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Castillos de Lanzarote, fortalezas con vistas al mar (y la historia canaria)

Lanzarote vivió durante cuatrocientos años temerosa del mar, de los enemigos que desde detrás del horizonte sólo se acercaban a la isla para saquear, tomar esclavos y destruir. Para conjurar ese peligro, la isla se fue dotando en diferentes épocas de una sinuosa línea de torres, garitas y castillos. Esta es la historia de los castillos de Lanzarote.

Unos baluartes tan poco eficaces que no acabaron con los ataques, si acaso contribuyeron ocasionalmente como elementos disuasorios. De las defensas de Lanzarote, sólo resta media docena de edificaciones. Una ruta que recorre la isla de norte a sur, permite visitarlas y conocer al mismo tiempo el periodo más incierto de la historia de los lanzaroteños.

Castillo de Guanapay

Castillo de Guanapay.

Lanzarote no es la tierra canaria más cercana a África, la costa de Corralejo es por un escaso margen la más próxima. Sin embargo, la isla fue, con diferencia, la más afectada por los ataques piráticos a lo largo de más de cuatrocientos años. En ello, influyó desde que el alisio hacía fácil la arribada hasta su costa, hasta la riqueza de sus clases nobles pasando inevitablemente por su número de habitantes.

Precisamente, dos de esos ataques, los que protagonizaron en 1551 el pirata turco ‘Cachidiablo’ y el francés ‘El Clérigo’ como se les conocía en las Islas acabaron por convencer a Agustín de Herrera, el señor de Lanzarote, de que era preciso construir una fortaleza capaz de resistir los ataques, acoger a las personas de condición de la isla, pero, sobre todo, necesaria para guardar los caudales y objetos de valor. Y éso era así porque era frecuente que los moriscos o los esclavos que residían en Lanzarote descubrieran a los piratas los escondrijos de los objetos de valor para ser liberados.

Para esta obra, se decidió la ampliación de la torre de planta cuadrangular que había levantado Sancho de Herrera, marqués de Lanzarote, a principios del siglo XVI, a todas luces insuficiente.

La torre se encontraba situada en la cima del Volcán de Guanapay, por lo que al reducto se le llamó en lo sucesivo con ese nombre aunque también recibió el de Santa Bárbara. Ocupaba -y ocupa- una explanada en el extremo oriental de la cima desde la que se divisaba Teguise, por entonces capital de la isla y sede del marquesado. Mucho se ha buscado la torre que se levantara entre 1320 y 1339, uno de los primeros conquistadores, el genovés Lancelloto Malocello, y, a falta del hallazgo, se ha supuesto que podría tratarse del mismo fuerte de Guanapay. Su espacio central correspondería a la primitiva torre.

Los trabajos de ampliación se prolongaron durante veinticino años, permitieron añadir a la edificación un cuerpo más bajo en el ángulo sur, con algunos aposentos, dejándolos englobados por una construcción de planta romboidal de murallas de mampostería, en cuyo patio interior se abría un patio.

Adosados a la muralla se alineaban por los cuatro costados del patio las estancias del refugio sobre cuyo enviado se asomaban los defensores a las almenas del castillo formando un corredor para el fuego de artillería.

Un fuego que, en teoría, era considerable ya que estaba formado por veinte piezas. No en vano, durante muchos años este castillo fue el mejor artillado del Archipiélago.

Así es como podemos contemplarlo hoy tras algunas edificaciones y restauraciones. Y así fue como resistió, aún sin haberse concluido totalmente los ataques de los piratas Calafat y Dogalí en 1569 y 1571.

Aunque ello no impidió que en 1598 sus cien hombres se rindieran a George Clifford, Conde de Cumberland, sin disparar un solo tiro cuando vieron el tamaño de los cañones que los piratas empezaron a colocar para tirarles.

Un año después, en 1599, la marquesa de Lanzarote accedió a los ruegos del Cabildo de Gran Canaria para venderle seis cañones del Castillo de Guanapay. En Gran Canaria, aún estaba presente el ataque holandés de Van der Does de ese mismo año y buscaban cañones a toda costa entre las fortalezas de las Islas para reartillar los castillos.

Sin embargo, una orden real de Felipe III obligaba a la marquesa, y por todos los medios posibles, a contribuir en la defensa de la isla de Lanzarote. Cuando ésta reclamó a la capital grancanaria los cañones de uno de sus castillos de Lanzarote, sólo consiguió meterse en pleitos judiciales que se prolongaron durante 81 años.

