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Catedral de Santa Ana: la Torre de Babel canaria

Igual que la mítica Torre de Babel bíblica, que nunca se acabó por la confusión de las lenguas, la Catedral de Santa Ana de Las Palmas de Gran Canaria ha arrastrado, desde que se puso la primera piedra, hace más de 500 años, toda suerte de vicisitudes. Sus proyectos inconclusos fueron interpretados y reinterpretados, las obras dieron lugar a rencillas e intrigas entre los arquitectos y un ataque de piratas casi acaba con ella. Y, por si fuera poco, fue bastante habitual que sus trabajos se paralizaran durante décadas enteras. Con todo, la Catedral de Santa Ana constituye una obra artística singular y sus tesoros, un reflejo del último medio milenio de la historia de los canarios.

La sede de la Diócesis de Canarias permaneció durante más de 80 años en Lanzarote, en San Marcial del Rubicón, hasta tanto no se concluyera la conquista de Gran Canaria. Tres obispos habían dado su autorización para el traslado al Real de Las Palmas (el nombre antiguo y original de Las Palmas de Gran Canaria) en el intervalo, pero sólo se pudo hacer efectivo en 1485.

Portada de la Catedral de Santa Ana

Fachada de la Catedral de Santa Ana

La primera catedral de la diócesis fue la ermita de San Antonio Abad, ubicada algo más al sur del emplazamiento actual en el centro del barrio de Vegueta. El primer obispo, Juan de Frías, consideraba impropio de un obispado tener una emita por catedral, por lo que se decidió a levantar una iglesia, la que más tarde seria llamada ‘Iglesia Vieja’, justo en el lugar que hoy ocupa el fondo de la Catedral, las sacristías y el altar mayor.

Muerto Frías, el obispo Muros comenzó los verdaderos trabajos de la futura catedral con la contratación de un reputado arquitecto andaluz, Diego de Montaude. Montaude, cuyos trabajos eran sobradamente conocidos, era la garantía para que la Catedral fuera “un templo de qalidad”, como querían sus mantenedores.

Las obras de la basílica comenzaron en 1500, sobre unos terrenos canjeados a uno de los conquistadores, Juan de Siberio, que se permutaron por otros en el Barranco de Tenoya. Desde el primer momento, se llegó a un consenso para abrir una plaza mayor ante la fachada de la futura Catedral de Santa Ana y para habilitar otra más pequeña detrás, la que hoy se conoce como la del Pilar Nuevo.

Plaza de Gradas en la trasera de la Catedral de Santa Ana

Plaza de Gradas en la trasera de la Catedral de Santa Ana

Montaude siguió el estilo gótico, por entonces plenamente desarrollado, empleando la piedra de ‘cantería azul’ de San Lorenzo y, en algunos puntos, como en la fachada, arenisca amarilla, que en esa época se utilizaba en las arquerías de las casas, tal como demuestran hoy las viviendas más antiguas del barrio de Vegueta.

De Montaude, nos han llegado las arquerías de las naves centrales, sus columnas y las atrevidas nervaduras en lo más alto. Muerto el arquitecto en 1533, fue sustituido por el también constructor Palacios al que el Cabildo catedralicio apremió con la orden de tapiar la Catedral por todos sus lados para decir misa. Y es que el templo llevaba más de 30 años cerrado por obras.

A Palacios, se le debe la primera fachada y las torres primitivas. Por economía, la fachada se comenzó a levantar sin ningún tipo de decoración en 1536. Las torres de cantería y base octogonal eran similares a las que hoy enmarcan la Basílica de Nuestra Señora del Pino de Teror. A pesar de todo, la Catedral no se abrió al culto hasta la festividad del Corpus Christi de 1570, casi 40 años después de que se diera la orden de cerrarla por el frontis y la trasera.

Trasera de la Catedral de Santa Ana

Fachada posterior de la Catedral de Santa Ana

Entre Palacios y la apertura al culto, aún se sucedieron dos arquitectos más: Barea y Pedro de Herrera (1562). El primero, terminó en 1554 las bóvedas del templo, aunque se enfrentó a los responsables de la obra porque consideraba equivocados todos los proyectos anteriores.

Aún así, se le permitió hacer algunas reformas. No hay que olvidar que para la mitad del siglo XVI el gótico estaba dejando de ser un referente como estilo arquitectónico. A Barea, se le deben también los primeros proyectos de las capillas laterales, la mayor parte de las levantadas gracias a fundaciones particulares.

