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Cementerio de Vegueta: arte para la eternidad

 

Los cementerios sustituyeron a las iglesias y conventos como lugares de enterramiento a finales del siglo XVIII. Con ello, cambió el centro ciudadano de muchas poblaciones y el perfil de sus periferias, pero también surgió un espacio cívico de referencia social destinado a una clase en ascenso, la burguesía urbana. Con los cambios, la nobleza perdió su lugar preferente en la ‘casa de Dios’. Tumbas, lápidas, nichos, columbarios, mausoleos, criptas o catafalcos forman un completo muestrario del trabajo artesano de lapidarios y canteros anónimos, pero también algunas de las obras más destacadas de artistas y de arquitectos de primer orden de las Islas. La parte más antigua del Cementerio de Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria, es un buen ejemplo. Sus calles son una auténtica galería de un arte pensado para la eternidad.

Hasta finales del siglo XVIII, los únicos espacios habilitados como lugares de enterramiento eran los recintos considerados sagrados, particularmente iglesias y conventos. Sin embargo, en 1787, el rey Carlos III, a instancias de su ministro Floridablanca, redactó un reglamento con el que se quería poner fin a estas prácticas a las que se consideraba insalubres y antihigiénicas.

Entrada principal del Cementerio de Vegueta

Entrada del Cementerio de Vegueta.

Aquella primera Real Cédula prohibió la sepultura “en el interior y cercanía de las iglesias” y obligó a la construcción de cementerios en las afueras de las poblaciones. Y es que no hay archivo público que no recoja las quejas permanentes sobre los hedores que producían los cuerpos en descomposición.

Mucho más allá de cualquier intención elemental por mejorar la salud pública, la medida era un reflejo de los tiempos. Era un paso más en la secularización progresiva de la sociedad que habían fomentado doctrinas como las de la Ilustración. Indirectamente, la construcción obligatoria de camposantos en las afueras de las poblaciones, en ocasiones, cambió el centro ciudadano, al tiempo que redefinió muchos espacios arquitectónicos.

No obstante, la primera reglamentación exigía que los camposantos fueran construidos a expensas de las parroquias. Situación que eternizó los contenciosos entre los municipios y la Iglesia, que se oponía a la medida con tanta frecuencia como se declaraba insolvente para acometer las obras.

De este modo, a lo largo del siglo XIX, menudearon nuevas reglamentaciones (leyes de 1806, 1833, 1834, 1840 y 1883), que intentaba agilizar la construcción de cementerios y mediar en el conflicto. Finalmente, se consiguió que estos recintos fueran levantados por los ayuntamientos y custodiados por los párrocos (Orden de 1833). Aún así, en 1855, había 2.645 municipios españoles que no tenían cementerio.

Tumba italiana

Tumba italiana.

En el Archipiélago canario, la situación no era muy diferente a la del resto del Estado. Aunque la Real Audiencia de Canarias había publicado en 1807 un reglamento que obligaba a la erección de los camposantos en las Islas, apenas tuvo eco. De hecho, el primer cementerio que se construyó en las Islas Canarias, el de Las Palmas de Gran Canaria, sólo fue realidad en 1811. El de La Santa Cruz, de Gáldar, fue el siguiente (1814). Más tarde se concretarían los de Santa Cruz de Tenerife (1823) y Arucas (1824). El camposanto de San Cristóbal de La Laguna sólo ser terminó en 1884.

En ocasiones, mucho más que el interés higiénico, fueron las enfermedades epidémicas y las abultadas cifras de afectados las que obligaron a los ayuntamientos a recaudar fondos para su construcción.

Cementerio de Vegueta

El primer cementerio con el que contó la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria se levantó en lo que a principios del siglo XIX formaba el extrarradio de la ciudad. El terreno -unos 3.000 metros cuadrados- se situaba en uno de los extremos del barrio de Vegueta, muy cerca de la Ermita de Nuestra Señora de los Reyes, de uno de los baluartes de la población y ante el mismo lienzo de la muralla sur.

Sepulcro de la familia García

Sepulcro de la familia García.

La decisión de realizar el camposanto surgió durante la epidemia de fiebre amarilla de 1811, como ocurrió también en el caso de Gáldar. Uno y otro, el de Vegueta y el de La Santa Cruz de la población norteña grancanaria, fueron encargados al arquitecto de la Catedral de Santa Ana, José Luján Pérez. El de la capital se terminó a principios de 1812. La construcción sólo fue posible gracias a un préstamo que realizó el obispo Manuel Verdugo en favor del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.

El edificio que diseñó el imaginero grancanario se ajusta al esquema recogido por algunos teóricos de la arquitectura de la época. Ésto es, planta cuadrada, delimitada por muros altos, y una fachada ennoblecida por un frontis clásico columnado o por un alfiz de piedra noble.

