de Lugo, el conquistador de las islas de Tenerife y La Palma.

El de Lugo había obtenido por esa conquista, no sólo tierras en las Islas Canarias, sino también partes en Nueva Granada, dónde se le había otorgado posesión de un vasto territorio. Tal y como se puede leer en los documentos de propiedad, el título incluía ser adelantado por dos vidas, la suya y la de su primer descendiente. Para hacer efectivos sus derechos, partió para América precisamente el hijo, Alonso Luis Fernández de Lugo.

Salió de Tenerife con 1.100 hombres y 18 barcos en busca de Eldorado. Sin embargo, lo único que consiguió fue diezmar sus huestes y casi arruinar a su padre. Nadie encontró nunca el Eldorado. Sin embargo, la población de Tenerife sigue languideciendo en el mismo lugar en el que hicieron su campamento la tropa de Los Lugo en el Departamento de Magdalena.

Tenerife e Isora en las estrellas

Montes Tenerife

Montes Tenerife en la Luna

Coincidencias o no, uno de los topónimos canarios más sorprendentes y que no ofrece duda alguna sobre su origen es el de Montes Tenerife. Nombre que recibe una cadena montañosa de altura que discurre sobre el paralelo 88 grados norte, nada menos que en la Luna. En la década de 1960, los astrónomos que cartografiaban nuestro satélite con sondas no tripuladas decidieron adoptar grupos de nombres que hacían referencias a astrónomos y físicos vinculados con el estudio del Universo. Así aparecieron nombres de cráteres y de ‘mares’ con denominaciones como Copérnico, Galileo o Hevelius.

Al mismo tiempo, las cadenas montañosas y los picos lunares se bautizaron con elevaciones destacadas de la Tierra. Elbruz o Everest comparten tierras en la Luna con Tenerife y, entiendo, que por su Pico Teide.

Pero las sorpresas no acaban aquí, décadas antes, un asteroide fue denominado Tenerife (Teneriffa, en alemán). Su órbita discurre entre Marte y Júpiter a la nada despreciable distancia de 700 millones de kilómetros de la Tierra. El asteroide fue descubierto en 1936 por el astrónomo alemán Karl Wilhelm Reinmuth (1892-1979) con los equipos del Observatorio de Heidelberg. El cuerpo, que no es más que una piedra de pocos kilómetros de longitud y sin gravedad que pueda retener los escombros que puedan caer del propio objeto, recibió el número 1.399, (Asteroid 1399 Teneriffa).

Asteroide Isora

Trayectoria orbital del Asteroide Isora

Otro caso muy curioso es el del asteroide 1374 (Asteroid 1374 Isora) que se llama Isora, como el Isora de El Hierro. Fue descubierto en 1935 por el astrónomo belga Eugène Delporte y su órbita la puedes ver en el gráfico adjunto.

De los aproximadamente un millón de asteroides que se supone que existe, sólo se han catalogado unos pocos miles y, de éstos, apenas una mínima parte tienen nombres propios como son los casos de los asteroides Isora y Tenerife.

Resulta paradójico que la palabra Tenerife parezca provenir de un término guanche que se podría traducir por ‘Montaña Blanca’, en alusión al Pico Teide. Un término proveniente de un pueblo sometido y conquistado que, qué  cosas, ha acabo dejando una señal muy lejos. En la última de las conquistas, la del Universo.

Canarias en el Mundo

Anuncios
About Sergio Suárez Benítez (99 Articles)
Periodista, curioso empedernido, interesado con intereses que alimentan el espíritu y un enamorado de las Islas Canarias, mi hogar y el lugar de mis mejores sueños.
A %d blogueros les gusta esto: