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Caldera de los Marteles, tierra canaria cocinada a fuego alto

Sobre las cabeceras de los barrancos que atraviesan el municipio grancanario de Telde, se abren dos calderas que, por su juventud, buena conservación y tamaño destacan sobre el resto de los aparatos volcánicos cumbreros. Son la Caldera de los Marteles y La Calderilla. Tierra canaria cocinada a fuego lento.

Los rastros que nos han llegado de la actividad volcánica de la Caldera de los Marteles, de La Calderilla y de algunos otros conos de la zona hacen pensar que tuvieron un desarrollo corto en el tiempo y en el espacio.

Sin embargo, las erupciones se manifestaron, sin duda, dominadas por una gran espectacularidad, después de que el agua de la pequeña red de barrancos cumbreros cayeran directamente sobre la boca de los volcanes. Por altura, el fuego de estas calderas fue uno de los más altos de la historia geológica de Gran Canaria.

La Caldera de los Marteles, es, junto con el aparato vecino de La Calderilla, uno de los conjuntos volcánicos individuales más interesantes del casquete central de Gran Canaria. Su importancia aún se acrecienta, si se tiene en cuenta que su aparición coincide con la actividad volcánica más reciente de la Isla (probablemente holocena y con una antigüedad de 15.000 años) y, por tanto, su grado de conservación en la actualidad es bastante bueno.

Los rasgos estructurales de la actividad efusiva y explosiva de ambos conjuntos siguen intactos. Y todo, cuando al menos los fondos de la Caldera de los Marteles han sido roturados intensamente para la producción de plantas forrajeras con las que alimentar al granado cumbrero.

No hay que olvidar que los terrenos volcánicos, altamente mineralizados, son extraordinariamente fértiles. Y más éstos del fondo del aparato volcánico en el que desagua un corto barranco de cumbre, el de la Madre del Agua, que garantiza un cierto aporte hídrico natural.

Por otro lado, el topónimo de Los Marteles remite a una de las familias propietarias de aquellas tierras. La ocupación de estas tierras para cultivos intensivos es probablemente anterior al siglo XVIII, época en la que se abrió a la agricultura muchos espacios agrícolas alejados de los núcleos de población en zonas menos accesibles de Gran Canaria.

Según algunas crónicas, el pinar de la zona este de Gran Canaria, sobre los barrancos que recorren los municipios de Ingenio y Telde, algunos tan importantes como el de Guayadeque o el de Cazadores, tributario más abajo del Barranco Real de Telde o del de Las Goteras.

Las calderas

La Caldera de los Marteles y La Calderilla se encuentra, en cualquier caso, en diferentes planos, a distinta altura, la segunda, a 300 metros por encima de la primera. Ambas calderas siguen, en cambio, una alineación clara (N 75 grados O). Esa orientación debe corresponder a una grieta o fisura (punto de debilidad en la corteza terrestre) por la que fluyeron las primeras emisiones volcánicas que dieron como resultado el alzado de ambos aparatos.

Además de las calderas, existen otros tres aparatos levantados sobre la misma fisura que debieron funcionar como conos laterales durante la erupción.

En concreto, el doble cráter en la cabecera del Barranco de los Cernícalos, el Morro Garañón (1)(*) y un edificio que se encuentra pegado a la carretera que baja de la cumbre al núcleo de Cazadores (3). Estos puntos, hoy sensiblemente erosionados, debieron constituir salidas naturales de magma en los momentos de mayor violencia eruptiva.

Caldera de los Marteles

El relieve originario de la zona que hoy ocupa la Caldera de los Marteles estaba definido por una barranquera (Barranco de Madre del Agua) que constituía un afluente superior del de Guayadeque.

Caldera de los Marteles 2

Caldera de los Marteles. Google Maps.

Es difícil hacerse una idea de cómo era aquel curso de agua si se observa el paisaje actual y más si se tiene en cuenta que el Barranco de Madre del Agua pasaba y se encajaba en una estrecha garganta justo debajo de lo que hoy es el Morro de La Caldera (1.696 m.) (2) y los otros promontorios que se yerguen a su sudoeste.

