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El largo camino hacia el Sur

España se mantuvo neutral a lo largo del conflicto civil que enfrentó al Norte y al Sur de Estados Unidos entre 1861 y 1865. Sin embargo, la neutralidad, en la práctica, benefició en las islas de Canarias a la causa de la Confederación. Esta es la historia.

La neutralidad adoptada por los gobiernos de Isabel II sólo sirvió para que numerosos barcos mercantes ingleses y sudistas camuflados recalaran bajo pabellón neutral en los puertos canarios y así burlar el bloqueo marítimo de la Unión. Aquel itinerario que desde Gran Bretaña enlazaba Canarias con Bahamas y algunas islas del Caribe se convirtió en una de las rutas de contrabloqueo más seguras de la Confederación. Aquella ruta, en cualquier caso, era un largo camino hacia el Sur.

Alabama

El ‘Alabama’

El 12 de abril de 1861 daba comienzo el bombardeo de Fort Sumpter y, con él, la Guerra de Secesión estadounidense que habría de prolongarse durante cuatro largos años. Los Estados esclavistas del Sur, cuya economía se basaba casi exclusivamente en la exportación de algodón, se vieron antes de concluir 1861 cercados por un férreo bloqueo marítimo de sus puertos impuesto por el Norte.

El presidente Abraham Lincoln consideraba que la anulación del comercio sudista haría rendir en pocos meses y por hambre a los Estados rebeldes. Sin embargo, aun con el coste de un ingente esfuerzo, la Confederación mantuvo sus precarias líneas de abastecimiento.

Con muchas dosis de imaginación, los confederados crearon un contrabloqueo propio en el Atlántico norte, entre Europa y las costas del Sur. El contrabloqueo lo formaban en su mayor parte buques mercantes (‘blockade runners’), que bajo pabellón inglés o incluso como confederados camuflados, llevaban mercancías hasta Virginia, las Carolinas o Mississippi.

Otro sistema empleado por el sur para eludir el cierre de los puertos era destruir, con barcos armados de vapor y hélice, los mercantes que desde Europa llegaban hasta los muelles de la Unión.

Uno y otro método fueron empleados por los Estados sudistas en aguas de Canarias al menos desde principios de 1862, cuando comprendieron que la neutralidad española podía utilizarse en su favor en una ruta poco o nada frecuentada por los barcos de la Unión especializados en cazar mercantes de contrabloqueo.

Antes de comenzar la Guerra Civil americana, el 75% de los barcos estadounidenses que recalaban en el Archipiélago canario eran balleneros de vela de escaso desplazamiento que cazaban los cetáceos en el Atlántico y en el Índico. Las flotas balleneras solían tener puerto en Canarias de camino a los bancos o de vuelta a sus factorías en Azores.

En una de esas factorías, en la de Fayal, nació William Dabney, el cónsul norteamericano en Canarias de los años de la Guerra Civil americana. Su padre había tenido intereses mercantiles en el comercio portugués. Gracias a los puntuales informes remitidos por el cónsul a Washington, se puede seguir de cerca y con detalle la historia de los contrabloqueos en aguas de Canarias.

Dudas y sospechas

España se decidió pronto a poner de manifiesto su neutralidad en el conflicto. Un decreto real firmado por la reina Isabel II el 17 de junio de 1861 -sólo dos meses después del comienzo del conflicto- fijaba para ambos contendientes un plazo de 24 horas para abastecerse en puertos españoles de carbón y víveres y ofrecer, si era el caso, ayuda humanitaria.

Santa Cruz en 1859

Puerto de Santa Cruz de Tenerife en 1859

La medida iba encaminada, sobre todo, a evitar que las últimas colonias españolas, Cuba y Puerto Rico, se vieran involucradas en un enfrentamiento que se situaba peligrosamente cerca de sus costas. Como los demás cónsules norteamericanos, William Dabney rindió cuentas de todas las maniobras de barcos sospechosos, en su mayor parte en el puerto de Santa Cruz de Tenerife donde residía.

Los cónsules norteamericanos de los puertos de Liverpool, Southampton o Cardiff en Gran Bretaña fueron los que estuvieron más expectantes, informando de todos los mercantes que partían hacia las costas sudistas. Dabney siempre tuvo trabajo.

