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Sabinar de La Dehesa: el bosque animado del Hierro

En un extremo de la isla de El Hierro, en la superficie amesetada de La Dehesa, crece uno de los sabinares más extensos de Canarias. Es el Sabinar de La Dehesa. Mezclados con jaras, tomillos, damas, tabaibas y verodes los árboles de este bosque aislado se defienden en retroceso por el terreno que un día les perteneció y que perdieron por la mano del hombre, sus animales y las talas indiscriminadas. Las populares figuras retorcidas de este bosque que parece animado, son el paradigma de una realidad palpable. Es la lucha sorda de una especie vegetal por sobrevivir.

El Sabinar de La Dehesa se sitúa en el extremo occidental de la isla de El Hierro. Los árboles se arremolina en diferentes concentraciones sobre una extensión de unas 30 hectáreas y a una cota que va desde los 400 metros a los 575 metros sobre el nivel del mar. Este bosquete de sabinas es tan amplio como dispersos.

Vista panorámica de la Dehesa del Hierro

Vista de La Dehesa.

La mancha más tupida se concentra en las laderas de El Jaral (500-575 m.) y en las cercanas montañas de Marcos y Escobar (1 y 2) (*). La dispersión es consecuencia de la persistente actividad del hombre que aprovechó los recursos madereros de la zona y explotó el lugar de forma intensiva como dehesa para pasto de cabras y de ovejas.

 

Prueba de ello, es la denominación administrativa del lugar -Monte Consorciado del Sabinar-, pero también el muro de piedra seca que separa la zona de pastoreo y que llega hasta la vecina Ermita de Nuestra Señora de los Reyes. Ese muro corrido, y la cancela de entrada, marcan el límite oriental y noreste del Sabinar de la Dehesa. Las otras marcas naturales son, por el norte, la fuga del risco que cae sobre la Punta de La Dehesa; por el oeste, los altos de la Hoya del Verodal, y, por el sur, el Valle Quemado.

Las sabinas no ocupan una superficie continua, ni una densidad homogénea y hasta en algunos puntos resulta difícil determinar su verdadera extensión. En ello, ha influido el sobrepastoreo y la competencia de otras especies que forman el sotobosque del lugar, en particular, jaras, tomillos, damas, tabaibas e incluso vinagreras.

Hasta la década de 1950, en que se levantó la cerca, el monte bajo del Sabinar de la Dehesa estaba ocupado ampliamente por las gramíneas de los pastizales. Un espacio que, poco a poco, han ido ganando los tabaibales y los jarales en detrimento de la regeneración del sabinar.

Es un hecho, que, en las zonas bajas del Sabinar de La Dehesa, no se encuentran ejemplares de sabinas jóvenes que hayan conseguido germinar con éxito. En los claros, hasta han llegado a aparecer los mejor adaptados verodes. El sabinar sólo se amplía gracias también a la mano del hombre que ha cortado el sotobosque con fines proteccionistas, como es el caso de los altos de El Jaral o de Valle Quemado.

Pero el progreso del sabinar tiene otros límites, los naturales. Los conos volcánicos que forman la Montaña de Marcos (444 m.) (1) y la de Escobar (452 m.) (2) presentan superficies de material disgregado donde difícilmente pueden germinar las sabinas. Otros de los impedimentos son el cambio del régimen de vientos y las alteraciones en el nivel de humedad. Una humedad que salta a la vista al contemplar las hebras de musgo que cuelgan de las ramas de las sabinas y que aprovechan el agua contenida en el aire.

Los vientos constantes dan al bosque esa apariencia particular con un aspecto achaparrado, pero también dificultan la extensión de la masa vegetal en otros sentidos diferentes del que sigue el curso del aire.

Atendiendo a su naturaleza no homogénea y a las condiciones que ha impuesto el hombre y naturaleza, el bosquete del Sabinar de La Dehesa se puede dividir en varios espacios independientes. En términos generales, se puede hablar de un tapiz vegetal formado por las sabinas y su sotobosque, que, desde el sur al norte, va variando su composición y número en favor de los árboles y en detrimento de los arbustos.

