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Parque Nacional del Teide: un mundo aparte

El paisaje que rodea al Pico Teide parece ser ajeno a toda dimensión humana. Sus volcanes se miden en miles de metros, su antigüedad en millones de años y los materiales removidos por la erosión sólo se refieren a billones de metros cúbicos. Incluso el entorno que hoy podemos contemplar en el Parque Nacional del Teide, agredido permanentemente por la acción de la naturaleza, parece haber sido sacado de nuestro satélite, de la Luna, de un mundo que tampoco es el del hombre. Ese es su encanto.

Como ocurre con otras grandes formaciones geológicas del Archipiélago Canario, las Cañadas del Teide tampoco son ajenas a un origen desconocido e incierto. Nadie parece ponerse de acuerdo sobre cómo se creó ese gigantesco circo que, corno un altar, ocupa la porción más elevada de la isla de Tenerife y sirve de base al pico más alto de España.

Manto de nubes del Teide

Manto de nubes con el Teide al fondo

Para unos, se trata de una caldera de.hundimiento, para otros, más prosaicos, estaríamos ante un inmenso circo que se ha ido erosionando con el paso del tiempo; pero, para otra minoría de geólogos, sus trazas hay que buscarlas en las erupciones, de un gigantesco cono volcánico.

El geólogo finlandés Hans Hausen (1884-1979), defensor de esta última propuesta, trazó una teoría entre 1956 y 1961 que habla de un inmenso volcán con una altura que bien pudo superar ampliamente la que hoy exhibe el Teide. Hausen describe la formación de dos colosales calderas, o tal vez semicalderas, de más de un kilómetro de profundidad nacidas del estratovolcán. Ambas formaciones -dice el geólogo- estaban separadas por un macizo rocoso todavía existente, el de Ios Roques de García.

Durante miles de años, la erosión hizo posible incluso la aparición de un lago que contribuyó a desdibujar los contornos del macizo. Una nueva fase de actividades volcánicas hizo vomitar lava al Pico Viejo y llenar lo que hoy es el Valle de Ucanca en la franja oriental. Por su parte, las erupciones del Teide, muy posteriores, anegaron la gran caldera occidental.

Valle de Ucanca

Valle de Ucanca

Aún más apocalíptica es la hipótesis de otros investigadores como Coello (1973) que dio por válida una hipótesis que asegura que fue un conjunto de fuertes explosiones las que destruyeron un primitivo macizo central de Tenerife. Sobre esos escombros emergieron a lo largo de miles de años tres ciclos eruptivos distintos que volvieron hacer ascender la altura de la isla por encima de los 3.000 metros.

Resto de este nuevo ‘escudo’ es la Montaña de Guajara, una reliquia a la luz del día que tendría más de cinco millones de años. Un milenario parón en las erupciones dejó paso a las erosiones y a la creación del circo de Las Cañadas del Teide que sólo se rellenó con pequeñas erupciones (Montaña Mostaza, Tomillo y Montaña Negra).

Sobre esta plataforma nació hace 300.000 años el Teide, que junto con un rosario de conos repartidos por las dos mitades del espacio, contribuyeron a rellenar de campos de lava las superficies anteriores hasta crear el paisaje que ahora podemos contemplar.

Vegetación

Además de los campos de lava, de los conos y de las formaciones volcánicas de sorprendentes colores, el Parque conserva su flora, no exenta de endemismos como un tesoro. Una de las razones que más pesaron a la hora de decidir la creación del espacio natural fue precisamente la gran variedad de especies vegetales. Y, todo, a pesar del terreno agreste y de la hostilidad del entorno.

Vista del Teide sobre la isla de Tenerife

El Teide sobre la isla de Tenerife

Pero el Parque Nacional del Teide tiene su momento, y llega todas las primaveras. Entre abril y junio, el paisaje es otro. La combinación de humedad y temperatura hace sacar los colores a los matojos y a las míseras hierbas que durante todo el año se han aplastado contra el terreno agredidas por el viento, por el sol y por las nieves.

