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Parque Natural de Corralejo: el jable de las caracolas

A finales del Paleoceno, una buena parte del litoral norte de la isla de Fuerteventura estaba ocupada por el Océano Atlántico. Hasta aquellas primeras costas llegaron, impulsadas por las corrientes, toneladas, toneladas de arena, y, con ella, millones de diminutos animales marinos. Aunque no lo creas, ese es el origen de las Dunas de Corralejo.

Pero, para cuando avanzó el Holoceno, el mar había retrocedido varios cientos de metros. Todos aquellos organismos que quedaron en tierra firme, acabaron enterrados o pulverizados por el aire y por el efecto del sol y de los cambios de temperatura. Sus restos, convertidos en diminutos granos de arena blanca, volaron desplazados por el viento hacia el interior formando densas acumulaciones.

Hoy, ese espacio es el Jable de Corralejo, preservado como parque natural, Parque Natural de Corralejo. El entorno natural constituye una de las escasas muestras de sistemas de dunas móviles del Archipiélago canario.

A pesar de su denominación, la parte de parque natural que corresponde a las Dunas de Corralejo no es en ningún modo una extensión uniforme. El entorno, además de acoger el sistema de dunas más extenso y mejor conservado del norte de Fuerteventura, incluye algunas formaciones geológicas muy representativas de la actividad volcánica reciente en la isla. Algo que queda muy patente cuando se observa y se comparan la amplia franja norte del parque y el cuarto sur.

La zona septentrional está ocupada por una sucesión de campos de arena, los llamados jables, mientras que la parte meridional, con una altitud media que supera los cien metros sobre el nivel del mar, agrupa media docena de conos volcánicos y extensiones visibles de varios malpaíses. Una extensión que no resulta muy diferente de las que tapizan, a escasos metros, los bordes exteriores del enclave natural.

En realidad, la distinción entre norte y sur es sólo aparente. Bajo la superficie del terreno visible, bajo las capas de las dunas fósiles, que son las más antiguas, las coladas y el malpaís se superponen y se reparten el subsuelo.

Montaña Roja

Montaña Roja

Así, las lavas de Montaña Roja (312 m.) y las de la Calderilla de Roja, al sur, que también emitieron sus coladas en dirección norte; están sepultadas por las dunas más antiguas. Y, éstas, a su vez, por las coladas de la Montaña de los Apartaderos y, al sur, por las lavas de Montaña Pajarita y por las de Montaña Negra, ambas situadas fuera del parque.

De las coladas de Montaña Roja y La Calderilla, la arena sólo ha dejado visible una lengua de malpaís sobre la costa de 1.500 metros de longitud que va desde Costa Roja a Pesquería, 200 metros al sur del límite del parque natural.

La importancia de los conos volcánicos en la configuración del suelo del espacio natural ha quedado soterrada por la acumulación de la arena que, en algunos puntos, llega a superar los diez metros de espesor. O lo que es lo mismo, la altura de un edificio de cuatro pisos.

No obstante, aún puede rastrearse la actividad eruptiva en algunos puntos, como sucede en el entorno del volcán de Los Apartaderos (126 m.). O para ser más exactos, en los volcanes, porque el edificio, construido con un importante aporte de picón, llegó a formar una serie de tres salideros que aún se distinguen en su malpaís. Cráteres de los que el central es el más antiguo y el situado al oeste el más reciente y también el mejor conservado.

Los tres cráteres emitieron lavas que discurrieron hasta alcanzar el mar por el Barranco de las Pilas, pero cuyo rastro se ha difuminado sobre el terreno. Un dato más. Todos los conos del sur del espacio protegido siguen una alineación que se orienta de noreste a suroeste siguiendo una fisura del terreno.

Los volcanes de Roja y La Calderilla debieron entrar en erupción con los de Escanfraga y la Montaña del Caimán, a sólo cuatro kilómetros al suroeste de Roja. El de Los Apartaderos, que también se alinea siguiendo otra grieta, es contemporáneo de los de su línea, es decir, de los de la montaña del mismo nombre, del volcán de Pajarita y del de la Montaña Negra, ambos situados a entre uno y cuatro kilómetros al suroeste de las tres bocas de Los Apartaderos.

Arena blanca

La actividad volcánica dominó en el espacio en el sur, pero es la arena blanca la que llama poderosamente la atención de los visitantes que recorren el lugar. La arena en Fuerteventura recibe el nombre de ‘jable’. Un término que no es más que la corrupción de la palabra francesa ‘sable’ (arena). Una herencia más de la primera dominación normanda de la isla de Fuerteventura. Y una curiosidad sobre ésto. En la isla, el lapilli volcánico se denomina ‘arena’, material que en otras se llama zahorra o, de manera más común, picón.

Dunas de Corralejo

Las dunas de arena blanca a vista de dron

Como te comentaba, los terrenos arenosos del norte de Fuerteventura se originaron gracias a la existencia de una plataforma costera, tan extensa como poco profunda, que facilitó la vida de numerosas colonias de animales propios del litoral, cuyos restos, muy fragmentados entre la arena, fueron arrastrados por corrientes favorables hasta la costa donde forman el mayor porcentaje de arenas blancas (calcáreas y silíceas). Un proceso al que no fue ajeno el retroceso generalizado que experimentó el mar sobre la costa hace un millón de años.

Playas, por otra parte, de igual naturaleza que las de Corralejo, aunque de menor tamaño, ocupan la franja de costa de La Graciosa o la isla de Lobos.

Sobre las primitivas formaciones arenosas, -las llamadas dunas fósiles-, se asientan hoy otras de arenas muy sueltas que volaron, y aún vuelan, con el viento alisio de norte a sur ampliando el perímetro, si la escasa cubierta vegetal que tiende a sujetar la arena no lo impide.

Las más antiguas, las dunas de la primera época, apenas son perceptibles debajo de las recientes y de los malapíses que se extendieron después. Su verdadera extensión deja lugar para la especulación, aunque su composición no es un misterio.

En los barrancos del sur del parque, en el de Las Pilas o en el de El Moro, se pueden seguir sus estratos en los perfiles de la arenisca. Unos perfiles veteados por capas de moluscos terrestres y nidos de diminutos protozoos marinos. Estos restos llegan a formar grandes extensiones en algunos puntos que consiguen incluso impermeabilizar el terreno por su alto contenido en carbonatos.

Dunas de la zona de Corralejo

El campo de dunas

El material calcáreo y las arcillas acumuladas son los responsables también de la dureza superficial de las arenas, cuya evidencia queda de manifiesto en los meses de verano cuando se prolonga la sequía.

Hoy, los lugares donde se localizan los antiguos sistemas dunares son los causantes de las pequeñas elevaciones del suelo que interrumpen la homogeneidad del terreno. Una regularidad que, a medida que se avanza desde el norte hacia el sur, va quedando más en entredicho.

Las dunas van ganando en altura y profundidad hasta el Jable del Moro, muy colonizado por la vegetación dunar. Al norte de las Laderas de Huriamen, las arenas tienen menos espesor como se aprecia en el límite noroeste de la zona protegida, donde las lavas del malpaís del Cuervo y las Laderas del Fragoso se internan hasta 200 metros en el parque.

A partir del Barranco de Las Pilas, entre Montaña Blanca y La Roja, la arena se desgaja y se acumula localmente como en una plataforma, cortada en dos por el Barranco de Las Lajas. Allí, los restos de caparazones y conchas se pueden encontrar a más de cien metros sobre el nivel del mar. Un dato que pone de manifiesto el verdadero poder de las fuerzas naturales que intervienen en la configuración del paisaje.

Vegetación

Pero los volcanes y la arena no son los únicos que dan señas de identidad al paisaje de las Dunas de Corralejo, la vegetación ocupa un papel muy importante dentro del ecosistema. Sin ella, el paisaje sería muy diferente porque es la encargada de fijar los bancos de arena.

En general, la vegetación presenta un aspecto achaparrado, de poco porte, como resulta propio de unas especies vegetales expuestas al fuerte viento dominante del norte. Además se caracterizan por exigir poco al terreno que colonizan, donde la presencia de agua y aún la humedad es durante gran parte del año casi nula.

