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Mesa de Mota: el brazo en alto de Anaga

La Mesa de Mota es uno de los accidentes del relieve más destacados al norte de la vega de La Laguna en Tenerife. Toma su nombre del primer propietario de aquellas tierras, cuyo apellido aparece en los repartimientos de Tenerife a comienzos del siglo XVI. Hoy, la montaña, muy alterada por la acción del hombre, es un lugar de ocio al aire libre para los laguneros que ofrece una dulce vista panorámica de la Vega de La Laguna, de la misma ciudad con el Teide al fondo en días claros. Una gozada.

La Mesa de Mota conserva mucho de su encanto natural, por sus variedades vegetales canarias, por su marcado origen geológico y por ser, además, uno de los brazos que forma el sistema montañoso del Macizo de Anaga.

La Mesa de Mota, enclavada en la divisoria de los términos municipales de San Cristóbal de La Laguna y Tegueste, se conforma como una de las últimas estribaciones del conjunto montañoso y más antiguo de la mitad oriental de la isla de Tenerife, el Macizo de Anaga.

La montaña se levanta sobre la porción oeste del conjunto, a la que está unida por el noreste mediante una cresta alargada del terreno o degollada, que se prolonga hasta el barrio de Las Canteras, y, desde allí, hasta Las Mercedes, ya de lleno en el macizo.

Mesa de Mota a lo lejos

Vista panorámica de la Mesa de Mota.

Esta suave prolongación del sistema montañoso funciona como interfluvio o separación de aguas de dos barrancos paralelos que bajan juntos desde Las Mercedes, al oeste y al este. Por el oeste, la Mesa de Mota entra en contacto con coladas basálticas, muy erosionadas.

En ellas, se puede ver todavía las lenguas de lava apiladas unas sobre otras, como corresponde a su origen, en un tiempo en el que se acumularon oleadas de magma líquido procedentes de alguna erupción desarrollada en el macizo. Estas coladas debieron discurrir por el cauce de un antiguo barranco hoy sepultado.

Al sur, en dirección a la ciudad de La Laguna, se abre un abanico de materiales sedimentarios erosionados y arrastrados desde Anaga y depositados por el agua de lluvia en todo el área. Este proceso de sedimentación sólo se produjo con posterioridad, cuando la aparición de nuevos volcanes en el sur de La Laguna, sobre la dorsal tinerfeña, cerró la evacuación de aguas en esa dirección.

Las aguas y los sedimentos no tuvieron otra salida y se amontonaron en lo que hoy es la vega lagunera. La misma existencia de una laguna de agua dulce en la comarca hasta comienzos del siglo XIX sólo se explica por este mecanismo de recepción y contención de aguas. Prueba de que este esquema sigue siendo válido son las inundaciones históricas conocidas y sufridas por La Laguna, una de las más espectaculares las producidas en 1977.

En cualquier caso, estas avenidas de aguas y sedimentos suavizaron los perfiles originales del terreno en la vega que, tras la conquista de la isla, se convirtieron en uno de los más aptos para convertirlos en terrenos agrícolas.

Cima

En lo alto de la Mesa de Mota, el altímetro marca 734 metros sobre el nivel del mar, aunque la altura sobre la pendiente de la llanura lagunera es de apenas un centenar de metros.

La Mesa de Mota presenta un aspecto algo aplanado en lo alto, en la banda del sur, de ahí su nombre de ‘mesa’. En ese punto existe, además, una pequeña depresión del terrreno. En la parte norte, se puede ver, en cambio, un leve resalte parecido a una cresta. Y es ese lugar más elevado de la montaña una de las zonas que ofrecen más elementos de juicio para determinar su origen. Su nacimiento, o más bien, su conservación, está relacionado con un fenómeno geológico denominado como relieve invertido.

La cima de la Mesa de Mota está formada por una gran plataforma basáltica que es lo que queda de una potente lengua de lava llegada desde algún punto del Macizo de Anaga y que sepultó en relieve preexistente en ese punto.

Esta costra basáltica, más dura que los materiales del entorno inmediato, resistió mejor la actividad erosiva, hasta el punto de preservar el apilamiento de lavas anteriores situados más abajo. La ‘fosilización’ del amontonamiento de coladas, unas sobre otras, hace posible que hoy las podamos ver formando bandas horizontales con sus diferentes colores a lo largo de toda la altura del conjunto.

Cada una de esas bandas constituye un suelo distinto, un paleosuelo, que se fue consolidando a lo largo de varias erupciones durante el Mioceno, en un periodo de tiempo comprendido entre los 5 millones de años y los 1,7 millones de años.

