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Caldera de los Pinos de Gáldar: violencia natural

Colgada en la cabecera del Barranco de Fontanales, la Caldera de los Pinos de Gáldar abre su boca al cielo como muestra de una importante actividad volcánica que asoló el noroeste de Gran Canaria hace unos 3.200 años. Prácticamente hoy, en términos geológicos.

El enclave es un lugar preservado por la Ley de Espacios Naturales de Canarias dentro del Paisaje Protegido de las Cumbres de Gran Canaria. Este edificio, que, desde el siglo XIX, captó el interés de los vulcanólogos y de los geólogos extranjeros, fue probablemente, junto con el cercano Montañón Negro, uno de los últimos aparatos eruptivos que entró en erupción en la isla de Gran Canaria.

Vista superior de la Caldera de los Pinos de Gáldar

Vista superior de la Caldera de los Pinos de Gáldar.

Los restos asentados y sensiblemente alterados del edificio por el que fluyeron lavas, escorias y nubes de gases ardientes ponen de relieve, aún en sus más mínimos detalles, los efectos de un volcán al que dominó, en su fase eruptiva una auténtica violencia natural.

Desde la Montaña de Moriscos (1.771 m.), situada a medio camino entre los cascos de Tejeda y Artenara, las laderas que se orientan hacia las vertientes norte y noroeste están ocupadas por un alineamiento de cuatro volcanes singulares.

Todos ordenardos según la dirección sureste-noroeste, camino del Barranco de Agaete. Se trata de una línea de aparatos que aparecieron en la última etapa del periodo holoceno, hace menos de 5.000 años. Por orden, de este a oeste, son los edificios del Montañón Negro, la Caldera de los Pinos de Gáldar, el denominado Hondo de Fagagesto y la Boca Efusiva de Los Berrazales, ya en el cauce del Barranco de Agaete.

La alineación recorre un tramo muy concreto del llamado ‘eje estructural de Gran Canaria’. Un punto donde se concentra una buena parte de las erupciones volcánicas aparecidas durante el Holoceno, en las últimas etapas de formación de la Isla.

Borde de la Caldera de los Pinos de Gáldar

Borde de la caldera.

Ese eje estructural tachonado de conos no es más que un punto de debilidad de la corteza terrestre por donde fluyó magma a la superficie. Los volcanes sólo son los restos aún en pie de una actividad pasada.

Uno de los extremos de la línea de aparatos se situaría en el área Bandama-Jinámar; el otro, en las cabeceras cumbreras de los barrancos del noreste, del que los cuatro volcanes son prueba indiscutible.

Esa misma recta imaginaria en la que están colocados los edificios volcánicos marca también la divisoria de aguas entre los barrancos que desaguan al norte y los que lo hacen al noroeste, entre Guía y el sur de Agaete, en la zona del Macizo de Tamadaba, que sirve de freno y desvío a las escorrentías de todos los cauces de sus alrededores.

Los cuatro volcanes constituyen la última prueba del volcanismo activo desarrollado en Gran Canaria en los pasados 10.000 años. Los focos están localizados en el cuadrante noroccidental insular y colocados en un trecho de 6.500 metros de línea a una apreciable altura, entre los 800 metros sobre el nivel del mar (la Boca Efusiva de los Berrazales), y los 1.667 metros, el más alto, el Montañón Negro.

Aunque todos estos edificios presentan un aspecto externo sensiblemente diferente, todos debieron tener una génesis muy similar. Son volcanes de tipo estrombolianos, con emisiones de productos que fueron proyectados por el aire y derrames lávicos que fueron seguidos con frecuencia con violentas explosiones. Esto es el resultado de la acumulación de gases, en particular en el caso del Montañón Negro y de la Caldera de los Pinos de Gáldar. Sin ningún género de dudas, el conjunto mejor conservado de todo el alineamiento.