Las Cañadas del Teide constituyen por sí solas una reserva vegetal, una isla dentro de otra. Se ha comprobado que de 57 especies vegetales inventariadas en el Parque, 46, el 80%, son endémicas. De ellas, 11, una quinta parte, son endemismos exclusivos del Parque y otras 15, una de cada cuatro, son endemismos de Tenerife, con su principal colonia en el espacio protegido. Otras 15, lo son del Archipiélago canario. Con ello, queda claro el valor natural del espacio que puede ser calificado como único.

Las partes bajas del Parque Nacional del Teide están ocupadas por el retamar (retama blanca) que puede llegar a superar los dos metros de altura y a constituir una formaciones, más o menos densas, en función de las características del suelo. El retamar no es un todo homogéneo, ni tiene una distribución claramente definida, incluso en altura suele estar acompañada de otras especies como el codeso, el tajinaste rojo, el alhelí y la margarita del Teide y otras hierbas exclusivas del entorno.

sendero en el Parque Nacional del Teide

Sendero en las Cañadas del Teide

Más arriba, sobre las paredes del gigantesco circo, expuestas al viento y a las ocasionales escorrentías, se agarran al terreno el escobón, el corazoncillo, la jara o la chahorra del Teide. En estos desniveles, entre las piedras, donde la humedad es mayor, crecen también los pasteles de risco, el verodillo, el tomillo lanudo o la retamilla.

A pesar de que la vegetación arbórea es ajena en líneas generales al espacio natural, existen ejemplares aislados de cedros y de pinos canarios y probablemente de la variedad isleña de sabinas.

Pero la vegetación no acaba ni en la base del circo, ni en los farallones que le rodean. Algunas plantas avanzan en la colonización de espacios aún más elevados. La violeta del Teide llega a tocar el cráter del pico muy por arriba de los 3.500 metros, seguida de la margarita y de la flor de malpaís.

Pero el Parque Nacional del Teide también es el hábitat de algunas especies animales. Unos ejemplares que se han asentado en el espacio de forma bien distinta. De las 12 aves que lo frecuentan, al menos la mitad, anida en él. Entre ellas, destaca el pinzón azul, pájaro de color azul ceniciento, casi un emblema del parque.

Teleférico del Teide

Funicular del Teide

Tanto el pinzón, como el hornero, el caminero, la golondrina, la paloma bravía, el cuervo o el cernícalo deben hacer frente a los rigores del clima que ofrece pocos recursos alimenticios sobre todo en invierno.

Algo que no afecta al conejo, cuya población creció en el Parque de forma artificial. En ocasiones, se ha tenido que abrir vedas anuales que se han cobrado más de 10.000 piezas para reducir una población que amenaza la flora y a la misma existencia de otras especies animales.

Aunque no lo creas, por encima del conejo hay otro animal terrestre muy común que también representa una amenaza. Se trata del gato cimarrón, que no es más que el ejemplar doméstico asilvestrado que no duda ni en cazar roedores (ratas y ratones) ni en cobrarse otras piezas como los mismos conejos o incluso a los erizos.

Tampoco es despreciable la presencia de algunos grupos de insectos cuyo inventario se acerca a las quinientas especies, la mayoría también endémicas. Tan únicas como el mismo Parque Nacional del Teide.

Las trazas del hombre en el Parque Nacional del Teide

Un espacio tan caracterizado, donde la superficie de la tierra cubierta por la lava es tan agreste como dislocada, el paisaje parece no tener cabida para el hombre. Sin embargo, no es así, la presencia humana en Las Cañadas del Teide ha sido permanente desde los tiempos aborígenes. Los primeros pobladores guanches acudían al circo natural que constituía un pastizal comunal.

Vista desde la cima del Teide

Vista desde el cráter y la cima del Pico Teide

Esa presencia humana queda corroborada por la extraordinaria presencia de restos arqueológicos. No sin razón, la inmensa llanura podría considerarse como un único y gigantesco yacimiento por la extraordinaria presencia de restos arqueológicos.