La fachada neoclásica de cantería azul del Cementerio de Vegueta presenta un amplio tímpano triangular sin decoración que se apoya sobre cuatro pilastras (pórtico tetrásilo), entre las que se abren tres vanos con arcos de medio punto que sirven de pórtico a la única entrada al recinto abierto.

La fachada actual engloba el pórtico y los cuerpos laterales que hacen de capillas (A y B) (*), pero también los extremos donde se suceden diferentes dependencias y viviendas (C y D). Se trata de un esquema muy sobrio. Los únicos motivos ornamentales se centran en el gran cuerpo central, tan solo una balaustrada, unos florones y algunos pináculos de cantería. El resto, superficies encaladas al estilo de la arquitectura tradicional canaria con reminiscencias mudéjares.

Tumbas del Cementerio de Vegueta

El camposanto divide en dos espacios bien definidos la parte interior que corresponde a la zona más antigua del cementerio, y la parte posterior, dividida en sucesivas ampliaciones, prácticamente antes del cambio de siglo.

Tumba

Tumba de 1847.

Y es la parte más antigua la que conserva la gran mayoría de las tumbas y mausoleos con interés artístico (posterior a 1847). Tras el muro de la fachada principal y los laterales, se concentran los enterramientos más espectaculares y más antiguos. Al fondo, los nichos más viejos, y, en el centro, entre las calles, criptas más recientes de familias reconocidas y tumbas de colectivos religiosos.

A la derecha de la entrada se ordenan algunas de las tumbas y mausoleos más antiguos e interesantes. La primera capilla es la dedicada a María Rusell (1868) (4) de estilo historicista, en el que destacan los resabios neogóticos. La obra fue realizada por el arquitecto y artista Manuel Ponce de León (1812-1880). Ponce dejó casi una tercera parte del total de su producción de diseños arquitectónicos en este camposanto (16 obras de un total de 60).

Justo en el lado izquierdo de la entrada, se encuentra otra capilla idéntica de la anterior (1868) (56), presumiblemente terminada por el mismo autor, aunque en este caso la dedicatoria de mármol se refiere a su propietario, Francisco Toledo. Junto a la capilla de María Rusell, se ordenan otros enterramientos de interés artístico. El primero es el sepulcro de la familia Sicilia (1870) (7). Consta de tres niveles. Los tres pináculos de la parte superior denotan su adscripción al estilo neogótico, uno de los historicismos que se convirtió en referente artístico en la segunda mitad del siglo XIX.

A su lado, se encuentran tres capillas igualmente historicistas diseñadas por el maestro Ponce de León. La primera es la de Germán Muxica (1868) (8), que conserva elementos góticos, románicos, pero, sobre todo, bizantinos. A su lado, se levanta el sepulcro de portada trapezoidal de Juan Apolinario (1867) (9), una obra ecléctica con algunos elementos simbólicos. La última es la de la familia Casabuena (1868) (10), también marcadamente geogótica.

Poema de Larra a la entrada del Cementerio de Vegueta

Poema de Larra en la entrada principal.

Más allá se sitúa otra construcción atribuible a Ponce, el monumento de Francisco Quintana (1864) (12). Es un sencillo cuerpo rectangular de cantería decorado sobriamente en los extremos. El conjunto ha perdido la cruz que coronaba el centro.

El gran sepulcro que se levanta al lado de la obra de Ponce es uno de los más espectaculares del camposanto. Se trata del que diseñó para la familia Rodríguez el escultor genovés Paolo Triscornia di Ferro en 1892 (13). El conjunto, importado en mármol de Carrara, incluye varias esculturas. El lo alto, el Ángel del Juicio; a ambos lados de la simbólica puerta, La Providencia y La Creación. Las figuras custodian la entrada que separa la vida de la muerte.

El sepulcro de Antonio de la Rocha (1861) (14) es también obra de Ponce de León. Sigue algunos conceptos estéticos neorrenacentistas, en particular, las pilastras, el frontón triangular roto o la clave del arco de medio punto. Algo escondida por su tamaño, la tumba de mármol de la familia Gourié (h. 1890) (15) exhibe un ángel abrazado a una cruz, símbolos de vida y muerte.

Sepulcro de la familia Manrique de Lara

Sepulcro de la familia Manrique de Lara

Más espectacular es el panteón que se encuentra a su derecha. El de Cristóbal del Castillo (1872-1873) (16) es una obra construida en mármol de Carrara de composición piramidal y elementos clasicistas. De todas formas, en el conjunto se distinguen varios elementos independientes: la base monumental con sus cartelas, el sarcófago con patas de león y decoración vegetal, el relieve del difunto coronado por un frontón curvo, los ángeles custodios y el Ángel del Juicio. Esta obra fue diseñada por Ponce de León.