La caldera

La Caldera de los Pinos de Gáldar se localiza justo encima de la cabecera del Barranquillo de Fontanales, entre dos puntos elevados situados a media altura de la cima de la Montaña del Capitán (1.609 m.). La caldera es un conjunto volcánico de naturaleza claramente explosiva que debió abrirse en el lugar que ocupó una fisura y un punto de debilidad en la corteza terrestre.

Fondo de la Caldera de los Pinos de Gáldar

Fondo de la caldera.

Por ese lugar original, se proyectaron al aire grandes cantidades de materiales volcánicos que, al ir consolidándose alrededor del mismo punto, consiguieron alzar el edificio hasta alcanzar la altura que podemos observar hoy.

La Caldera de los Pinos de Gáldar fue probablemente contemporánea de la del Montañón Negro, situado a escasa distancia hacia el sureste. Entre los materiales arrojados por uno y otro cono no hay superficies de discontinuidad, al menos tan alteradas que puedan sugerir una etapa temporal intermedia entre una y otra erupción.

Esos productos que rodean a ambos volcanes y que están formados por picones, se extienden sobre un área común de unos cuatro kilómetros cuadrados. Están proyectados sobre el lado sur, a donde los impulsó la fuerza del viento dominante del alisio.

Pero si ambos edificios se consideran contemporáneos, habrá que adjudicarle a la Caldera la misma época del Montañón Negro, que fue determinada a finales de la década de 1960 en torno a los 3.200 años.

La datación se consiguió gracias al carbono 14 y al descubrimiento de los restos de un pino que fue enterrado y fosilizado por el picón que cayó desde el volcán en lo que hoy es la Cañada de las Arenas.

Pino canario creciendo en una de las paredes de la Caldera de los Pinos de Gáldar

Imagen de un pinillo asido a la toba

La Caldera se encuentra perfectamente asentada sobre la topografía anterior a su aparición, de tal forma que algunos puntos es difícil diferenciar los materiales de la ladera anterior de lo que corresponde a la Caldera de los Pinos de Gáldar.

En cualquier caso, las lavas de este volcán fueron de poca entidad. Se derramaron corriendo vertiente abajo desde el mismo edificio y en dirección norte. El escaso volumen de los materiales lávicos favoreció su disgregación y erosión por efecto de la meteorización del aire, la humedad, y por su puesto, del agua de lluvia. Luego vendría el hombre y la roturación de tierras en las partes altas del Barranco de Fontanales para terminar de hacer desaparecer los restos de la lengua de lava.

La Caldera tiene forma de cono invertido con su centro muy desplazado hacia el norte. EI conjunto está formado por un cuerpo o edificio único, con una apariencia sensiblemente elíptica. Aunque a simple vista la Caldera parece de pequeñas dimensiones, el perímetro tomado desde el borde no es precisamente el de un volcán pequeño ya que suma 1.100 metros lineales. Su eje mayor alcanza una cuerda de 450 metros de este a oeste y unos 300 metros de norte a sur.

Los bordes tampoco presentan alturas regulares. La cota más alta se sitúa en los 1.565 metros al sur-suroeste, la más baja en 1.438 metros (127 metros menos), al norte. El borde más bajo es el punto donde se abre la pendiente hacia el Barranquillo de Fontanales y donde se verifica la inclinación natural del terreno.

El fondo está a una altura de 1.371 metros, es decir, una diferencia de 194 metros con la pared más alta. Las paredes interiores de la Caldera están formadas por acumulaciones o mantos dé piroclastos (picón), muy estratificados y gruesos (1) (*). Éstos se encuentran troceados de forma regular sin que se observen desplazamientos sensibles del terreno atribuibles, en principio, a fallas de asentamiento.

En el lado este, los apilamientos son de escasa entidad y sólo alcanzan a verse en las partes más altas (2). Las verdaderas acumulaciones se encuentran probablemente marcadas bajo la ladera de materiales sueltos y disgregados que la cubren. No obstante, en ese lado, se pueden distinguir materiales diferentes. Los mantos lávicos están intercalados con estratos de piroclastos.