El límite inferior, una zona en la que resulta raro encontrar sabinas (menos de un 10% de la cubierta vegetal), podría marcarse con el tramo comprendido entre el Barranco del Borque y la orilla derecha del Barranco Charco del Cordero. Esa parte del Sabinar de La Dehesa está formada por una cubierta arbustiva dominada por jaras y por tabaibas amargas, aunque en la zona del acantilado -donde hay proporcionalmente más humedad- resulta más fácil encontrar vinagreras y verodes, así como líquenes sobre las piedras que toleran una mayor proporción de sal en el aire.

La Dehesa del Hierro

Panorámica de La Dehesa.

Este espacio es el que más se ha visto afectado por la acción pastoril, aunque las talas y los incendios también se encuentran entre las causas de la desaparición de las sabinas. Entre ambos barrancos, crecen todavía pastizales en los que abundan, además de las jaras, el tomillo, el bobo o el incienso, y algunas plantas con flores como el tasaigo y el ajinajo. Aquí, la insolación es mayor y la humedad proporcionalmente más baja. La bruma queda relegada a otras partes más altas de La Dehesa.

 

Al sur de Valle Quemado, se sitúa una zona donde el sabinar no está aún definido. Se trata de sabinas aisladas con un sotobosque, unas veces de jaras y otras de damas. La presencia de los árboles es una muestra de que en tiempos anteriores a la conquista de la isla de El Hierro, el bosque debió ocupar esta zona hoy degradada.

Los ejemplares de sabinas presentan un aspecto achaparrado (arborescente) y nunca alcanzan más allá del 25% de la masa vegetal de la zona. Donde domina la jara, abunda también el verode y la tabaiba que comparten su espacio en algunas zonas con el sotobosque de dama. Este es un lugar en el límite de las brumas donde la dispersión de los árboles favorece un mayor grado de insolación que beneficia a las especies situadas en el suelo a un nivel más bajo. Son los lugares donde la sabina obtiene más resistencia en su lucha por conservar su espacio. La distribución de especies de esta zona volverá a repetirse como un calco al norte de El Jaral.

Allí, el Sabinar de La Dehesa vuelve a clarear. Como en las zonas más bajas, son frecuentes sobre el suelo los troncos podridos y las ramas secas, ejemplo de la deforestación y de la lucha desigual con especies más competitivas.

El área de Valle Quemado es el siguiente espacio independiente. El topónimo alude a un acontecimiento muy relacionado con el sabinar. Ésta fue una de las zonas más afectadas por un incendio que asoló el monte del Sabinar de La Dehesa en 1909. En el lugar, domina un sabinar poco espeso con un extenso sotobosque de jaras. El porte y la frondosidad de las sabinas es patente.

La ausencia de una trama vegetal arbórea más tupida se debe sin duda al pasado heredado, particularmente a las talas. En los alrededores de Valle Quemado se invierte la situación que domina al sur, aquí son abundantes los brotes de sabinas.

Casi en el extremo norte, en El Sabinar, entre los 450 metros y los 500 metros de altura, se encuentra el bosque denso propiamente dicho, al que acompaña también aquí el sotobosque de jara. Es la parte, donde el alisio proporciona la saturación de agua ideal para el crecimiento de las sabinas.

Entre El Sabinar, al sur, y El Jaral, la norte, la exposición al sol se reduce. La sombra que aportan los árboles y la capa casi permanente de nubes hace casi imposible el afianzamiento de un sotobosque más extenso y variado.

Pastos comunales

Los altos de La Dehesa fueron entregados por el último conde de La Gomera a los herreños en el siglo XVIII. Hasta mediados de ese siglo, los pastores de la isla conducían sus ganados por turnos hasta los pastizales del sur de la planicie, zona que es la que hoy presenta una menor concentración de sabinas.

Santuario de Nuestra Señora de los Reyes

Ermita de Nuestra Señora de los Reyes.

El pastoreo en La Dehesa se centraba, sobre todo, en los meses de diciembre a abril, época en la que, gracias a las lluvias caídas del invierno, se producía un considerable crecimiento de los pastos. 200 rebaños (unas 5.000 ovejas, en los mejores momentos), llegados desde todos los puntos de la isla de El Hierro, subían hasta allí en la década de 1940.

 

Hoy, el Cabildo Insular de El Hierro sigue un escrupuloso régimen de explotación de los pastos, aunque, de todas formas, en los últimos años, no se ha llegado a superar la concurrencia de más de mil animales, unas 500 ovejas, medio centenar de cabezas de ganado vacuno y otros dos centenares de cabras.