Dentro del Parque Nacional del Teide se han encontrado, tanto viviendas -cuevas o cabañas- a las que acompañan rediles para los animales, como zonas de enterramientos en las que no faltan ajuares, molinos de mano, vasijas y utensilios de trabajo. Pero el hombre ha estado presente también con nefastas actuaciones.

Cuando acabó con los bosques de pinos canarios para aprovechar su madera, o cuando se intentó introducir a la primitiva cabra salvaje, sustituyéndola por el muflón, o aún más recientemente cuando se plantaron especies vegetales exóticas que nunca existieron en Canarias.

Guía práctica del Parque Nacional del Teide

Descripción

Los huevos del Teide

Los Huevos del Teide, bombas volcánicas arrojadas por las erupciones del pico

El parque nacional del teide tenerife fue creado en 1954. En la actualidad, es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Se extiende a lo largo de una vasta llanura a más de 2.000 metros de altura sobre el macizo central de la isla de Tenerife. Su superficie supera los 135 kilómetros cuadrados y su perímetro recorre 75 kilómetros, en su mayor parte marcados por las crestas del borde de la caldera. El eje menor del espacio ocupado por el Parque Nacional del Teide tiene unos 10 kilómetros de longitud y el más largo 16 kilómetros. Casi en el centro de la llanura, se levanta el Pico Teide (3.718 metros), al que acompañan otros conos que vertieron sus coladas en todas direcciones. Las más recientes son las Narices del Teide (1789) y las del Pico Viejo (3.134 metros) de 1909.

Cómo ir al Parque Nacional del Teide

En coche. La configuración de las carreteras tinerfeñas permite subir a las Cañadas del Teide desde cualquier punto de la isla. Desde Santa Cruz de Tenerife al Parador de las Cañadas del Teide hay 102 kilómetros, desde el Puerto de La Cruz, 84 kilómetros.

En autobús (guagua), línea 348, Puerto de La Cruz-Las Cañadas.

Qué ver también

Museo geológico. Fondos que reúnen una muestra de los aspectos geológicos, botánicos, zoológicos y arqueológicos más representativos del Parque Nacional del Teide. En El Portillo, a la entrada de Las Cañadas, viniendo desde La Orotava.

Dónde comer

En el Portillo de la Villa, y más adelante, hay varios restaurantes. Dentro del Parque, sólo se puede comer en la base del teleférico y en el Parador de las Cañadas del Teide.

Donde alojarse

Parador de las Cañadas del Teide (**), 23 habitaciones, 54 plazas, bar-restaurante, pista de tenis, área de juegos infantiles y aparcamiento. Tranquilidad garantizada. Tiene la piscina más alta de España. Puedes ver todos los detalles del Parador de las Cañadas del Teide en este enlace.

Algunos datos y consejos

Es conveniente llevar ropa de abrigo, incluso en los meses de verano. Al llegar la tarde, suele refrescar mucho el ambiente. Atención a los mareos y a los dolores de cabeza, sobre todo si se sube el Pico Teide. Es el mal de altura. No es conveniente, en ningún caso, realizar sobreesfuerzos.

Desde 1988, los ascensos al cráter del Teide están controlados y hay un cupo de visitantes diarios.

El funicular del Teide no opera en días ventosos. Hay un bar en la estación del teleférico.

El Refugio del Teide (40 literas), permanece abierto de 10.00 a 17.00 horas.

La mejor época para conocer el Parque es de abril a junio cuando la flora eclosiona. Cuando la retama está en flor, como medida de precaución, no es conveniente acercarse a las colmenas que están repartidas por el Parque y que producen una miel con denominación de origen local.

Dirección y teléfono útil

Parque Nacional del Teide. Carretera de la Esperanza, km 2, La Laguna. Telf: 922 259 903.

Más información

Parques Nacionales de Canarias. Parque Nacional del Teide. Pags. 50-80. Varias ediciones.

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Vista aérea del Parque Nacional del Teide

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