Mientras, el Castillo de Guanapay, falto de cañones, fue languideciendo. Informes posteriores (1667) sólo se refirieron a la fortaleza como un edificio inservible y sin interés para la defensa de la isla de Lanzarote.

Para el año 1805, las piezas de la fortaleza sólo disparaban en Carnaval y fuera del emplazamiento del fortín.

La torre de Malocello

Sin embargo, el Castillo de Guanapay no es el más antiguo de la isla, al menos hasta que no se demuestre su ascendencia en la torre de Malocello. Durante muchos años, también se especuló con la localización de la villa de San Marcial del Rubicón levantada por Jean de Bethencourt, que fue sede del primer obispado de Canarias y del fuerte del Rubicón, la construcción más antigua del Archipiélago canario.

Torre del Águila

Torre del Águila.

En 1960, los hermanos Serra Rafols, dos investigadores del pasado canario, localizaron en el sureste de Lanzarote varios muros de barro y piedra que confirmaron como el viejo poblado del Rubicón. En unos centenares de metros, aparecieron los restos de la primera iglesia de 1402 que, dos años después, sin dejar de ser ermita, tomó la condición de catedral.

Junto a la iglesia se descubrió un cementerio, un edificio donde se fabricaban diferentes objetos de utilización común en la colonia, probablemente redes y vasijas, y una torre.

La torre es cronológicamente anterior a la de Rico Roque y Valtarahal de Fuerteventura, alzadas por la misma expedición. Estos edificios perduraron en su función hasta bien avanzado el siglo XVI. El culto a San Marcial no se desplazó hasta Yaiza hasta el siglo XVII, sobre todo por los ataques piráticos que saquearon en numerosas ocasiones el templo.

Pero la Torre del Rubicón no fue la única que desapareció. Sobre el Islote del Quemado, en Arrecife, se levantó un pequeño baluarte de forma cuadrada con esquinas en punta de diamante, mitad de mampostería, mitad de madera. Precisamente la madera fue su perdición, porque los argelinos del pirata argelino Morato Arráez, que atacó Lanzarote en 1586, lo hicieron arder. De ahí el nombre del islote. Y no se pensó en reconstruirlo o sustituirlo por otro hasta 80 años más tarde. No hay que olvidar que Arrecife contó hasta mediados del siglo XVII con no más de diez viviendas y una población irrisoria, dedicada en su mayor parte a la atención de los barcos que recalaban en sus dos fondeaderos naturales. Teguise seguía siendo la capital de la isla.

También desaparecieron otras obras más frágiles como las garitas del Reducto y cinco atalayas más ubicadas hacia el norte alguna de las cuales desafía el tiempo, como la de Caleta Larga.

Estas construcciones constituyeron una eficaz red de alerta ante ataques, pero también una medida preventiva para evitar el contrabando durante el siglo XIX.

Castillo de San Gabriel

Castillo de San Gabriel.

Castillo de San Gabriel

Probablemente, la construcción del Castillo de San Gabriel se inició en 1598, cuando se desechó la posibilidad de reconstruir el Castillo del Quemado y cuando la isla había sufrido en ese escaso periodo al menos ocho ataques.

No obstante, la construcción que hoy podemos admirar data de la última mitad del siglo XVII. Se trata de un edificio de planta cuadrada de muros recios integrado por varios cuartos de bóvedas oscuras que se comunican a través de puertas de estilo morisco. En el centro del edificio se abre un pozo al que vertían las basuras y que servía de calabozo.

Durante más de dos siglos, la celda acogió en condiciones infrahumanas a todos los reos de la Isla, recluidos allí muchas veces por motivos risibles. El pozo-calabozo no fue cegado con arena hasta 1811.

El estado lamentable que presentaban los castillos de San Gabriel y Guanapay, como indica un informe elevado al capitán general de Canarias en 1667 explica, por sí solo, por qué las defensas de Lanzarote fueron burladas repetidamente.

En el escrito, el gobernador no sólo pedía alimento, pólvora y proyectiles para los cañones, sino que además pedía una bandera para cada fortaleza.

Era normal que cuando el gobernador bajaba de Teguise a Arrecife, se arriara un trapo descosido por bandera. Al final, un comerciante compró con su dinero unas banderas “por la vergüenza de mostrar ante los visitantes de otras naciones una enseña tan indecorosa”.

En 1811, el Castillo de San Gabriel era empleado únicamente como puesto de vigía para avisar a golpe de campana de la llegada de barcos mercantes. Cosa curiosa, el Castillo de San Gabriel fue empleado al menos en una ocasión contra los mismos lanzaroteños.