Además del pastoreo, como se ha comentado, también fueron frecuentes las talas. La extracción de madera, aunque proveniente en muchos casos de este monte comunal, nunca estuvo sujeta a restricciones. Los arbustos acabaron por mermar la cubierta del bosque y aislarlo prácticamente en la parte occidental del espacio.

Un dato significativo a este respecto. En la isla de El Hierro, el entramado de las techumbres de las casas tradicionales canarias, más que ninguna otra parte de las viviendas, se completaba con madera de sabina. Pero las vicisitudes del bosque autóctono no acabaron ahí. En 1946, Serrador, capitán general de Canarias -un topónimo alusivo al fruto de la faya-.

Las parcelas fueron entregadas a los vecinos de Sabinosa que tenían dificultades para cultivar los terrenos cercanos al barrio por su pendiente. Se roturó entre los 800 metros y los 1.000 metros de altura y las cercas que se levantaron para proteger los cultivos acabaron por preservar numerosas sabinas que crecían en los puntos más altos del lugar.

El Instituto de Colonización conservó indirectamente también otros sabinares de El Hierro, como los de Tejutante y El Rincón, cuando propuso plantar cereales y forrajeras. La delimitación de los muros aisló aquellos árboles, sobre todo cuando años más tarde fueron abandonados definitivamente los cultivos.

El árbol multiusos

La zona de transición entre el piso basal (puntos bajos) y las zonas medias de El Hierro está ocupada por los sabinares. La sabina es una especie termófila (propia de lugares con una temperatura agradable y estable) que resiste bien la sequía, por lo que se la puede encontrar hasta los 600 metros de altura en la zona de contacto con el pinar en el sur y con la laurisilva en el arco de El Golfo (norte). Del amplio espacio que debieron ocupar los sabinares de El Hierro, hoy sólo existen comunidades extensas en La Dehesa y en las laderas altas de la zona de El Julan. Si en las primeras llama la atención la diversidad florística, en el suroreste, el sotobosque es escaso, sobre todo allí donde impera la combinación de pinos y sabinas.

Vista de Google Map de La Dehesa

Localización del Sabinar de La Dehesa (Google Maps)

La sabina de las Islas Canarias (Juniperus phoenica), con su tronco derecho, alcanza una altura que va del metro a los cuatro metros de alzada. Aunque, en casos extraordinarios y en condiciones favorables, se alcanzan proporciones que van desde los ocho metros a los doce metros. La madera de la sabina es de un color carmesí más o menos vivo, es ligera y homogénea. Es olorosa, se trabaja bien y es perdurable.

En la Península, los pastores granadinos, por ejemplo, llegaron a hacer castañuelas y violines con sus troncos. Allí era aprovechado su fruto para alimento del ganado en invierno.

Las hojas y la corteza de las sabinas contienen trementina, lo que la convierte en una especie vegetal de gran aprovechamiento terapéutico. El polvo de sabina produce una irritación local en la piel y en las mucosas que puede llegar a ulcerar en algunos casos. En dosis bajas, la sabina se utilizó en Canarias como diurético y antihemorrágico (contra hemorragias uterinas irregulares) e incluso como abortivo.

Guía práctica

Breve descripción general

El sabinar seco de la Dehesa del Hierro se encuentra enclavado en el municipio de La Frontera. Ocupa una extensión de unas 300 hectáreas en el extremo occidental de la isla y a una cota situada entre los 400 metros y los 600 metros sobre el nivel del mar. El área pertenece a formaciones geológicas recientes. La masa vegetal no es del todo uniforme consecuencias de las talas y del pastoreo tradicionales que mantuvo al espacio como zona de aprovechamiento comunal. El sabinar fue incluido en 1975 en el Inventario de Espacios Naturales Objeto de Protección Especial (ICONA). En 1987, el Sabinar de la Dehesa acabó dentro del Parque Natural del Hierro (Gobierno de Canarias). Hoy la zona protegida está englobada dentro del Parque Rural de Frontera.

