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Montaña de Guaza: de repente un volcán (y un tsunami)

La Montaña de Guaza, que se alza sobre el mar frente a la bocana del puerto tinerfeño de Los Cristianos, fue un volcán como pocos. Iba a ser un roque, como otros de la zona, pero, de improviso, creció y creció hasta convertirse en una masa enorme. La violencia de la erupción incluso creó un tsunami cuya marea penetró tres kilómetros en el Valle de Agaete, en Gran Canaria. Así se las gastó la Montaña de Guaza.

Comenzó siendo una pequeña emisión de lavas pastosas con coladas cortas que apenas se alejaron de la primitiva boca, aunque hicieron crecer en altura al edificio volcánico.

Sin embargo, un cambio súbito en la consistencia de los materiales expulsados y dos nuevos cráteres transformaron a la Montaña de Guaza en un auténtico volcán. De este modo, surgió más de la mitad del volumen de todo el conjunto y se creó la mayor parte de los acantilados de la costa. La Montaña de Guaza iba a convertirse en un roque, como los cercanos de Higara y Malpaso, pero acabó siendo un volcán más.

Montaña de Guaza 4

Montaña de Guaza

La Montaña de Guaza comenzó a formarse hace al menos 40.000 años, en el Pleistoceno. El volcán surgió en el Valle de San Lorenzo, en el extremo suroeste de la isla de Tenerife, en una zona ocupada por una sólida plataforma de basaltos horizontales antiguos. Por entre los resquicios de esta dura y compacta corteza se abrieron paso varias bocas volcánicas que dieron origen a algunos de los roques de la comarca, como los de Higara, Jama y Vento, pero también a la Montaña de Guaza.

Todas estas bocas volcánicas siguieron una misma orientación, una alineación noreste-suroeste, como corresponde con una de las líneas de debilidad estructural del Archipiélago canario y a unos fenómenos de naturaleza similar.

Sin embargo, a pesar de las semejanzas con los roques vecinos, la cima de Guaza no acabó como un roque, sino como un volcán estromboliano, como hay muchos en Canarias. Y es que su génesis tampoco fue un proceso único y homogéneo porque la Montaña de Guaza experimentó dos ciclos eruptivos muy distintos entre sí, que, a la larga, acabaron dejando en el conjunto unas señas de identidad diferenciadoras.

La erupción comenzó con toda seguridad con una emisión de gases desde una brecha abierta en el terreno sobre el punto de debilidad del basalto antiguo. Esta emisión sirvió para que gran cantidad de material fundido saltara violentamente a la atmósfera en forma de densa nube ardiente que sembró de cenizas los campos circundantes.

La disposición de estos mantos de escorias sobre el terreno estuvo, sin duda, muy relacionada con las características de la grieta inicial, pero, sobre todo, con el régimen de vientos alisios que hace 40.000 años ya soplaban en la dirección en la que lo hacen ahora.

Es muy probable que todos estos primeros materiales muy volátiles estén ahora debajo del cuerpo de la montaña, particularmente hacia el sur, a donde fueron impulsados por aquel viento. Sólo es posible seguir el rastros de estas emisiones en los agujeros abiertos, en las inmediaciones de Las Toscas (1)(*), a 20 metros por debajo del nivel del suelo actual.

Gases llenos de vigor

Pero el fenómeno volcánico prosiguió después de las emisiones de gases, si cabe, con mayor vigor. Porque a continuación se produjo una emisión de carácter ácido (muy viscosa y espesa), cuyos materiales, al llegar a la superficie, se solidificaron buscando una pequeña protuberancia (2) -un domo-, que iría ganando altura a medida de que el flujo interno iba ascendiendo.

Sin embargo, las lavas no fueron tan espesas como para que no pudieran desplazarse aprovechando la pendiente original. Algunas coladas de recorrido muy corto, aún se pueden reconocer en las laderas del noroeste (3), donde existe un resalte o bandas de tonos oscuros que marcan el primitivo frente de estos derrames.

Montaña de Guaza 2

Extremo sur de la Montaña de Guaza

Estas primeras emisiones fueron fundamentalmente alcalinas (rocas traquíticas y fonolitas), aunque hoy se encuentran muy alteradas por efecto de la erosión. El carácter fuertemente viscoso de estas lavas queda patente en las arrugas formadas por las coladas sobre la pendiente que corresponde a un mecanismo análogo al que forman las lavas cordadas, pero no en una escala medida en centímetros, sino en metros.

Las pequeñas proporciones de esta primera erupción quedaron conferidas al lado norte y al oeste, estando la parte este y sur libre de estos materiales.

Un nuevo periodo siguió a la aparición de la protuberancia de material viscoso, cuando las lavas cambiaron súbitamente su consistencia. Emisiones más líquidas llegaron entonces a la superficie, desgasificándose con violencia y dando lugar a fuertes explosiones que abrieron un gran cráter en la cima de la Montaña de Guaza (429 metros de altura) (4).