Esta configuración se puede interpretar como el resultado de la acumulación de lavas líquidas en esa zona. Un depósito o charco de material magmático relacionado con la boca del volcán o cercano a ella que acabó por rebosarse arrojando lava por ese punto.

Los estratos son todo lo que queda de ese canal de derrame del volcán en aquella fase de la erupción, hipótesis que se ve confirmada también por la existencia de una cota de lava de apenas un kilómetro de largo y que se detiene a los 1.125 metros de altura, en el barranquillo que corre bajo la Caldera, también por el este (3).

Si bien esta cola puede atribuirse a la Caldera de los Pinos de Gáldar, no es menos cierto que su posición, a media distancia del Montañón Negro, la puede relacionar con este último aparato. De lo que no hay duda es que otra lengua de lava -ésta situada al norte, hasta la cota de los 1.000 metros, en el Barranquillo de Fontanales (4), sí que es atribuible a la Caldera de los Pinos de Gáldar.

En el borde opuesto, en el lado oeste más alto (1), las circunstancias son diferentes. Allí los mantos piroclásticos están claramente al aire, alcanzando los 130 metros de altura sobre el fondo. Arriba, en el borde superior de la Caldera (5), el escarpe no sólo tiene diferentes alturas, sino que se encuentra también muy trabajado por al acción de la erosión.

Esa erosión es la causante de las laderas de picones que se pueden ver acumuladas en las paredes y descendiendo hasta el fondo del cráter. Si bien se pueden encontrar algunos bloques de notables dimensiones junto al borde o que han rodado hasta el fondo (6), lo normal son picones de tamaños pequeños. Los materiales más gruesos son bombas, emplastes y jirones de lavas de aspecto poco simétrico o compacto.

Esta circunstancia es producto de su rápido enfriamiento, algo que se verificó en el pequeño lapso de tiempo que transcurrió desde que fue expulsado por una erupción al aire del volcán hasta que cayó a tierra. Una actividad violenta que hace honor al propio volcán.

Senderos sobre cenizas

En la laderas de picón de la Caldera de los Pinos de Gáldar, se pueden ver unas curiosas formaciones cuyo origen es incierto. Se trata de una serie de trazos sobre el terreno que a simple vista se pueden identificar como senderos (8), pero que, sin embargo, son muy similares a otras formaciones de talud presentes en otras islas del Archipiélago canario.

En concreto, sobre las acumulaciones de material erosionado de las Cañadas del Teide o en ciertas zonas volcánicas de Lanzarote también se identifican estas formas sobre los picones. Estas de la caldera grancanaria, en ocasiones, se ajustan a la disposición del relieve. Pero, en otras, describen un trazado diagonal sobre la ladera.

Hasta el momento, se han barajado tres posibles explicaciones. La primera, que se trate de marcas que han dejado sobre el terreno cabras, personas o conejos de monte. Esto explicaría, por ejemplo, las trayectorias diagonales o inclinadas que aparecen, sin duda, para acortar distancias. Pero no explicaría el buen estado de conservación del manto de piroclastos de la ladera que habría resultado más alterado de lo que está.

Otra posibilidad es que se trate de fallas de asentamiento de un material, el picón, de por sí bastante suelto. Algo que ocurre también en el otro aparato volcánico contemporáneo de la zona, el Montañón Negro. Sin embargo, los sustratos anteriores, a escasa profundidad, hacen imposible estos saltos de falla. La última justificación para esta disposición del terreno es una variante de la anterior.

Los desplazamientos de los piroclastos pueden deberse a deslizamientos provocados por los cambios de humedad y, ocasionalmente, por la aparición de nieve, tal y como señalaron para las Cañadas del Teide algunos geólogos. Sin embargo, la aparición de la nieve a estas alturas y en este punto de Gran Canaria es tan poco frecuente, que esa hipótesis no resulta convincente o suficientemente válida. Hay que descartarla. Tal vez la solución al enigma haya que buscarla en una combinación de concepciones o en un proceso más complicado.