 

En los primeros momentos de la erupción, afloró magma por la grieta originaria que taponó el curso de la barranquera, bloqueando también el curso de las aguas de lluvia. Si excluir esta posibilidad, a principios de la década de 1960, se consolidó la idea de que la génesis geológica de la Caldera de los Marteles había estado dominada por un súbito hundimiento (Macau Vilar, 1959 y Hausen, 1960), tal y como ocurrió con los edificios de Bandama y Tejeda.

El hundimiento del terreno sobre el que habían surgido numerosas bocas volcánicas adayacentes se produjo en el momento en el que la capa que recubría la cámara magmática ya vacía, por haber sido expulsados todos los materiales, no pudo soportar su propio peso.

Literalmente, se hundió, dando lugar a una amplia cavidad que hoy salta a la vista. Según el geólogo Macau Vilar, en aquel colapso se hundieron no menos de 110 millones de toneladas de rocas volcánicas.

La teoría del colapso de la Caldera de los Marteles pondría en relación a otros centros eruptivos del mismo episodio eruptivo. La Calderilla y el Morro de la Caldera, por ejemplo, según esta teoría, no serían más que otras manifestaciones del mismo fenómeno, probablemente otras bocas de la erupción, aunque de diferente tamaño y génesis.

El mismo Morro Garañón (1.586 m.) (1) sólo sería un sombrero piroclástico, resultado del apilamiento y abombamiento de diferentes series de materiales volcánicos.

Dentro de los bordes de la Caldera de los Marteles, es visible la superposición de coladas basálticas (4) anteriores a la formación de la depresión, que quedaron a la luz cuando el fondo se hundió. Sólo un punto de todo el borde de la caldera, se construyó con otros materiales, el lado sur (5), formado por la acumulación de cenizas, aunque en menor medida también un pequeño sector del lado noreste.

Ese lado ha quedado levantado, no tanto porque se haya acumulado un gran depósitos de cenizas arrojadas por el volcán, como porque debajo se encontraba un resalte del terreno que marcaba la divisoria de agua de dos barrancos. A un lado, el de Guayadeque, y, al otro, el de los Cernícalos.

La pared de esta zona noreste aparece cortada por un dique (6) que se orienta hacia el centro de la caldera. El dique es lo que queda de un centro de emisión de lavas (chimenea) que se solidificó bajo tierra cuando dejó de fluir el magma.

El dique, más duro y compacto, vio como, con el tiempo, la erosión atacaba la zona que lo rodeaba. El resultado se puede ver, el dique quedó suspendido como una pared de piedra sobre una ladera en progresiva desaparición.

Aunque el fondo de la Caldera de los Marteles es plano, ello no debe inducir a un error de interpretación. Los materiales concentrados allí en su mayoría no tienen relación con la erupción que la creó. Son el resultado del arrastre continuado de sedimentos por parte del Barranco de la Madre del Agua.


La extensión del depósito, probablemente más de dos millones de metros cúbicos, llama la atención sobre la erosión y el arrastre natural de los cursos de agua. Y todo, cuando el cauce del barranco tiene un desarrollo que apenas llega al kilómetro y poco.

El fondo de la Caldera es plano sólo en apariencia. La apariencia que da el aplanamiento de la extensión para el desarrollo de tareas agrícolas. Hay que tener en cuenta que la Caldera surgió en medio del curso de un barranco y, como tal, sigue colgada en un lugar poco estable.

De hecho, el terreno sigue asentándose, como demuestran algunas fallas concéntricas de varios metros de longitud parecidas a surcos y situadas en el lado sur (7). En los otros lados del borde de la Caldera, en el lado norte y en el flanco sureste, se acumulan restos petrificados de las lavas espesas (ácidas) emitidas durante el proceso eruptivo.