Estas explosiones crearon una gran lengua de lava que se abrió en abanico en dirección suroeste (5), al tiempo que nuevas explosiones lanzaban sobre el campo circundante una ingente cantidad de tobas de pómez, que, en su mayor parte, se encuentran hoy en el mismo lugar en el que cayeron.

Tras este estadio de la erupción, sobrevino otro periodo casi de forma simultánea no menos violento. Se inició desde una boca situada por debajo de la anterior (6), con la llegada a la superficie de la lava remanente, aún más fluida.

Las lavas se abrieron en un abanico todavía mayor al anterior que ganó la costa y el mar. Esta última lengua de lava dio lugar a la superficie de las Mesas de Guaza y a un acantilado costero que en origen se alineaba desde lo que hoy es el Puerto de Los Cristianos y la Montaña Cumplida al este.

Pitones

Las emisiones de estas dos coladas originarían los dos cráteres concéntricos de la cima y las dos pequeñas protuberancias que señalan las salidas de las chimeneas (7 y 8). El crátrer mayor tiene 600 metros de diámetro y 50 metros de profundidad. Los pequeños pitones dan la pista sobre una de las características de este segundo ciclo de erupciones.

No se originó, como es común en otras manifestaciones volcánicas, ningún lago que vertiera la lava incandescente sobre la ladera, sino que fue un frente de magma parcialmente consolidado el que, como morrenas de un glaciar o con el empuje de un tractor, rodó pendiente abajo.

El conjunto de los cráteres está abierto abierto en forma de herradura en dirección sur. Sis emisiones han formado dos resaltes laterales que han sido llamados popularmente como rincones del este y del oeste. Y que no son más que éso, un doblez de la montaña formado por las primeras emisiones volcánicas y las que corrieron sobre ellas más tarde.

La segunda colada, más extensa que la primera, y con algo más de 3 kilómetros cuadrados de superficie, permitió, no sólo ganar terreno al mar y formar las planicies del sur de la Montaña de Guaza, sino también ampliar el perímetro de los acantilados marinos, que, en la zona de la costa, al sureste del actual Puerto de Los Cristianos, en el área de la Punta del Bocinegro, alcanzan hasta los 100 metros de altura.

Al sur de estos acantilados, las erupciones posteriores dieron lugar a los malpaíses basálticos de Los Goros. La consistencia de estas superficies sugiere que antes de la aparición de los malpaíses, el mar tocaba por todo el frente sur a las segundas coladas de la Montaña de Guaza.

Sobre los llanos de las Mesas de Guaza, el aspecto de la superficie revela una gran similitud con el terreno que cae pendiente abajo desde las inmediaciones del domo. Aquí están presentes también las arrugas del terreno aunque a una escala mayor. Estas arrugas deben ser los restos petrificados de cada una de las oleadas de magma que corrieron pendiente abajo en dirección al mar. Sobre las Mesas de Guaza, los barrancos han iniciado su labor erosiva, adaptando los cursos de agua al nuevo terreno que sigue, en la mayor parte de los casos, aquellas arrugas sobre el terreno.

En las líneas de costa, en los puntos en los que la acción erosiva del mar no ha destruido los frentes de las coladas, como en la Punta del Bocinegro, se puede ver claramente las formas que adoptó la lengua de lava cuando se enfrió y se solidificó formando los riscos.

En algunos puntos, aparece una característica disposición abombada que recuerda a una cebolla; en otros sitios, en cambio, los materiales adquirieron una disposición radial, perpendiculares a la colada.

El tsumami del Valle de Agaete

Hace unos años, se descubrieron en uno de los tramos bajos del Valle de Agaete, en Gran Canaria, una serie de depósitos de animales de concha marinos. Los restos estaban a unos tres kilómetros de la línea de costa actual y el depósito no formaba parte de ningún nivel del mar antiguo. La explicación de los especialistas fue, cuando menos, sorprendente.

La erupción, o las erupciones del ciclo de la Montaña de Guaza habían generado en el borde del mar explosiones y maremotos que desencadenaron elevaciones del mar. Esa súbitos movimientos marinos dieron lugar a olas que penetraron por el Valle de Agaete abierto al mar y orientado en la dirección de la Montaña de Guaza.

Las olas corrieron en todas direcciones, en abanico. Al este, a 95 kilómetros de distancia, la fuerza del agua arrastraró a los animales de concha de la costa grancanaria hasta depositarlos a una distancia considerable de la desembocadura del barranco antes de que se retirara el mar.

Flora y fauna locales

La Montaña de Guaza, como la misma comarca que la rodea, está dominada por una vegetación costera propia de un espacio árido, en el que destacan las aulagas, los cardones y las tuneras indias (norte), los salados en las zonas bajas y las tabaibas. También se pueden reconocer sobre el terreno a la correguela (Convolvulus fruticulosus), a una variedad de siempreviva (Limonium pectinatum) o al tomillo marino (Frankenia laevis).

En sectores rocosos secos, opuestos al mar, conviven plantas halófilas y rupícolas. Una variedad de corazoncillo de flores amarillas y patas, esta última también en zonas bajas, aunque, como las demás, sus comunidades, en otro tiempo extensas y consolidadas, están amenazadas por las urbanizaciones turísticas.