En 1810, un gobernador recién nombrado tuvo que refugiarse tras sus muros para huir de la muchedumbre que no lo quería en el puesto. El gobernador no dudó en disparar sus cañones contra Arrecife.

Torriani

El ingeniero Leonardo Torriani, al servicio de Felipe II y de las inspecciones de las fortalezas canarias, visitó Lanzarote en 1587. Torriani tenía instrucciones de comprobar el estado militar de los castillos de Lanzarote y, en su caso, mejorarlos y proponer otras fortalezas que las completaran.

En su informe, el ingeniero señalaba ante la evidencia de una Villa de Teguise que él visitó meses después de ser arrasada, que la población era poco menos que indefendible.

Muy al contrario consideraba más viable aunar los esfuerzos de una defensa eficaz en un solo punto que debía estar junto al mar en el puerto de Arrecife. Allí, los vecinos y la milicia debían preocuparse en defender la parte de tierra.

Torriani quitó de las cabezas de los lanzaroteños la idea de amurallar Teguise, pero estuvo de acuerdo en cercar la defensa del islote y quitar terreno en la cima del Guanapay para evitar que los enemigos pudieran usarlo como refugio. Dejó un dibujo de la isla desde el mar y un plano de lo que debía ser la fortaleza de Arrecife.

Castillo de San José y de las Coloradas

Las Islas Canarias conocieron durante el siglo XVIII la fiebre de las fortalezas que caracterizó a los primeros reinados de los Borbones. De esa época, son los castillos de San José y de Las Coloradas y otras fortificaciones menores.

Durante los siglos XVII y el XVII el miedo a los piratas argelinos fue dando paso al terror por los ataques franceses y sobre todo británicos. Así fue como nació el Puente de Las Bolas, un levadizo de tres arcos que comunicaba Arrecife con el Castillo de San Gabriel. Posteriormente se amurallaría el acceso desde tierra con dos lienzos para evitar las batidas de fusilería. Muros que aún siguen en el lugar original.

Castillo de San José

Castillo de San José.

El Castillo de San José fue comenzado en 1774 para guardar el Puerto de Naos, al tiempo que hacia un eficaz fuego cruzado con el Castillo de San Gabriel.

El edificio es de planta rectangular, ligeramente curvado por el lado del mar, con unos muros gruesos a prueba de la artillería naval. El proyecto lo llevó a cabo el ingeniero Alfonso Ochando sobre unos planos cuyo autor se desconoce. Y no se conoce, porque sobre la realización del castillo arreció una fuerte disputa entre dos ingenieros que se saldó incluso con arresto antes de que empezaran las obras.

El edificio, que aparece coronado en su frontis con las armas reales de Carlos III, consta de dos plantas, el denominado ‘cuartel alto’ y el ‘cuartel bajo’, rodeados por varias dependencias ocupadas por la oficialidad, la cocina, un aljibe, el calabozo y otros dormitorios.

El edificio del Castillo de San José concluido en 1779. El conjunto, que podía alojar a centenares de hombres, contaba, en realidad, con una dotación de cinco o seis artilleros veteranos.

Siguiendo los mismos planes de fortificación que llevaron a la edificación del Castillo de San José en 1741, comenzaron los trabajos para levantar una torre en la Punta del Águila, hoy término municipal de Yaiza. La torre, conocida como el Castillo de Las Coloradas, la Torre del Águila, del Rubicón o incluso de San Marcial, guarda un extraordinario parecido con la de Gando en Gran Canaria, edificada en la misma época.

El torreón presenta una planta circular con una espaciosa habitación abovedada que descansa sobre un pilar central. El suelo enmaderado oculta el espacio dedicado a almacén a modo de sótano.

El aljibe, pieza imprescindible en un recinto que tiene que ser autosuficiente, se encuentra ubicado entre la bóveda interior y la explanada superior.

En este espacio, que domina una buena porción del sur de la isla, se montaban dos cañones que disparaban proyectiles de casi kilo y medio de peso. El castillo fue reacondicionado en 1767 y restaurado dos años después a causa de los desperfectos que provocaron los argelinos en su ataque de 1749. Tras quedar fuera de uso aún sufrió otras remodelaciones, como sólo se merece una de las reliquias del pasado de Lanzarote.