La Calderilla

Aproximadamente un kilómetro al nororeste en línea recta y por encima de la Caldera de los Marteles, se encuentra el otro gran centro eruptivo de la zona. Se trata de la comentada Calderilla, un cráter de forma elíptica cuya porción más alargada sigue claramente el trazado de la fisura o grieta original. Está a 1.860 metros de altura sobre el nivel del mar, a sólo 90 metros de la cima más elevada de la isla de Gran Canaria, el Pozo de las Nieves. Es la caldera ubicada a mayor altura en Gran Canaria.

Caldereta

La Calderilla. Google Maps.

De hecho, está muy cerca del Pozo de las Nieves (al este) y del Roque Redondo (1.919 m.) otro resto eruptivo de la zona.

 

La Calderilla presenta dos claras bocas, una explosiva, la mayor y más visible, y otra efusiva, por la que se expulsó la lava, situada junto al borde sur. Este cono adventicio presenta características propias de los volcanes estrombolianos, ésto es, una configuración resultado de actividades explosivas y gaseosas y emisiones de lava.

La pequeña entidad de la erupción lávica de La Calderilla queda patente por el corto recorrido en línea recta de la lengua de lava, apenas 1.200 metros y por su exiguo espesor. Una densidad que la ha hecho vulnerable a la erosión de los agentes atmosféricos (meteorización).

Así, en el fondo de la cabecera del Barranco de Guayadeque, los materiales expulsados han sido barridos y arrastrados prácticamente por las avenidas de agua. Sólo es posible reconocerlos en algunas partes del borde del cauce. Para ser más precisos, la erupción que originó el primer edificio volcánico y el mayor estuvo condicionada, como en el caso de la Caldera de los Marteles, por la existencia de agua. Líquido que debió proceder de la misma red de barrancos.

Este tipo de volcanes, caracterizados por el desarrollo de abundantes masas gaseosas, se denomina ‘maar’. La existencia de agua durante el proceso eruptivo se detecta por la presencia de un tipo de picón áspero (acrecionario), pero también por otras características, como la relación de cinco a uno entre la altura y el diámetro del edificio.

El cono de La Calderilla está formado por una alternancia de capas de picón negro, cuyo tamaño varía entre los 4 milímetros y los 3,5 centímetros y otros materiales, todos de pequeño tamaño. Por contra, se encuentran desperdigados por la zona bombas volcánicas de hasta un metro de longitud.

Por último, resta la descripción en detalle de otros tres restos de aparatos que sirvieron con toda probabilidad de salideros durante la erupción. Edificios volcánicos asociados a este episodio eruptivo, entre otras razones de peso, porque están alineados siguiendo la misma orientación que la fisura o grieta que dio origen a la Caldera de los Marteles y a la La Calderilla.

Uno de estos salideros es el comentado del Morro de la Caldera (2). Es un cono de cenizas situado al este de La Calderilla, junto al muro de la Presa de Cuevas Blancas (8). Está formado por escorias y picón de color negro que dan lugar a un pequeño cono adosado a la ladera. Sus dimensiones son respetables: 100 metros en sentido norte-sur y unos 175 metros en la trayectoria este-oeste. Su altura es de unos 30 metros sobre la base. De este cono, sale una diminuta colada que recorre un corto trecho en sentido norte-sur.

Otro de los aparatos secundarios es el doble cráter de la cabecera del Barranco de los Cernícalos, el Morro Garañón (1). Se localiza al sureste, por debajo de la carretera que comunica la Caldera de los Marteles con el barrio de Cazadores. Es un edificio de características estrombolianas, ligeramente elíptico, de 60 metros de ancho por 100 metros de largo. Aunque tiene una colada en su costado, tampoco llama la atención su longitud (apenas unos 100 metros).

El último de los centros de emisión contemporáneos de la actividad de la Caldera de los Marteles es un volcán situado en la misma carretera de Cazadores (3). El cono está formado por una alternancia de capas de picón con escorias finas y no pocas bombas de tamaño regular, aunque el tamaño de los productos emitidos aumenta a medida que se sube hacia su cima. El cráter emitió también una colada muy corta, aunque se conserva muy bien porque la superficie del malpaís ha sido colonizada por la vegetación

(*) Los números se refieren a la localizaciones descritas sobre el mapa adjunto situado justo debajo de estas líneas.