Entre 1861 y 1865, el cónsul dejó constancia de al menos 30 barcos sospechosos en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife; en la Bahía de La Luz de Las Palmas de Gran Canaria, según la relación de atraques de la época pudieron ser algunos más. A esos buques, habría que sumar los que llegaron hasta Santa Cruz de La Palma, Arrecife de Lanzarote o Puerto Cabras en su derrota americana.

Los barcos arribaban a Canarias desde los puertos británicos cargados de carbón y de otros productos básicos, pero también portando armas, ropa y botas inglesas para los soldados de la Confederación; a la vuelta eran los encargados de transportar el algodón del Sur a los mercados europeos.

A su paso por las Islas Canarias, de camino a América, los barcos declaraban siempre otras cargas en puerto, de forma que no levantaran sospechas, o, sencillamente, no las consignaban. Otros, como el vapor ‘Gladiator’, un navío de 400 toneladas, que transportó en 1861 material de guerra para la Confederación desde Tenerife, abandonaban el puerto de Las Palmas de Gran Canaria sin dejar rastro oficial de sus salidas.

La ruta de los barcos que hacían escala en Tenerife llevaba mayoritariamente a Nassau, capital de las Bahamas, desde donde los cargamentos eran conducidos a los puertos y calas no bloqueados del Sur. Los que pasaban por el puerto grancanario llegaban, sobre todo, a La Habana y Puerto Rico.

Algunos de estos buques dejaron constancia de rutas de navegación y de cargamentos curiosos, cuando no contradictorios. Como el ‘Hampelen’, un mercante americano que decía llegar en agosto de 1862 de Estados Unidos con madera para St. Thomas (Puerto Rico), pero que salió días más tarde de la Caleta de San Telmo en Las Palmas de Gran Canaria, según consta, vacío y en lastre, pero curiosamente sin haber descargado nada.

O el también americano ‘Samuel Lindsay’, cuyo capitán anotó sin ocultarlo, un 23 de enero de 1863, una carga de carbón inglés con destino a Cayo Hueso (Florida) -un Estado rebelde-. Otros mercantes ingleses que decían llevar cargamentos de barrilla directamente de Puerto Cabras a Nueva York, o carga para Bombay, Calcuta o China, pudieron ser también contrabloqueos encubiertos.

La arribada de ‘Georgia’

Hacia finales de 1862 y principios de 1863, cuando la guerra se había generalizado en los Estados Unidos, comenzaron a afluir barcos sospechosos en mayor número a los puertos canarios. En ese año, sólo en el puerto de la capital tinerfeña, el cónsul norteamericano registra por su cuenta sólo una decena. Dabney tenía motivos para estar inquieto.

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El CSS ‘Georgia’, buque de guerra confederado

Desde septiembre de 1862, el barco de guerra confederado ‘Alabama’, había comenzado a operar en aguas de las Azores, echando a pique a los primeros barcos de la Unión (llegó a hundir 60 en dos años).

La presencia del buque en la zona le fue confirmada por los patrones de los balleneros que recalaban en las Islas. Pero la situación se volvió aún más preocupante para Dabney, cuando por esas fechas comenzaron a llegar a los puertos canarios verdaderos cruceros armados de vapor confederados ocultos bajo bandera china (‘Keang Soo’) o pabellón británico (‘Mary Grant’ y ‘Georgiana’); que eran abastecidos con regularidad de carbón y víveres en el puerto de Santa Cruz de Tenerife por la compañía británica ‘Davidson y Cía’ y otros comerciantes radicados en las Canarias.

En ese mismo año, el cónsul había recibido algunas informaciones que apuntaban que un nuevo barco armado confederado viajaba hacia aguas del Archipiélago. El ‘Georgia’ -ése era su nombre- no llegó a Santa Cruz de Tenerife hasta octubre de 1863, después de haber apresado e incendiado al mercante de la Unión ‘Bold Hunter’, en la zona de Cabo de Buena Esperanza.

Dabney hizo gestiones para que la tripulación capturada fuera desembarcada, pero también para que la autoridades de marina no enarbolaran la bandera del puerto en el Castillo de San Cristóbal, como exigía la cortesía a la entrada de un barco de guerra extranjero.

Evitó honores militares al barco confederado, pero no que el capitán general de Canarias permitiera avituallarse al buque dentro de las 24 horas que fijaba la norma de neutralidad española.