Junto a la pared este del camposanto se sucede otra serie de sepulcros de gran valor. El primero es el que pertenece hoy a las Dominicas Misioneras (1863) (17), pero que, en principio, fue concebido para la esposa de Francisco de León, uno de los mamposteros que colaboraron con Ponce, a quien pertenece el diseño clasicistas.

Otro panteón espectacular realizado en mármol es el de los Manrique de Lara (h. 1920) (18). El monumento incluye, sobre unas gradas del mismo material, un ángel-mujer apoyado en una cruz en la que se retuerce una enredadera, símbolo de la vida. El siguiente sepulcro es el de la familia Quintana (Ponce, 1866) (19). Se trata de una capilla sencilla de corte clásico en la que los únicos adornos son un globo terráqueo, unas hojas y un reloj de arena, símbolo de la fugacidad del tiempo. El sepulcro de la familia Matos (1859) (21) es también obra de Ponce de León y quizás uno de los más clásicos de los que concibiera.

El último de los grandes enterramientos del borde este del cementerio es el mausoleo de los Manrique de Lara (Ponce, 1851) (22). El conjunto se levanta sobre un túmulo de piedra rectangular que incluye la dedicatoria. Encima, los jarrones del fuego eterno custodian el sarcófago. El diseño de Ponce, al parecer, no fue respetado en su totalidad. El autor, seguramente disconforme, dejó entre sus papeles una nota recriminatoria: “ojo, malísima egecusión”.

Muros oeste y sur

Sobre los muros oeste y sur se agrupan más capillas y enterramientos representativos. Justo en la esquina derecha del cementerio, se levanta una capilla diseñada también por Ponce, aunque levantada por Antonio Santana, uno de sus colaboradores (1866) (24). La situada en la otra esquina, la naciente (23) es, presumiblemente, de una fecha cercana y tal vez del mismo autor. La primera, de linterna ojival, guarda los restos del político grancanario y alcalde de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria Antonio López Botas.

Tumba de la familia Gourié
Tumba de la familia Gourié.

Donde terminan los nichos, se levanta el sepulcro de la familia Velázquez (1853) (25). Una obra clásica que aparece enmarcada por dos columnas clásicas de orden corintio que sostienen un frontón curvo y que incluye el escudo familiar de mármol.

Después de algunos enterramientos que contienen varios mármoles artísticos con sentidas dedicatorias, se llega a otra de las capillas sobresalientes, la de la familia García (Ponce, 1872) (34). En ella, la decoración clasicista y simbólica realizada en cantería azul se combina de manera original con la estructura compartimentada de la puerta.

Los últimos sepulcros de interés del lado interior de la fachada pertenecen igualmente a la obra de Manuel Ponce de León. En concreto, el clásico y sencillo de la familia Vázquez (1857) (37) y el sepulcro neogótico muy recargado de los Sintes (1878) (42). En él, llama la atención la linterna octogonal que remata la cúpula, los finos trabajos de talla y, por supuesto, los pináculos y las saeteras que dan a la obra un aire de fragilidad.

En el centro de la parte vieja del Cementerio de Vegueta, entre las calles y la cruz central de Ponce (3), aún restan otros sepulcros de interés. En particular, los de estilo racionalista de los Wiot y otros (60). Pero también algunas obras singulares como el de Fray Lesco (62) y el que fue levantado en memoria de los pasajeros italianos ahogados en el choque de dos buques en la bocana del Puerto de La Luz (1892) (61).

Se trata de un conjunto formado por capilla y escultura. La segunda fue realizada en mármol de Carrara por Paolo Trisconia y representa a un ángel que, en cierto modo, es un reflejo de la patria. Uno de tantos motivos del Cementerio de Vegueta diseñados para el recuerdo.

* Los números de una y dos cifras que aparecen en el texto se refieren a la localización concreta de las tumbas en el plano adjunto del Cementerio de Vegueta. Las letras mayúsculas, por su parte, señalan las ubicaciones de algunas dependencias del recinto.

Guía práctica del Cementerio de Vegueta

Cómo ir al Cementerio de Vegueta

El Cementerio Municipal de Vegueta de Las Palmas de Gran Canaria, llamado popularmente como ‘Viejo de Vegueta’, se sitúa a la salida de la ciudad en dirección sur, sobre unos terrenos utilizados en otro tiempo como tenerías y junto a la Ciudad de la Justicia.

Qué ver también en el Cementerio de Vegueta

– Techumbre del pórtico. El techo que cubre el pórtico del cementerio es de los llamados ‘de astillas’. Se trata de cubiertas confeccionadas con trozos de madera y paja que iban tapadas con cal. Muy ligeras y baratas, como productos de desecho que eran, sustituyeron a la costosa piedra de cantería desde el siglo XVIII.