La comunidad vegetal en el espacio tiene endemismos muy importantes, aunque también se localicen especies más comunes y menos interesantes. Entre las plantas se puede citar al lirio o cebollino de playa, abundante en las dunas, la negrilla, el verode, el saladillo, la siempreviva zig-zag (Limonium papillatum), la aulaga, la camellera, una hierba estacional que en el pasado era alimento para los dromedarios.

Limonium papilatum

La siempreviva zig-zag

También están presentes el tumero, el corazoncillo, el codeso, todos arbustos muy ramificados de flores amarillas, y el cohombrillo, además de la brusca, el rabo cordero, los mimos o la siempreviva, que coloniza el terreno incluso por encima de los 150 metros de altura.

Otras, como el balancón, que crece en lo alto de Ias dunas. los tarajales o la higuerilla se encuentran muy extendidos en todas las zonas. Esta gran variedad de especies vegetales y la proximidad del mar contribuyen a crear un ecosistema diferenciado, que puebla numerosas especies animales.

Entre las aves marinas que frecuentan y nidifican en la franja litoral se puede citar a la corpulenta pardela cenicienta y a la gaviota argéntea, aún mayor, de casi 60 centímetros de envergadura alar. Ambas pescan en la franja de costa inmediata aunque también se alimentan a expensas del hombre en puertos pesqueros, como el vecino de Corralejo.

La zona de playa es el territorio del chorlitejo patinegro, que ronda los bajíos y las acumulaciones de algas arrojadas por el mar. Algo más al interior, sobre las primeras dunas, en los pedregales y malpaíses, es frecuente encontrar al corredor y al bisbita caminero y ocasionalmenle a la ortega y a la hubara.

Entre las aves de pequeño tamaño, que combinan el hábitat de los pedregales con las zonas de cultivo del interior, se puede citar, entre otras, al pardillo, al camachuelo trompetero, al gorrión moruno y a la terrera marismeña. Todas estas especies, como el lagarto de Haría, buscan en los enclaves semidesérticos cercanos a los campos de dunas numerosos insectos voladores y escarabajos, que se alimentan a su vez, de su cubierta vegetal.

Por encima de todos ellos, otras aves de mayor tamaño, fundamentalmente depredadoras o carroñeras, cierran el ciclo biológico animal. Aves, como el guirre, el ratonero, el cernícalo o el cuervo, que cada vez se hacen más raras en los cielos de Fuerteventura. Y la siempre presente ardilla moruna.

Costa aborigen

A comienzo de la década de 1990, un grupo de arqueólogos concluyó la primera carta arqueológica del municipio de La Oliva. Su estudio se había centrado en un área de unos 35 kilómetros cuadrados que abarcaba toda la franja de costa del norte de Fuerteventura. Aquella prospección dio como resultado la constatación de al menos 38 yacimientos de diferente importancia en Ia zona.

Se trata, en su mayor parte de restos de asentamientos, levantados por los aborígenes para aprovechar los recursos alimenticios que proporcionaba el entorno. Así, se suceden sobre el terreno unos corrales circulares para el ganado, enterramientos y no pocas viviendas, que, en varios puntos, adquieren el carácter de poblados.

Estos poblados se localizan en los lugares de unión del jable con el malpaís o en el de la costa con los campos de lava. También se descubrieron algunos depósitos de conchas, que demuestran que la alimentación de aquellos pobladores también incluía productos marinos.

Dunas de Corralejo

Campo de dunas fósiles

De todas formas. los concheros han sido saqueados frecuentemente, sobre todo a principios del siglo XX cuando las conchas se exportaban a Tenerife para hacer pienso para animales.

Por otra parte, al menos cinco yacimientos arqueológicos fueron localizados en el casco de Corralejo o en sus inmediaciones, sospechándose que no son los únicos. Vestigios que siempre serán afectados por las nuevas construcciones que se levanten en ese sector.

Dentro del Parque Natural de de Corralejo, fueron localizados los restos de dos poblados aborígenes. Uno, en el Jable de Corralejo, donde comienza el malpaís. Este yacimiento, denominado Los Caserones, está formado por varias construcciones troncocónicas realizadas con la arenisca del lugar. En él fue hallado diverso material cerámico y restos de moluscos. El otro yacimiento, el llamado del Alto de la Villa Seca, presentaba idéntica estructura, encontrándose en el lugar indicios de la misma alimentación marina y dos tipos de cerámica. Una lisa y otra decorada con motivos. No muy lejos, en dirección debe levantarse un pozo que proporcionaba agua a aquellas comunidades.