Los acantilados son un entorno perfecto para la nidificación de aves marinas como la pardela cenicienta (Calonectris diomedea), el alcaraván (Burrhinus oedicnemus) o la gaviota patiamarilla (Larus cachinnans).

Se sospecha que también lo puede estar haciendo el petrel de Bulwer (Bulweria bulwerii). Más abajo, sobre los terrenos áridos sí es común la presencia del camachuelo trompetero también llamado ‘pájaro moro’ (Bucanetes githaginea) y del cernícalo vulgar (Falco tinnunculus), al que se le puede ver en el cielo atento a las presas que se esconden entre las rocas, como las lisas o el lagarto gigante de Tenerife (Gallotia intermedia).

Pero la más común de todas las aves quizás sea la gaviota argéntea que frecuenta las bajas de los acantilados de la Montaña de Guaza. Un ave que ha sabido sacar partido al Puerto de los Cristianos, al garantizar, de alguna manera, su sustento con la pesca.

Una curiosidad. Entre los materiales volcánicos, se han encontrado restos fósiles de la extinguida rata gigante de Tenerife (Canariomys bravoi).

Guía práctica de la Montaña de Guaza

Descripción

La Montaña de Guaza está situada en el municipio de Arona, en el extremo suroeste de la isla de Tenerife, justo entre las urbanizaciones de Los Cristianos y Pal-Mar. El conjunto es espacio natural protegido bajo la denominación de Monumento Natural de la Montaña de Guaza. La zona preservada ocupa un área de 7,25 kilómetros cuadrados y comprende el domo, los dos cráteres posteriores, los acantilados occidentales y las dos series de emisiones de lavas.

Cómo ir

Desde Santa Cruz de Tenerife, se llega al Monumento Natural de la Montaña de Guaza por la Autopista del Sur (69 kilómetros). Es posible acercarse al espacio, siguiendo varias carreteras locales, como las que parten desde Los Cristianos, Las Galletas o Guargacho.

Qué ver también

Cantera de Las Toscas (1). Se trata de las consecuencias del trabajo de una industria que explotaba el terreno situado al norte de la Montaña de Guaza como materiales de construcción. En los cortes practicados para las extracciones, en depósitos de 20 metros de espesor, se localizan algunos conductos, parecidos a tubos, de tamaño variable, de hasta diez centímetros de diámetro, que no son más que pequeños troncos de plantas carbonizadas. Estos vegetales fosilizados fueron sepultados y carbonizados a más de 400 grados centígrados por las emisiones de la Montaña de Guaza hace 40.000 años.

Erupciones posteriores (9). Si la cima de Guaza surgió como consecuencia de la irrupción de materiales magmáticos a través de diferentes depósitos basálticos antiguos que ocupaban la superficie de la comarca; la montana sufrió, a su vez, una emisión posterior que consiguió aflorar a la superficie. Esta se encuentra situada al sureste del conjunto y la forman tres pequeños hornos que debieron tener, por sus características, muy poca actividad.

Cueva sepulcral de Guaza. Sobre la montaña, se abre una cueva sepulcral aborigen usada en otro tiempo como lugar de enterramiento. En ella, fueron hallados varios cráneos y algunos elementos de ajuar: Para la población prehispánica, la importancia de la montaña y de los alrededores queda de manifiesto con la utilización de los llanos del noreste de Guaza como zona de pastoreo, por la ubicación de un conchero al sur en la costa de Rasca y por ser el Valle de San Lorenzo una ruta de trashumancia entre pastos.

Malpaís de Rasca y Caldera del Rey. A escasos metros al sur de la Montaña de Guaza, se encuentra la Reserva Natural Especial del Malpaís de la Rasca, que presenta una morfología muy diferente de la anterior. Al norte, sobre las estribaciones de Los Cristianos y San Eugenio, está el Monumento Natural de la Caldera del Rey.

Senderos

El conjunto volcánico y sus valores naturales y culturales se pueden conocer a pie siguiendo dos senderos de la Montaña de Guaza (ver mapa).

Direcciones y teléfonos útiles

Cruz Roja. Carretera de acceso a Las Galletas, s/n. Las Galletas. Arona. Telf: 922 785 628.

Guardia Civil. Puesto de Adeje. Telf: 922 710 003.

Alojamiento en la zona

Si quieres conocer la Montaña de Guaza y su entorno, puedes alojarte en cualquiera de los hoteles de playa en la zona de Arona Tenerife que hay en la zona. Clica en el enlace para ver nuestra selección.

Más información

– Fernández Santín y Nafria López, Ramón (1978): La extrusión fonolítico-traquítica de Montaña de Guaza (Canarias). Estudios Geológicos, nº 34. Madrid.

– Fuster J.M. y otros (1968): Geología y vulcanología de las Islas Canarias, Tenerife. Instituto Lucas Mallada. CSIC. Madrid.

*Los números que aparecen entre paréntesis en el texto se refieren a la localización de los lugares referidos en el mapa adjunto.

Montaña de Guaza plano de situación

Vista aérea de la Montaña de Guaza

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