Las obras de la Catedral, que iban a cumplir sus primeros cien años, cayeron en ese tiempo en manos de arquitectos e ingenieros militares, que habían llegado a la capital con la orden de levantar fuertes para defenderse de la piratería, que en aquella época asolaba las costas canarias.

Estos ingenieros apenas consiguieron avanzar las obras, entre otras razones, porque no podían dedicarse exclusivamente a los trabajos del templo. Es suficientemente elocuente el dato de que en menos de quince años se sucedieran en la dirección de las obras hasta tres arquitectos.

Próspero Cassola, amigo de Leonardo Torriani, sólo reformó parte de la fachada, introduciendo alguna decoración en 1589- A Juan Luzero y a Pedro Ximénez se les debe, en cambio, la conclusión de algunas capillas laterales entre 1584 y 1591.

El saqueo

En 1599, la escuadra de Van der Does ataca Las Palmas de Gran Canaria destruyendo y saqueando todo lo que encuentra a su paso. La Catedral no fue una excepción. Desaparecieron, como consecuencia del robo y del incendio, una excelente biblioteca y un rarísimo archivo, así como el órgano, los retablos y altares más antiguos de las capillas laterales, los púlpitos, cuadros y, sobre todo, alhajas.

Patio de los Naranjos

Patio de los Naranjos

Aunque los ciudadanos contribuyeron con algunas de sus posesiones a los fondos del templo, los trabajos se ralentizaron hasta que se suspendieron definitivamente. Sólo un hijo del arquitecto Luzero, Andrés Luzero, concluyó el Patio de los Naranjos de la Catedral de Santa Ana. La airosa puerta de acceso al Patio desde las naves, terminada en 1612, se debe a su mano.

La falta de dinero obligó a cancelar las obras durante 130 años, hasta 1765, cuando el obispo Venegas abrió una suscripción pública para reanudar los trabajos. En 1780, se contrató a Miguel de Hermosilla, un ingeniero militar que también había venido a Las Palmas de Gran Canaria para realizar obras de fortificación.

Hemosilla pretendía cambiarlo todo y los responsables de la Catedral no estaban dispuestos a hacer del templo un “amasijo de estilos”, como reflejan los documentos que nos han llegado. Además. no eran pocos los que dudaban de la pericia del ingeniero y lo tachaban de charlatán. Sea como sea, el proyecto de Hermosilla obligaba a realizar inversiones astronómicas que los miembros del Cabildo catedralicio no podían permitirse.

Vista de Vegueta desde la Catedral de Santa Ana

Vista de la Catedral de Santa Ana desde arriba

De este modo, en 1781 se después de que Nicolás Eduardo, arquitecto de origen irlandés, nacido en Tenerife, tomara la jefatura de las obras. Hermosilla, descontento con la decisión, intrigó y desacreditó a Eduardo durante años, incluso ante el propio ministro Floridablanca, afortunadamente sin aparente resultado.

Eduardo no quería apartarse de la concepción de los arquitectos anteriores. En el mismo año de su nombramiento, echa abajo la iglesia vieja y comienza la fachada posterior ampliada con la compra de más terrenos, que concluye antes de terminar el siglo. Se cuenta que Eduardo proyectó una cúpula bastante elevada y que dejó instrucciones durante una de sus ausencias para que se realizara tal como la había diseñado.

Cuando regresó, la cúpula apenas si se alzaba la mitad de lo proyectado. El maestro de obra habia decidido que los arcos no iban a soportar su peso y decidió rebajarla por su cuenta. Durante años corrió el rumor por Las Palmas de Gran Canaria de que aquel disgusto lo había llevado a la tumba. Nicolás Eduardo efectivamenle moría en 1798.

No nos han llegado los planos con los que trabajó Eduardo, pero, por referencias, se sabe que se le debe la idea de abrir la fachada con tres grandes arcos con columnas dobles adosadas.

La Dolorosa

La Dolorosa, de Luján Pérez

Tras Nicolás Eduardo. se convenció al imaginero Luján Pérez para que se hiciera cargo de los trabajos cuyo planteamiento recogió en un tratado muy conocido denominado ‘Ortografía geométrica’. A Luján, se le deben muchas obras de talla en la Catedral, pero también parte del desarrollo arquitectónico posterior, porque, en 1801, sólo quedaban por concluir la fachada principal y ningún arquitecto posterior cambió sustancialmente su concepción.

También a su muerte, se derribaron las torres octogonales (1820), antes de que las obras quedaran nuevamente suspendidas, esta vez durante 31 años. En 1852, el por entonces alcalde López Botas, envió a la reina Isabel II un enérgico -según algunos, impertinente- escrito en el que pedía que el arquitecto Pedro Maffiote terminara el templo. Cosa que ocurrió.