Erosión en la Mesa de Mota

Pero la erosión de la Mesa de Mota no se ha detenido a pesar de la costra que cubre la cima. Avanza lenta, pero inexorablemente. Esto queda confirmado por las denudaciones (incisiones erosivas del terreno) de la fachada de sotavento (sur) de la montaña.

En ese punto, las vaguadas, los salientes y las crestas son buena prueba de fenómeno. En los entrantes, existen unas incipientes barranqueras cubiertas por fragmentos de rocas basálticas desprendidas del risco. La alta densidad de arbustos por metro cuadrado en esas zonas impide en gran medida el desplazamiento de los fragmentos de roca.

Monumento en la Mesa de Mota

Monumento en la Mesa de Mota.

El lugar presenta numerosos terrenos de cultivo en bancales actualmente abandonados. En los salientes, los riscos verticales de casi diez metros de altura revelan por su falta de vegetación adherida la acción de lavado de su superficie y la acción erosiva en curso. En la ladera opuesta, la de barlovento (norte), el rastro de la erosión es menos acusado, presentando una cubierta de derrubios.

El suelo de la Mesa de Mota y en su entorno se han degradado y en un buen número de puntos casi ha desaparecido por la pronta tala de la cubierta vegetal, prácticamente desde la misma finalización de la conquista de la isla de Tenerife. En el entorno de la montaña, se distinguen hasta tres tipos básicos de suelo que se corresponden con otros tantos nichos vegetales. Los suelos, sus constituyentes y características son el único rastro que queda de toda la vegetación que pobló el entorno.

Uno de esos terrenos es el que forman los suelos fersialíticos del manto de derrubios y sedimentos de la vertiente sur que hasta hace poco ocupaban totalmente los cultivos agrícolas y que antes habían sido lugar de crecimiento de la laurisilva y de formaciones de fayal-brezal.

El segundo tipo de suelo es el que ocupa las partes altas del enclave, los litosoles, que acogen a comunidades rupícolas (propias de ambientes rocosos), y que sobreviven adheridas a los resquicios que ofrecen las piedras. El resto del terreno, el de las laderas, es un suelo pardo que acogió árboles, presumiblemente pinos canarios. Suelos que evocan un pasado perdido en el tiempo pero que aún es posible reconstruir paso a paso en este espacio. Uno de los atractivos de este singular enclave natural.

Cara al alisio

La Mesa de Mota se levanta justo en la franja de terreno que una la extensión, algo circular de la parte occidental de la isla de Tenerife con la cordillera del Macizo de Anaga. En ese punto, y a esa altura, la mesa recibe el mismo régimen de precipitaciones y de humedad que otros lugares de medianías. Pero, sobre el terreno, hay distinciones notables.

Las laderas del norte son, en cuanto a vegetación, muy diferentes de las del extremo sur. Las de barlovento (norte) se ven beneficiadas por el aporte de humedad que proporciona el alisio, pero también por un mayor número de horas de sol.

Esto da lugar a una flora más variada, sobre todo entre plantas autóctonas como el brezo, aquí muy degradado; pero también entre las foráneas introducidas. Son varios los lugares de interés por su importancia botánica. Estos puntos como ninguno explican el desarrollo de la montaña a lo largo del tiempo.

Uno de estos lugares especiales es una depresión situada al noroeste donde en otro tiempo se localizaba un manantial. Allí crecen aún las especies del viejo bosque de lauráceas (laureles, brezos y hasta sauces canarios), aunque no faltan en la misma zona ni las coníferas, ni especies cultivadas (tuneras, vides, almendros, piteras, zarzales, pastos, etc.).

Otro lugar de interés se sitúa al sureste de la montaña. En ese punto, otra vaguada recuerda a aquel bosque húmedo umbrófilo, tupido por plantas que necesitan poca luz, literalmente, ‘amantes de las sombras’. No es lugar de manantiales. El pequeño bosque ha crecido aprovechando la humedad contenida en los materiales volcánicos que se acumulan a sus pies. Se trata de escorias soldadas que han sido muy afectadas por las aguas de lluvia y fuertemente erosionadas.

El líquido que no puede penetrar en la costra basáltica de la cima de la montaña acaba cayendo en torno a las vaguadas y concentrándose en lugares como éstos, mucho más permeables.

Arriba, sobre esta costra dura de la cima, sólo hay espacio y nutrientes para albergar a comunidades rupícolas propias de ambientes rocosos que crecen al abrigo de las piedras, en particular, pasteles de risco, líquenes y helechos. Las rupícolas crecen cerca de un amplio eucaliptal plantado en la cumbre y bordeando las vaguadas más húmedas. La práctica inexistencia de sotobosque bajo esos grandes árboles es un escenario común, su actividad deja sin nutrientes al suelo inmediato en el que prosperan con dificultad otras especies.