De él sólo se tiene noticias a partir de relatos orales que corroboran el topónimo de la playa cercana, la del Pozo. Casi con toda probabilidad aquel depósito salobre que suministró agua a la comunidad aborigen se encuentre situado hoy bajo las dunas del jable.

Guía práctica

Situación

El Parque Natural de Corralejo se extiende sobre la costa noreste de Fuerteventura, dentro del término municipal de La Oliva. Las dunas ocupan una parte del espacio protegido y se extienden sobre una superficie de 24,5 kilómetros cuadrados, dispuesta en una estrecha franja de terreno de 10,5 kilómetros de larga por de 2,5 kilómetros de ancha, como media. La zona limita al norte con el asfaltado y un ramal de la carretera Corralejo-Puerto del Rosario y por el sur con el cauce del Barranco de La Salina. Al este, lo hace con la linea de costa, al noroeste con el malpaís y al suroeste con algunos caminos y terrenos de cultivo, siempre de forma sinuosa y poco precisa. El espacio no incluye una superficie de 1,2 kilómetros cuadrados de dunas y playa donde se levantan dos hoteles de seis y siete plantas y algunos apartamentos.

Cómo llegar

Desde Puerto del Rosario, hay que seguir la carretera bien asfaltada de 7 metros de ancho, que por la costa conduce a Corralejo (29 kms.). A 2,5 kilómetros de las Casas de El Jablito, en el Barranco de Las Salinas, comienza el parque natural.

Rutas a pie

La misma carretera que atraviesa el parque sirve para trazar un recorrido de norte a sur o, si se prefiere, en sentido inverso. Sin duda este trayecto es el mejor que pudiera haberse aconsejado aun en caso de no haber existido carretera, porque permite seguir sobre el terreno las particularidades más sobresalientes del enclave. Diferencias que son significativamente más acusadas entre ambos puntos extremos. De todas formas, a 6 kilómetros al sur de los hoteles, un desvío de apenas 1.700 metros a Ia derecha de la carretera general, conduce bajo los conos de la Montaña de Los Apartaderos, siguiendo el cauce del Barranco de Las Pilas. Sin embargo, la rutas al resto de los conos, los de Montaña Roja, la Calderilla o los afloramientos del malpaís ocupado por las dunas, sólo pueden realizarse a pie.

Qué ver también

Isla de Lobos: Frente a las dunas, constituye la otra mitad del parque natural. Una pequeña embarcación hace el servicio con la isla desde el muelle de Corralejo. Venta de billetes en la caseta. Atención a los horarios.

Malpaís de La Roja: Al sur de Montaña Roja. Sólo una octava parte de las lavas emitidas por el volcán se encuentran visible dentro del parque, el resto se extienden fuera del mismo al sur.

Dónde comer

Restaurante de la Cofradía de Pescadores de Corralejo. Calle del Muelle/Avenida Marítima. Corralejo. Pescados frescos y mariscos.

Dónde alojarse

Puedes encontrar una selección de alojamientos en la zona, en este enlace, hoteles en Corralejo.

Más información específica

CARRACEDO, L. C.: ‘Volcanes de las Islas Canarias. Fuerteventura y Lanzarote’. Vol. II. Santa Cruz de Tenerife, 1980.

FUSTER, l.M.: ‘Geología y volcanología de las Islas Canarias’. Fuerteventura. Vol. I. Instituto Lucas Mallada. Madrid, 1968.

HAUSEN, Hans. ‘Fomaciones sedimentarias de Fuerteventura’. Anuario de Estudios Atlánticos no. 4. Las Palmas de Gran Canaria, 1957.

V.V.A.A.: ‘Investigaciones arqueológicas. Consejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias. S.C. de Tenerife, 1990.

Clica sobre la imagen para acceder al mapa de la zona.

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About Sergio Suárez Benítez (95 Articles)
Periodista, curioso empedernido, interesado con intereses que alimentan el espíritu y un enamorado de las Islas Canarias, mi hogar y el lugar de mis mejores sueños.

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