Plano de la Caldera de los Pinos de Gáldar

Caldera de los Pinos de Gáldar. 1. Mantos de piroclastos del sector oeste. 2. Apilamientos del lado este. 3. Lengua de lava. 4. Colada de lava de la cabecera del Barranco de Fontanales. 5 Borde de la caldera. 6. Bloques desprendidos. 7 Fondo. 8. ‘Senderos’.

Guía práctica

Cómo ir

A la Caldera de los Pinos de Gáldar, se puede subir desde Gáldar y Agaete por la carretera de Los Berrazales y Caideros. Desde Santa María de Guía y Moya, por Fontanales y Fagagesto. Desde Valleseco, Teror, Arucas y Firgas por Cueva Corcho y Ariñez. Desde el noroeste de Gran Canaria, desde Las Palmas de Gran Canaria, por San Mateo y la Cruz de Tejeda. Mientras que por el sur insular, por San Bartolomé de Tirajana y Tejeda. Desde la capital de la isla, hay 45 kilómetros por la Cruz de Tejeda.

Qué ver también

– Miradores. La Caldera de los Pinos de Gáldar tiene dos miradores, uno, en la parte alta, y otro, en uno de sus bordes. Ambos con aparcamientos para vehículos. El superior permite, además, ver toda el norte de la isla de Gran Canaria.

– Montañón Negro. En el camino vecinal de los Pinos de Gáldar, se encuentra el Montañón Negro. Viniendo desde el Parador de Turismo de Tejeda, a unos cinco kilómetros, muy cerca del lado derecho de la carretera. Es fácilmente reconocible por la gran ‘mordida’ sobre el picón de su ladera.

Alojamiento

Cerca de la Caldera de los Pinos de Gáldar, es posible encontrar alojamientos en plena naturaleza en casas rurales en Artenara

Dónde comer

El camino vecinal de los Pinos de Gáldar arranca en uno de sus extremos en la Cruz de Tejeda. Allí se puede comer bien en cualquiera de los restaurantes, en especial en el propio Parador de Turismo de Tejeda.

Algunos consejos útiles

La Caldera de los Pinos de Gáldar está dentro de una zona natural preservada, el Paisaje Protegido de Cumbres. El lugar es especialmente sensible, como demuestran los taludes de picón erosionados por los agentes atmosféricos. No baje al fondo del cráter, con ello, sólo acelerará el deterioro del enclave. Desde los miradores, las vistas son igualmente gratificantes.

Más información

BENÍTEZ PADILLA, Simón: ‘Una breve excursión científica por Gran Canaria‘. El Museo Canario. Las Palmas de Gran Canaria, 1963.

BRAVO, Telesforo: ‘Las formaciones post-miocénicas de Gran Canaria‘. El Museo Canario. El Museo Canario, nos. 75-76. Las Palmas de Gran Canaria, 1960.

HANSEN MACHÍN, Álex: `Los volcanes recientes de Gran Canaria‘. Cabildo Insular de Gran Canaria. Editorial Rueda. Madrid, 1987.

HANSEN MACHÍN, Álex y GUERRA DE LA TORRE, E.: ‘El Montañón Negro: estudio geográfico del más joven de los volcanes holocenos de Gran Canaria‘. Anuario del Departamento de Geografía de la Universidad de La Laguna’.

MACAU VILAR, F.: ‘Las calderas de Gran Canaria‘. Anuario de Estudios Atlánticos, no. 5. Las Palmas-Madrid, 1959

La Caldera de los Pinos de Gáldar desde el mirador inferior

Caldera de los Pinos de Gáldar desde la cota superior

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About Sergio Suárez Benítez (95 Articles)
Periodista, curioso empedernido, interesado con intereses que alimentan el espíritu y un enamorado de las Islas Canarias, mi hogar y el lugar de mis mejores sueños.

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