– Puerta de entrada (1). El acceso principal al espacio abierto del cementerio es obra del arquitecto Ponce de León (1871). Se trata de un pequeño pórtico ecléctico de cantería que remarca un arco de medio punto. En lo alto, tallada en piedra, se pueden leer unos versos del poeta romántico Mariano José de Larra: ‘Campo de la verdad es lo que miras/ no desoigas la vos con que te advierte/ Que todo es ilusión menos la muerte”.

– Capillas (A y B). A ambos lados de la entrada se abren dos capillas. Destacan en su interior algunas figuras y retablos de finales del siglo XIX.

– Símbolos. Los sepulcros incluyen sobre sus superficies variados motivos alusivos a la vida y a la muerte (búhos, relojes de arena, serpientes, hojas de parra, enredaderas, cruces de San Andrés y de Malta y ‘alfas y omegas’.

Algunos datos útiles sobre el Cementerio de Vegueta

El horario de visitas para el público es: todos los dias de 09.00 horas a 13.00 horas y de 15.00 horas a 17.30 horas. Ocasionalmente, los días laborables, los cuidadores abren el recinto cuando inician su jornada laboral como deferencia a quienes quieren visitar las tumbas de sus seres queridos.

En la descripción de las tumbas, se ha seguido un itinerario circular, de derecha a izquierda, con los comentarios de los enterramientos situados en el centro en último lugar.

Alojamiento cerca del Cementerio de Vegueta

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Más información sobre el Cementerio de Vegueta

– GALANTE GÓMEZ, F. ‘Los cementerios, otra lectura…’ VIII Coloquio de Historia Canario-americana. Caja de Canarias, Las Palmas de Gran Canaria, 1986.

– HERNÁNDEZ SOCORRO, María de los Reyes: ‘Manuel Ponce de León y la arquitectura de Las Palmas en el siglo XIX’. Cabildo Insular de Gran Canaria, Madrid, 1993.

– RODRÍGUEZ DÍAZ DE QUINTANA, Miguel: ‘Los arquitectos del siglo XIX’. Colegio Oficial de Arquitectos de Las Palmas. Las Palmas de Gran Canaria, 1978.

Cementerio de Vegueta

DEPENDENCIAS. A. Capilla. B. Capilla, C. Dependencias. TUMBAS Y OBRAS ARTÍSTICAS. 1. Portada. 2. Esculturas. 3. Cruz neogótica (1862). 4. María Rusell (1868). 5. Familia Mendoza (h. 1910). 6. Familia Azopardo Cabrera (h. 1908). 7. Familia Sicilia (1870). 8. Germán Muxica (1868). 9. Juan Apolinario y esposa (1867). 10. Familia Casabuena (1868). 11. Familia Sáenz Tejera (1856). 12. Francisco Quintana (1864). 13. Familia Rodríguez (1892). 14. Antonio de la Rocha (1861). 15. Familia Gourié (h. 1890). 16. Cristóbal del Castillo (1872-1873). 17. Dominicas Misioneras de la Sagrada Familia (1863). 18. Panteón Manrique de Lara (h. 1920). 19. Familia Quintana (1866). 20. Familia Boissier (1858). 21. Familia Matos (1859). 22. Familia Manrique de Lara (1851). 23. y 24 Capillas esquineras (h. 1866). 25. Familia Velázquez. (1853). 26. Matías Padrón (1874). 27. Sepulcro neogótico (h. 1870). 28. Tumba. 29. Francisco Campos (1853). 30. Hipólito Verdugo (1852). 31. Sepulcro (h. 1850). 32. Familia Cabrera (1869). 33. Familia Pérez Galdós (1868). 34. Familia García (1872). 35. Josefa Delgado (1851). 36. Cayetana Muscat (1854). 37. Mariano Vázquez (1857). 38. Familia Castro Armas (1857). 39. María Mafiotte (1857). 40. Tumba (1908). 41. Familia Artiles. 42. Familia Sintes (1878). 43. Familia Melián. 44 y 45. Familia Ripoche (1853). 46. Tumba. 47. Blas y Antonia Placeres (1907). 48. Familia Avellaneda. 49. Sepulcro italiano (1889). 50. Tumba (1847). 51. Juan Doreste (1851). 52. Gregorio Chil y Naranjo. 53. Familia Matos. 54. Nichos (1908). 55 Tumba. 56. Francisco Toledo (1908). 57. Sepulcros historicistas (h. 1910). 58. Panteón militar. 59. Congregaciones religiosas. 60. Panteones racionalistas (1930-1957). 61. Tumba italiana. 62. Fray Lesco.

Vista aérea del Cementerio de Vegueta

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About Sergio Suárez Benítez (102 Articles)
Periodista, curioso empedernido, interesado con intereses que alimentan el espíritu y un enamorado de las Islas Canarias, mi hogar y el lugar de mis mejores sueños.
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