Ruta

Un recorrido a pie para conocer el Sabinar de La Dehesa, puede comenzar en la Ermita de la Virgen de los Reyes. Se trata de recorrer de sur a norte cada uno de los cinco espacios vegetales que se pueden distinguir en la zona de La Dehesa (seguir el texto anterior). Unas diferencias que nacen de las distintas concentraciones y de las características de los arbustos, y la flora en general que forma el sotobosque. Para hacer este trayecto, hay que seguir campo a través porque los caminos de pastores nacieron para bordear las sabinas, no para acercarse a ellas.

Desde la Ermita de Nuestra Señora de los Reyes, hay que ir hacia el oeste unos 400 metros para ganar la orilla izquierda del Barranco del Borque. Desde allí, sólo hay que continuar hacia el norte, primero cruzando transversalmente el Barranco de Charco del Cordero, luego la zona de Valle Quemado, El Sabinar, hasta alcanzar El Sabinar y el extremo del risco sobre el acantilado de la Punta de La Dehesa. O lo que es lo mismo: Ermita de la Virgen de los Reyes – El Jaral (3,5 kilómetros/2 horas, sólo ida). Dificultad: Baja.

Qué ver también

– Restos quemados. En torno a Valle Quemado, se puede ver todavía los restos incinerados y resecos de los troncos de sabinas que ardieron en el incendio forestal de 1909. Según todos los indicios, no fue intencionado.

Ermita de Nuestra Señora de los Reyes. No hay que dejar de acudir a ver la pequeña capilla y la imagen de la patrona de la isla de El Hierro.

– Lápida conmemorativa (14). A los pies del Pico Ventejea (1.216 m) (15), en el cambio de vertiente, se levanta una lápida que conmemora el reparto de tierras que realizó el general Serrador a favor de los vecinos de Sabinosa.

– Mirador de Bascos o de El Rincón (3). Está situado a 600 metros sobre el nivel del mar, al final del camino que pasa por detrás de la Ermita de la Virgen de los Reyes y de la montaña del mismo nombre (5). Desde el santuario, a 2,5 kilómetros de distancia. Ofrece unas vistas sorprendentes de El Golfo desde su extremo occidental.

Cómo identificar la flora del Sabinar de La Dehesa

– Ainajo. Arbusto de hojas muy alargadas de apariencia espinosa.

– Dama. Arbusto de hojas planas blanco-grisáceas. Flores amarillas.

– Incienso. Arbusto gris muy ramificado y recargado de flores pequeñas.

– Jara. Arbusto de tallos vellosos y de flores amplias y rosadas.

– Tasaigo. Arbusto trepador de hojas espinosas y de fruto globoso.

– Tomillo. Arbusto pequeño y denso con un olor característico.

– Verode. Planta de tallos y hojas duras y carnosas.

– Vinagrera. Arbusto de hojas muy anchas y redondas.

Donde alojarse

En este enlace, podrás encontrar una completa relación de alojamientos en El Hierro.

Más información

– FERNÁNDEZ-PELLO, Martín L (1989): ‘Los paisajes naturales de la isla de El Hierro’. Centro de la Cultura Popular Canaria. Cabildo Insular de El Hierro. Santa Cruz de Tenerife.

– PÉREZ DE PAZ, I, DEL ARCO, M y WILDPRET, W. (1981): ‘Contribución al conocimiento de la flora y vegetación de la isla de el Hierro (Islas Canarias). Lagascalia 10 (1). 25-27. Santa Cruz de Tenerife.

– SANTOS GUERRA, A. (1980): ‘Contribución al conocimiento de la flora y vegetación de la isla de Hierro (I. Canarias)’. Fundación Juan March. Madrid.

Sabinar de la Dehesa plano

1. Montaña de Marcos. 2. Montaña de Escobar. 3. Mirador de Bascos. 4. Montaña de las Cuevas. 5. Montaña de la Virgen. 6. Montaña Tenaca. 7. Montaña Quemada. 8. Montaña de los Charcos. 9. Montaña del Escobar. 10. Montaña de los Guirres. 11. Montaña Colorada. 12. Montaña Quemada. 13. Montaña de Orchilla. 14. Monumento al general Serrador. 15. Pico Ventejea.

(*) Los números de una y dos cifras que aparecen en el texto entre paréntesis se refieren a la localización de esos lugares en el mapa adjunto.

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About Sergio Suárez Benítez (55 Articles)
Periodista, curioso empedernido, interesado con intereses que alimentan el espíritu y un enamorado de las Islas Canarias, mi hogar y el lugar de mis mejores sueños.
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