Moros en la costa

Lanzarote no sólo recibió ataques exteriores, los lanzaroteños también se ocuparon de organizarlos sobre la costa africana durante más de cien años (1467-1586). Unas razzias que recibieron el nombre de ‘cabalgadas’ y no tenían más motivos que el comercial, porque invariablemente se iba a la caza de esclavos.

Cautivos que más tarde vendían en pública subasta en Gran Canaria para el trabajo en ingenios o eran retenidos en Lanzarote donde llegaron a sumar un millar de almas. Extraordinariamente, los señores de Lanzarote organizaban expediciones para rescatar a los isleños que habían sido apresados en ataques anteriores a Lanzarote.

Pero ésto sólo ocurría cuando su número o la importancia de los cautivos lo hacía necesario. Como la expedición de ‘paz’ organizada para liberar a cambio de dinero a Inés Peraza, señora de Lanzarote.

En las expediciones, se empleaban los barcos de pesca de la isla y tenían una duración media de un mes, aunque algunos señores más atrevidos, navegaban más lejos hacia el sur, hacia Senegal, para seguir surtiendo al mercado de esclavos negros.

A veces, los gastos de estas armadas eran tan elevados que los marqueses de Lanzarote tenían que organizarlos con los señores de Fuerteventura. El negocio fue, a la larga, decayendo en la medida en que fueron desapareciendo los ingenios de azúcar canarios, que no podían competir con los de la costa africana.

A pesar de que para el año 1590 ya no se organizaban ‘cabalgadas’, los moros seguían atacando Lanzarote. El mismo rey Felipe II envió una carta a Agustín Herrera y Rojas, marqués de Lanzarote, para que no organizara más expediciones y, en consecuencia, no provocara más ataques de represalia.

No sirvió de nada. En 1586, el pirata argelino Morato Arráez tomó como esclavos a 1.000 lanzaroteños para pedir sus rescates. Los cautivos se habían ocultado en la Cueva de los Verdes habiendo sufrido sitio durante semanas.

Guía práctica

Situación

La Ruta de los Castillos de Lanzarote se orienta de norte a sur desde la Villa de Teguise y el Castillo de Guanapay hasta los restos de San Marcial de Rubicón en Playa Mujeres. El itinerario de 48 kilómetros sigue, después de bajar del Guanapay, la carretera que conecta Teguise con Arrecife. En la capital, un desvío lleva al Castillo de San José en el Puerto de Naos. El Castillo de San Gabriel se halla frente a la ciudad. Siguiendo la autovía desde Arrecife a Yaiza, un desvío a la izquierda conduce a Femés y desde allí a Playa Blanca. A unos tres kilómetros de esta población, se encuentra el Castillo de Las Coloradas. La última parada de la ruta de los castillos de Lanzarote conduce hasta Playa Mujeres donde se encuentran los restos de El Rubicón.

Qué ver también

Castillo de Guanapay. El recinto amurallado acoge el interesante Museo de la Piratería de Teguise además de exposiciones no permanentes. Horario: abierto todos los días de 10.00 horas a 16.00 horas.

Casco histórico de Teguise. Uno de los viejos conjuntos urbanísticos mejor conservados de Canarias. Interesante arquitectura popular.

Castillo de San Gabriel. El fuerte exhibe una exposición permanente de restos arqueológicos, en su mayor parte provenientes del yacimiento de Zonzamas y del de Teguise. Horarios: abierto todos los días, a excepción de los domingos. De 10.00 horas a 17.00 horas en invierno y hasta las 16.00 horas, en verano. Los sábados sólo hasta las 14.00 horas.

Iglesia de San Ginés de Arrecife. Templo de tres naves y cinco altares. Interesante capilla de Los Dolores. Destacan la torre (1843), el coro y su sillería y un parasol oriental de damasco blanco rameado de amarillo de origen portugués (1812).

Dónde comer

Castillo de San José. Acoge un reputado restaurante.

Dónde alojarse

En este enlace, tienes una selección muy completa de hoteles en Lanzarote.

Más información

– ÁLVAREZ RIXO, J. A: ‘Historia del Puerto de Arrecife’. Cabildo Insular de Tenerife, 1982.

– RUMEU DE ARMAS, Antonio: ‘Piratería y ataques navales contra las Islas Canarias’. CSIC. Madrid, 1945.

 Castillos de Lanzarote

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About Sergio Suárez Benítez (78 Articles)
Periodista, curioso empedernido, interesado con intereses que alimentan el espíritu y un enamorado de las Islas Canarias, mi hogar y el lugar de mis mejores sueños.
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