Otra variedad foránea introducida es el pino (pinus insignis), que forman un pequeño bosquete en la depresión de la cima. También en la cumbre, pero en su parte este, hay una extensa pradera donde se desarrolla una comunidad de tojos que, como los eucaliptos, apenas si comparten espacio vital con otras plantas.

Por lo que se refiere a la fachada sur, la de sotavento, está dominada por arbustos de pequeño porte, tasaigo, tabaibas amargas, cañahejas, guaidiles y cerrajas que se abren paso entre tuneras y piteras. Por debajo, a los pies de la Mesa de Mota, en el punto de contacto con la urbanización, crecen comunidades de retama amarilla y abundantes pastos en baldíos, testimonios también de lo que en otro tiempo fue uno de los graneros de la comarca lagunera.

Guía práctica de la Mesa de Mota

Breve descripción general

La Mesa de Mota (734 msnm.) es una elevación del terreno que se yergue entre Tegueste y La Laguna, en el ‘pasillo’ y punto de contacto del Macizo de Anaga y la llanura en la que se asienta la Vega de La Laguna. Rodeada por una urbanización y fuertemente degradada, la mesa presenta, en cualquier caso, un notable interés geológico y botánico. Geológico, por la configuración de los apilamientos de coladas que la crearon; y, botánico, por la variedad de especies vegetales, entre las que están presentes los restos del viejo bosque de laurisilva que ocupó la zona, pero también por algunas plantas introducidas y otras de extintos aprovechamientos agrícolas.

Cómo ir

Desde San Cristóbal de La Laguna, hay que tomar la carretera que conduce a la Punta del Hidalgo. A kilómetro y medio de la salida de la población, se llega a un cruce regulado por semáforo, donde hay que tomar el desvío de la izquierda. A 150 metros de la intersección, en el lado derecho de la vía, surge un acceso señalado. Tras un kilómetro de subida, se llega a la cima. En total, desde La Laguna hay un trecho de tres kilómetros, ideal para un paseo de domingo.

Ruta

En un espacio tan antropizado, tan intervenido por el hombre, es difícil aconsejar alguna ruta a pie. Con el texto de la descripción como referencia, puede resultar fácil trazar a voluntad uno o varios itinerarios acudiendo a los lugares más interesantes. En cualquier caso, la misma carretera circular que sube a la Mesa de Mota permite tener una visión amplia y cómoda del conjunto. En coche, a pie, en moto o en bicicleta, las posibilidades de desplazamiento están abiertas.

Qué ver también

Puntos panorámicos. Desde lo alto de la montaña y desde la carretera que prácticamente la circunvala, se pueden contemplar excelentes vistas panorámicas de la Vega de La Laguna y del comienzo de las estribaciones del Macizo de Anaga. No dude en seguir las descripciones que se ofrecen en el texto a partir de esos puntos privilegiados.

Corte de cenizas. En una curva cerrada de la carretera, a unos 200 metros de la cima, la apertura de la vía dejó al aire un amplio corte del terreno. En él, se puede ver la estratificación de los distintos y coloreados productos volcánicos que dieron lugar a la montaña.

Monumento conmemorativo. En 2007, se instaló en un punto destacado de la Mesa de Mota un monumento conmemorativo en memoria de las 583 víctimas del accidente del Aeropuerto de Los Rodeos de 1977. El monumento, que tiene forma de escalera, con peldaños que simulan ascender al cielo, tiene una altura de 18 metros y es obra del artista holandés Rudi van de Wint. El monumento está orientado hacia las instalaciones aeroportuarias y en días claros se puede ver el Pico Teide.

Algunos datos útiles

Frente a los restos del campo de tiro abandonado que ocupa la parte alta de la Mesa de Mota, hay una zona de recreo, acondicionada con mesas por el Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna. Hay que pedir autorización para la estancia de grupos.

Donde alojarse

La cercana San Cristóbal de La Laguna es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco y un pretexto perfecto para descubrirla. Aquí puedes ver una relación seleccionada de hoteles con mucho encanto en La Laguna Tenerife.

Más información

– ARAÑA, V. y CARRACEDO, J: ‘Los volcanes de las Islas Canarias I’. Ed. Rueda. Madrid.

– BRAMWELL, D. y Z.: ‘Flores silvestres de las Islas Canarias’. Cabildo Insular de Gran Canaria. Las Palmas de Gran Canaria.

– GONZÁLEZ DE COSSÍO, M: La Mesa de Mota como modelo didáctico’. Revista de Geografía Canaria, nº 3 (1990). Universidad de La Laguna. La Laguna.

Mapa de la Mesa de Mota

Vista aérea de la Mesa de Mota

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