Entre 1860 y los primeros años del siglo XX, se terminó el rosetón (Arroyo), las torres norte y sur, el templete situado sobre la fachada (1911), además de las hornacinas ubicadas a ambos lados del templete. Estas hornacinas, unos relieves en mármol blanco que representan una alegoría de San Joaquín y Santa Ana y el escudo de armas del obispo Cueto, fueron precedidas de no poca polémica.

A pesar de que hoy se realizan pocos trabajos de ampliación, la Catedral de Santa Ana no está ni mucho menos terminada. Aún resta por concluirse una Iglesia del Sagrario en el lado norte, planificada en varias ocasiones, pero que nunca dejó de ser un solar, tal y como continua hoy. Sin embargo, bajo esas obras no empezadas, en las inmediaciones de lo que iba a ser la Iglesia del Sagrario, se encontró un tramo de calzada, una calle, correspondiente a la pavimentación de la primera ciudad de finales del siglo XV y principios del XVI.

La Catedral de Santa Ana, a pesar del tiempo transcurrido, las obras inacabadas refuerzan su condición caóticamente dulce de Torre de Babel de estilos.

Descripción de la Catedral de Santa Ana

La catedral de santa ana las palmas de gran canaria españa ocupa un espacio de 7.000 metros cuadrados, o lo que es lo mismo el equivalente a la superficie del césped de un campo de fútbol. Su fachada mide 100 metros de longitud y su fondo se alarga 80 metros. El edificio está delimitado por cuatro vías que corresponden a sus laterales: Calle Obispo Codina (fachada), Espíritu Santo (lado sur), Francisco Massieu y Plaza del Pilar Nuevo (fachada posterior) y Herrería, Plaza de los Álamos y San Marcial (lado norte).

El templo es de planta basilical en el que se alinean tres naves de bóvedas de cañón, alzadas a más de 20 metros de altura y que se apoyan sobre diez columnas y una veintena de pilastras. Bajo ellas, se cobijan una decena de capillas, además de otras dos en los extremos cortos de los brazos del crucero.

El conjunto se completa con un patio en el lado norte -el de los Naranjos- y una sala capitular, donde se encuentra el Museo Diocesano de Arte Sacro de la Catedral de Santa Ana. A ambos lados del altar mayor, y detrás, se hallan las dependencias dedicadas a sacristías. En el lado opuesto a la sala capitular, en la parte norte, está el solar que debía ocupar la inconclusa Iglesia del Sagrario.

Guía práctica de la Catedral de Santa Ana

Museo Diocesano de Arte Sacro de la Catedral de Santa Ana

Ubicado en la calle del Espíritu Santo, recoge en cinco salas 30 esculturas religiosas labradas tanto sobre alabastro como en madera de los siglos XVI al XVIII. Las figuras pertenecen a las escuelas castellanas y andaluzas más sobresalientes de sus épocas, sin que falten algunas tallas pequeñas canarias de carácter popular. La exposición se completa con una galería compuesta por una docena de cuadros que se corresponden con otros tantos obispos de la Diócesis Canariense. Es particularmente interesante, la talla de una Santa Catalina procedente probablemente de la primera iglesia de la capital

Horario de visitas: De lunes a viernes, de 09.00 hs. a 14.00 hs. y de 16.00 hs. a 18.00 hs. Domingos y festivos cerrados. Última admisión quince minutos antes del cierre. Interesante folleto informativo.

Las capillas

Las doce capillas de la Catedral algunas obras de gran interés. Por orden, a partir de la fachada y siguiendo el sentido de las agujas del reloj son:

A la izquierda:

– Capilla de Cairasco: En ella, reposan los restos de Bartolomé Cairasco, religioso y escritor grancanario del siglo XVI.

– Capilla de San Jerónimo. Su espacio está ocupado por un órgano restaurado en 1986. Este instrumento sólo puede escucharse en la misa de los domingos.

– Capilla de San Fernando: Obra de Juan de Palacios. El San Fernando del retablo es obra de Alonso de Ortega (1692). La tumba a sus pies es del mismo año. El cuadro de la ‘Virgen con el Niño’ es obra del milanés Ambrosio Benson (siglo XVI), su marco es barroco.

– Capilla de San Gregorio: Realizada también por Juan de Palacios. Los cuadros situados a ambos lados del altar son los restos de un tríptico flamenco de 1602 y representan a San Joaquín y Santa Ana.