Caldera de los Marteles

Guía práctica

Breve descripción general

La Caldera de los Marteles y La Calderilla son dos conjuntos eruptivos pertenecientes al ciclo volcánico reciente de Gran Canaria, que se desarrollaron como consecuencia de un mismo ciclo eruptivo, probablemente durante la etapa holocena o a lo largo del pleistoceno superior (unos 10.000 años o 15.000 años atrás). La Caldera de los Marteles se encuentra dentro del término municipal de la Vega de San Mateo. Su fondo se sitúa a los 1.459 metros sobre el nivel del mar, unos ochenta metros por debajo de sus bordes más altos. De forma elíptica, tiene un eje largo de 850 metros y uno corto de 650 metros. En el fondo, el eje mayor se extiende 475 metros y el corto, 370 metros. El perímetro de su borde suma 2,5 kilómetros. La Calderilla, por su parte, está situada en el término municipal de Valsequillo, a unos 1.000 metros de la anterior. Tiene un diámetro de unos 200 metros y una profundidad media de unos 60 metros. Además de las calderas mayores, sobre la alineación de la fisura original aún hay tres conjuntos estrombolianos que debieron funcionar como bocas efusivas laterales de las principales. Todos los edificios volcánicos del conjunto forman parte del Reserva Natural Especial de Los Marteles.

Cómo ir

Por carretera, se puede llegar desde Las Palmas de Gran Canaria (43 kilómetros) por Cueva Grande tras desviarse por el asfaltado que baja por Cazadores hacia Telde. Tanto La Calderilla como la Caldera de Los Marteles, se encuentran en el lado derecho de la vía. La primera, a 1.200 metros del cruce; la segunda, a 3.400 metros del mismo punto y tras superar la Presa de Cuevas Blancas. Desde Telde, el camino es el inverso (16 kilómetros). Hay que tomar la carretera a Las Breñas y a Cazadores.

Ruta a pie

Pero, si se quiere dejar el coche y hacer algo de ejercicio, y, sobre todo, ver con detalle cada uno de los espacios y elementos volcánicos de la descripción, lo mejor es seguir un recorrido a pie por esta ruta geológica de Gran Canaria. La más lógica es la que atraviesa todos los conos volcánicos y que desciende del Pozo de las Nieves hasta Cazadores (ver mapa) con un trazado de 7 kilómetros de longitud. También se puede dejar el coche en Cazadores y subir, para luego bajar a recogerlo siguiendo el mismo itinerario.

Qué ver también

Vegetación. Además de los pinos canarios jóvenes de repoblación de la zona, una especie que comenzó a ser talada desde el siglo XVII; el monte bajo presenta un gran interés. Con una guía de especies vegetales canarias en la mano y ganas de caminar, se puede descubrir un complejo mundo que escapa a la vista

Alojamientos

Si necesitas un lugar donde quedarte para descubrir la Caldera de los Marteles y lo mejor del volcanismo de Gran Canaria, aquí tienes una corta, pero bien elegida, relación de alojamientos en Telde.

Datos útiles

En Cazadores, hay una tienda de comestibles que, en cualquier caso, está cerrada los domingos. En el mismo barrio, hay un par de bares. En la Cruz de Tejeda, en Cueva Grande y en el desvío a esta población, también se pueden encontrar restaurantes.

Más información

– Hansen Machín, Álex: ‘Los volcanes recientes de Gran Canaria’. Cabildo de Gran Canaria. Ed. Rueda. Madrid. Madrid, 1987.

– Instituto Tecnológico Geominero de España. ‘San Bartolomé de Tirajana’. Mapa Geológico de España. Madrid, 1990.

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About Sergio Suárez Benítez (95 Articles)
Periodista, curioso empedernido, interesado con intereses que alimentan el espíritu y un enamorado de las Islas Canarias, mi hogar y el lugar de mis mejores sueños.
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