En los años siguientes, hicieron puerto en Santa Cruz de Tenerife otros vapores armados sudistas como el ‘Florida’ o el ‘Stonewall’, y algunos barcos de la Unión como la fragata ‘St. Louis’, que el 20 de agosto de 1863 buscaba incansablemente al temido ‘Alabama’ entre Tenerife y Gran Canaria.

Sin embargo, desde mediados de 1863, la Guerra Civil americana había dado un claro viraje a favor de la Unión. El bloqueo se hizo más impenetrable y los mercantes con ayuda al Sur no volvieron a pasar por aguas canarias después de diciembre de 1864.

Además, los británicos no vieron en el Sur ninguna posibilidad de recuperación que pudiera avalar el sostenimiento de una ruta cada vez más peligrosa. El largo camino hacia el Sur había concluido.

Un horizonte muy lejano

Además de enviar informes puntuales a Washington sobre buques sospechosos norteamericanos en tránsito que trabajaban para la causa de la Confederación; Dabney debía buscar tiempo para elaborar otros despachos más comunes, como los que le pedía anualmente el Departamento de Estado sobre la situación de las Islas Canarias.

Sus comentarios sobre lo que ve son un glosario de la vida cotidiana de los canarios de los principios de la segunda mitad del siglo XIX, aunque su mirada burguesa siempre está puesta en las claves comerciales, como sucede con sus descripciones de los impuestos o sus relaciones sobre las actividades productivas, por encima de todo la de la industria de la cochinilla canaria.

Aun así, el cónsul Dabney se aprestó a tomar la iniciativa y para comunicar el estado de las cosas en otros asuntos. Por ejemplo, el Gobierno de Estados Unidos estaba interesado en fomentar la emigración hacia su territorio con la publicación en la prensa local de algunas excelencias del país. Dabney no sólo tradujo al español la circular oficial, sino también algunos puntos clave de la Ley de Naturalización en vigor en Estados Unidos.

Cuando hizo llegar su propuesta al capitán general de Canarias recibió una rotunda negativa. Madrid pensaba que las Canarias se despoblaría si se ofrecían ventajas a la emigración de los canarios. Ahí acabó, antes de empezar el horizonte más lejano que nunca pudo estar al alcance de la mano de los isleños.

La Rosa del Sur

Una de las espías más famosas de la Guerra Civil americana fue Rose Greenhow, apodada en los Estados confederados ‘Rose La Rebelde’. Entre sus méritos se encuentra haber sido la responsable del desastre nordista en la Batalla de Manassas, en 1861. ‘La Rebelde’ entregó al general confederado Pierre Bauregard nada menos que el plan completo de operaciones de las tropas del Norte.

Rose Greenhowe La Rosa del Sur

Rose Greenhowe, ‘Rose La Rebelde’

Viuda distinguida y demócrata, de unos cuarenta años, Rose Greenhow recibía en su casa de Washington a muchos altos funcionarios de la Unión, a los que sabía hacer hablar con sus encantos. Al frente de una vasta red de espías confederados, consiguió revelar con toda impunidad innumerables y decisivos secretos, incluso aún después de haber sido encarcelada a principios de 1862.

Allan Pinkerton, jefe del Servicio Secreto de la Unión, la había acusado de pasar información al enemigo, aunque sin pruebas concluyentes. Greenhow con habilidad y sangre fría, utilizó su estancia en prisión para lo dicho, para pasar informaciones al Sur. Ya liberada, en mayo de 1862, fue aclamada por la Confederación como una heroína.

También se hizo famosa por la publicación de unas escandalosas memorias en Europa, adonde había huido escapando de la guerra. Su relación con el Archipiélago canario está también vinculada a la ruta de los barcos sudistas ocultos bajo pabellón de conveniencia.

Rose murió ahogada al intentar llegar a la costa sudista a bordo de un bote del barco ‘Cóndor’. El ‘Cóndor’, una bricbarca estadounidense que recaló en el Archipiélago canario en varias ocasiones; no aparece en la relación de barcos sospechosos del cónsul Dabney, ni siquiera a instancias del vicecónsul en Las Palmas de Gran Canaria, y todo, cuando un 5 de noviembre de 1864 es mismo barco atracaba en la Bahía de La Luz con la espía más célebre de la Confederación de vuelta a casa.

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About Sergio Suárez Benítez (95 Articles)
Periodista, curioso empedernido, interesado con intereses que alimentan el espíritu y un enamorado de las Islas Canarias, mi hogar y el lugar de mis mejores sueños.
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