– Capilla del Sagrario: Interesantes repujados de plata, además del mismo sagrario, obra del siglo XVII. En el suelo, descansan los restos del obispo Albiturría.

– Capilla de Nuestra Señora de La Antigua: Ante ella, se encuentran los restos del obispo Pildain.

A la derecha:

– Capilla de San José: En el retablo, el San José de Luján Pérez (1808) Bajo el retablo, se halla la tumba de José Viera y Clavijo. Frente a la capilla, un tenebrario de bronce realizado por Juan Corpa (1539).

– Capilla de Nuestra Señora de los Dolores: Obra de Diego Nicolás Eduardo. En una urna, el cuerpo incorrupto del obispo Buenaventura Codina. Destacan dos tallas de Luján, su Dolorosa (1804) y el Santísimo Cristo (1793).

– Capilla de Santa Teresa: Obra de Pedro de Narea. Ante ella, la talla de Nuestra Señora de La Antigua, también de Luján Pérez. Los cuadros de la Inmaculada y el San Sebastián, a ambos lados del altar, pertenecen a la Escuela de Roelas de Sevilla (1605).

– Capilla del Marqués del Muni: Guarda la tumba donde fue enterrado en 1928 en 1928, Fernando León y Castillo, Marqués del Muni.

– Capilla de San Pedro: Una talla de Santa Teresa de Jesús del siglo XVIII.

– Capilla de San Francisco de Paula: La esfera del reloj situada cerca de la capilla, sobre la pared interior de la fachada, es de 1602. Se trata de los restos de un reloj traído de Flandes para la Catedral de Santa Ana que nunca funcionó. A su lado, el rosetón es el originario de la fachada levantada en 1536. Retablo neoclásico en madera imitación de mármol. Un cuadro de la Inmaculada del pintor Juan de Miranda.

Otros objetos de valor artístico

Un portapaz italiano obra de Benvenuto Cellini de mediados del siglo XVI está ubicado en la capilla mayor, un retablo gótico está acomodado en la actualidad en una de las sacristías. También es digno de una mirada atenta, el candelabro de plata del altar mayor, la balconada de madera de tea canaria de La Palma del Patio de los Naranjos (siglo XVII) y su fuente del mismo siglo.

La Sala Capitular guarda también un mosaico policromado de Manises que data de 1780, único en el Archipiélago Canario. La Catedral conserva igualmente un arca, llamado del Jueves Santo, obra de Antonio Padilla (1770).

Los dos púlpitos de madera de la nave central pertenecen, al menos en parte, a Jerónimo de San Guillermo, el que fuera maestro del imaginero Luján Pérez (finales del siglo XVIII).

Sobre el cimborrio, se descuelgan 16 estatuas nacidas también de la mano del imaginero guiense. Son de madera, miden casi dos metros y medio de altura cada una y están pintadas de gris para dar la apariencia de piedra.

El reloj de la torre norte data de 1775. En la fachada trasera existe un relieve en mármol con la figura de Santa Ana del mismo autor. Las vidrieras más antiguas tienen cristales de colores de forma redonda y son del siglo XVIII. Las capillas y las naves acogen 36 cuadros de motivos religiosos, 14 de ellos son estaciones del Calvario.

Visitas

No hay que perderse las visitas guiadas al interior del templo, ni la subida al mirador del templete junto a las torres de la fachada.

Teléfonos útiles

Obispado. Diócesis de Canarias. Plaza de Santa Ana, 12. Telfs. 928 313 600, 928 311 903 y 928 332 786.

Alojamiento

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Más información

ALZOLA, JOSÉ MIGUEL: ‘El imaginero Luján Pérez. Colección ‘La Guagua’. Las Palmas de Gran Canaria, 1981.

VV. AA: `’Historia de la religión en Canarias. Editorial Cervantes. Santa Cruz de Tenerife, 1957.

Plano de la Catedral de Santa AnaCapillas

1. de Cairasco. 2. de San Jerónimo. 3. de San Fernando. 4. de San Gregorio. 5. del Sagrario. 6. de Nuestra Señora de La Antigua. 7. Mayor. 8. de San José. 9. de Nuestra Señora de los Dolores. 10. de Santa Teresa. 11. del Marqués del Muni. 12. de San Pedro. 13. de San Francisco de Paula.  A. Iglesia del Sagrario. B. Patio de los Naranjos. C. Sala Capitular. D. Sacristía. E. Torres.

Vista aérea de la Catedral de Santa Ana de Las Palmas de Gran Canaria

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